¿ESTAMOS EN RECESIÓN?

Contra los pronósticos pesimistas del FMI, luego de un año 2016 complicado, en el 2017 el PIB de Ecuador creció el 3%. El 2018 arrancamos con malas noticias. El PIB creció a una tasa negativa de -0.7%, lo que significa, en términos generales, que cayeron los agregados macroeconómicos como el empleo, la producción de bienes y servicios, la inversión, el consumo e inclusive los precios. La razón fundamental sería la reducción del gasto e inversión pública. Precisamente, esto es lo que han pedido y exigen las llamadas cámaras (de la producción) y los ideólogos de la ortodoxia neoliberal. Siempre argumentan que el excesivo gasto fiscal constituye la principal barrera para la inversión privada. Al menos en este primer momento de recorte y freno fiscal, la evidencia indica que la inversión privada no responde como se argumenta.
Es cierto que el gasto y el déficit fiscal, no pueden crecer sin medida. Todo tiene su límite. Pero, también es cierto es que las finanzas públicas deben actuar como dinamizadores de la economía en condiciones en las que el ciclo está descendiendo. Es decir, las finanzas públicas tienen que ser contra cíclicas. Además, es claro el papel redistributivo de la política económica así como la responsabilidad que tiene el Estado para generar igualdad de oportunidades, mucho más en una sociedad tremendamente injusta y desigual como la ecuatoriana.
Es de suponer que en el segundo trimestre, el crecimiento del PIB también habría sido negativo. De confirmarse el dato, técnicamente habríamos entrado en una fase recesiva del ciclo económico. Cuestión grave que, de persistir, podría desembocar en una crisis. Ante esta situación, si la inversión privada no se re-activa, no quedaría otro camino que retomar la senda de la política fiscal expansiva, sobre todo, por el lado de la inversión. Durante los últimos meses asistimos a un proceso deflacionario, claro síntoma de la caída del consumo. La oferta de bienes y servicios ha debido bajar los precios para poder vender. Empeora la solución del problema si consideramos que el riesgo país - a pasar del alto precio del petróleo- no baja y que existen serias dificultades para obtener nuevos créditos. Si se consigue, las tasas de interés serían muy elevadas. (O)

¿ESTAMOS EN RECESIÓN?

Contra los pronósticos pesimistas del FMI, luego de un año 2016 complicado, en el 2017 el PIB de Ecuador creció el 3%. El 2018 arrancamos con malas noticias. El PIB creció a una tasa negativa de -0.7%, lo que significa, en términos generales, que cayeron los agregados macroeconómicos como el empleo, la producción de bienes y servicios, la inversión, el consumo e inclusive los precios. La razón fundamental sería la reducción del gasto e inversión pública. Precisamente, esto es lo que han pedido y exigen las llamadas cámaras (de la producción) y los ideólogos de la ortodoxia neoliberal. Siempre argumentan que el excesivo gasto fiscal constituye la principal barrera para la inversión privada. Al menos en este primer momento de recorte y freno fiscal, la evidencia indica que la inversión privada no responde como se argumenta.
Es cierto que el gasto y el déficit fiscal, no pueden crecer sin medida. Todo tiene su límite. Pero, también es cierto es que las finanzas públicas deben actuar como dinamizadores de la economía en condiciones en las que el ciclo está descendiendo. Es decir, las finanzas públicas tienen que ser contra cíclicas. Además, es claro el papel redistributivo de la política económica así como la responsabilidad que tiene el Estado para generar igualdad de oportunidades, mucho más en una sociedad tremendamente injusta y desigual como la ecuatoriana.
Es de suponer que en el segundo trimestre, el crecimiento del PIB también habría sido negativo. De confirmarse el dato, técnicamente habríamos entrado en una fase recesiva del ciclo económico. Cuestión grave que, de persistir, podría desembocar en una crisis. Ante esta situación, si la inversión privada no se re-activa, no quedaría otro camino que retomar la senda de la política fiscal expansiva, sobre todo, por el lado de la inversión. Durante los últimos meses asistimos a un proceso deflacionario, claro síntoma de la caída del consumo. La oferta de bienes y servicios ha debido bajar los precios para poder vender. Empeora la solución del problema si consideramos que el riesgo país - a pasar del alto precio del petróleo- no baja y que existen serias dificultades para obtener nuevos créditos. Si se consigue, las tasas de interés serían muy elevadas. (O)