Evasión, elusión y defraudación tributaria

La corrupción, con sus mil y un caras, definitivamente es un cáncer que corroe el tejido social, contamina y desestabiliza la institucionalidad del Estado en todos sus niveles. Definitivamente, la ética es el eje transversal que atraviesa el curso del desarrollo de los pueblos. Desde hace rato he arribado a la conclusión que, tanto peso y responsabilidad para el atraso social y económico tienen las ideologías y políticas concretas como la antiética. La honestidad no es patrimonio de ninguna ideología -al menos, hablando de las personas que la representan- .
Comparto plenamente con la necesidad de extirpar todos los tumores malignos de la corrupción. Hay, desde luego, que reconocer que la gravedad del problema requiere soluciones estructurales y de raíz. La torcedura de los valores éticos, con frecuencia empieza por casa: ‘de tal palo tal astilla’. Luego, pasa por el sistema educativo en su conjunto, en donde, así como en los hogares, los valores se practican, no se predican. Matemáticas, gramática, física, geografía, etc. se enseña y se aprende en la escuela, los valores se aprenden y se cultivan en casa.
El presidente Lenín Moreno, en buena hora, está empeñado en enfrentar la corrupción con todo, practicando "una cirugía mayor", ha dicho en repetidas ocasiones. Un punto de partida fundamental para el éxito de la campaña anticorrupción debe reconocer que tales in-conductas no solamente se dan entre los servidores públicos. Se requiere obligatoriamente la contraparte en el sector privado: No habría el cohecho, los sobreprecios, las coimas, el peculado, etc., es decir, no habría este tipo de delitos contra la administración pública, de no existir al otro lado del escritorio del burócrata un actor privado.
Además, entre los múltiples delitos que perjudican el desarrollo, simplemente porque impiden que los fondos que pertenecen al Estado lleguen a los sectores más necesitados, se encuentran aquellos relacionados con el incumplimiento de las obligaciones tributarias. Me refiero a la evasión, efusión y defraudación tributaria. El Código Orgánico Integral Penal, en el art. 298 dice: "La persona que simule, oculte, omita, falsee o engañe en la determinación de la obligación tributaria, para dejar de pagar en todo o en parte los tributos realmente debidos, en provecho propio o de un tercero, será sancionada". Entre los objetivos del conjunto de medidas anunciadas por el Presidente de la República, consta explícitamente la necesidad de combatir la evasión tributaria y arancelaria. El Presidente habló de una evasión de 2.000 millones de dólares. Entiendo que se refería solamente a los tributos que se evaden en la Aduana. Si se suma la evasión de impuestos administrados por el SRI, la cifra sobrepasa los 4.000 millones de dólares (de manera que, a pesar de los significativos esfuerzos desplegados por el SRI y la positiva respuesta ciudadana, durante los últimos 10 años, se habrían dejado de pagar unos 40.000 millones de dólares). La creación de una tasa de 10 centavos por unidad y la subasta de contenedores (con problemas en sus declaraciones) son interesantes medidas para mejorar el control aduanero. La estrategia antievasión habría mejorado su efectividad si se agregaba en la consulta popular una sola pregunta que diga: "¿Está usted de acuerdo con la imprescriptibilidad del delito de defraudación tributaria? Sí o NO. Si el peculado es considerado como delito imprescriptible, la defraudación tributaria, sobre todo aquella de elevados guarismos, ¿por qué no?
Así como es imprescindible parar la corrupción cometida por los servidores públicos, es también imprescindible parar la corrupción privada. ¿Será posible terminar con la evasión, la elusión y la defraudación tributaria? (O)

Evasión, elusión y defraudación tributaria

La corrupción, con sus mil y un caras, definitivamente es un cáncer que corroe el tejido social, contamina y desestabiliza la institucionalidad del Estado en todos sus niveles. Definitivamente, la ética es el eje transversal que atraviesa el curso del desarrollo de los pueblos. Desde hace rato he arribado a la conclusión que, tanto peso y responsabilidad para el atraso social y económico tienen las ideologías y políticas concretas como la antiética. La honestidad no es patrimonio de ninguna ideología -al menos, hablando de las personas que la representan- .
Comparto plenamente con la necesidad de extirpar todos los tumores malignos de la corrupción. Hay, desde luego, que reconocer que la gravedad del problema requiere soluciones estructurales y de raíz. La torcedura de los valores éticos, con frecuencia empieza por casa: ‘de tal palo tal astilla’. Luego, pasa por el sistema educativo en su conjunto, en donde, así como en los hogares, los valores se practican, no se predican. Matemáticas, gramática, física, geografía, etc. se enseña y se aprende en la escuela, los valores se aprenden y se cultivan en casa.
El presidente Lenín Moreno, en buena hora, está empeñado en enfrentar la corrupción con todo, practicando "una cirugía mayor", ha dicho en repetidas ocasiones. Un punto de partida fundamental para el éxito de la campaña anticorrupción debe reconocer que tales in-conductas no solamente se dan entre los servidores públicos. Se requiere obligatoriamente la contraparte en el sector privado: No habría el cohecho, los sobreprecios, las coimas, el peculado, etc., es decir, no habría este tipo de delitos contra la administración pública, de no existir al otro lado del escritorio del burócrata un actor privado.
Además, entre los múltiples delitos que perjudican el desarrollo, simplemente porque impiden que los fondos que pertenecen al Estado lleguen a los sectores más necesitados, se encuentran aquellos relacionados con el incumplimiento de las obligaciones tributarias. Me refiero a la evasión, efusión y defraudación tributaria. El Código Orgánico Integral Penal, en el art. 298 dice: "La persona que simule, oculte, omita, falsee o engañe en la determinación de la obligación tributaria, para dejar de pagar en todo o en parte los tributos realmente debidos, en provecho propio o de un tercero, será sancionada". Entre los objetivos del conjunto de medidas anunciadas por el Presidente de la República, consta explícitamente la necesidad de combatir la evasión tributaria y arancelaria. El Presidente habló de una evasión de 2.000 millones de dólares. Entiendo que se refería solamente a los tributos que se evaden en la Aduana. Si se suma la evasión de impuestos administrados por el SRI, la cifra sobrepasa los 4.000 millones de dólares (de manera que, a pesar de los significativos esfuerzos desplegados por el SRI y la positiva respuesta ciudadana, durante los últimos 10 años, se habrían dejado de pagar unos 40.000 millones de dólares). La creación de una tasa de 10 centavos por unidad y la subasta de contenedores (con problemas en sus declaraciones) son interesantes medidas para mejorar el control aduanero. La estrategia antievasión habría mejorado su efectividad si se agregaba en la consulta popular una sola pregunta que diga: "¿Está usted de acuerdo con la imprescriptibilidad del delito de defraudación tributaria? Sí o NO. Si el peculado es considerado como delito imprescriptible, la defraudación tributaria, sobre todo aquella de elevados guarismos, ¿por qué no?
Así como es imprescindible parar la corrupción cometida por los servidores públicos, es también imprescindible parar la corrupción privada. ¿Será posible terminar con la evasión, la elusión y la defraudación tributaria? (O)