Estado... en mal estado

Desde la constitución de los estados nacionales (al concluir la “guerra de los 30 años” que puso fin al feudalismo) entendidos como una “forma organización política, con un territorio definido, una población y un gobierno”, el debate sobre su papel no ha cesado. De cuando recrudece con fuerza. La triple revolución: liberal, burguesa e industrial, que acabó con las relaciones sociales de producción feudal, ha pretendido resolver los problemas económicos y sociales mediante la intervención -o no- del Estado. En torno al paradigma de la economía de mercado, permanentemente se discute el tamaño del Estado y su papel en la economía y en el desarrollo (que tiene sinnúmero de connotaciones). Dos posiciones son las dominantes: una, que es la neoliberal, que patrocina el Estado mínimo, que limita al Estado a ser garante de las libertades y a prestar servicios - mínimos, también- de salud, educación y justicia; y, otra, que promueve la equidad y la existencia de un Estado que orienta y dinamiza el desarrollo. El Estado neoliberal es concentrador y excluyente. El Estado de bienestar (keynesiano o post post keynesiano), en cambio, es incluyente y redistribuidor. El bloque económico de la Constitución Ecuatoriana rompe con los principios del Estado neoliberal (economía social de mercado) al contemplar la construcción del modelo de economía social y solidaria y reconocer otras formas de propiedad y producción (asociativa, comunitaria, estatal). El Estado consustancial a este paradigma, el ámbito económico, trasciende la pasividad y neutralidad del Estado neoliberal y se ocupa de la regulación de la actividad económica y de dar la direccionalidad del desarrollo procurando atenuar las distorsiones del mercado y superar las desigualdades (económicas, sociales y territoriales). En la actual coyuntura enfrentamos una grave contradicción entre lo que la Constitución prescribe en materia de política económica y la real política. De otro modo, podríamos decir que las políticas neoliberales son inconstitucionales. La flexibilización laboral y financiera, la apertura comercial, la concesión o privatización de los sectores estratégicos, la regresividad de la política tributaria, la concentración de los medios de producción, la independencia del banco central, etc., no son compatibles con el bloque económico de la Constitución Ecuatoriana. Para un buen desempeño del Estado se requiere el buen estado del Estado. El Estado que tenemos no goza de buena salud, se encuentra en muy mal estado. (O)

Estado... en mal estado

Desde la constitución de los estados nacionales (al concluir la “guerra de los 30 años” que puso fin al feudalismo) entendidos como una “forma organización política, con un territorio definido, una población y un gobierno”, el debate sobre su papel no ha cesado. De cuando recrudece con fuerza. La triple revolución: liberal, burguesa e industrial, que acabó con las relaciones sociales de producción feudal, ha pretendido resolver los problemas económicos y sociales mediante la intervención -o no- del Estado. En torno al paradigma de la economía de mercado, permanentemente se discute el tamaño del Estado y su papel en la economía y en el desarrollo (que tiene sinnúmero de connotaciones). Dos posiciones son las dominantes: una, que es la neoliberal, que patrocina el Estado mínimo, que limita al Estado a ser garante de las libertades y a prestar servicios - mínimos, también- de salud, educación y justicia; y, otra, que promueve la equidad y la existencia de un Estado que orienta y dinamiza el desarrollo. El Estado neoliberal es concentrador y excluyente. El Estado de bienestar (keynesiano o post post keynesiano), en cambio, es incluyente y redistribuidor. El bloque económico de la Constitución Ecuatoriana rompe con los principios del Estado neoliberal (economía social de mercado) al contemplar la construcción del modelo de economía social y solidaria y reconocer otras formas de propiedad y producción (asociativa, comunitaria, estatal). El Estado consustancial a este paradigma, el ámbito económico, trasciende la pasividad y neutralidad del Estado neoliberal y se ocupa de la regulación de la actividad económica y de dar la direccionalidad del desarrollo procurando atenuar las distorsiones del mercado y superar las desigualdades (económicas, sociales y territoriales). En la actual coyuntura enfrentamos una grave contradicción entre lo que la Constitución prescribe en materia de política económica y la real política. De otro modo, podríamos decir que las políticas neoliberales son inconstitucionales. La flexibilización laboral y financiera, la apertura comercial, la concesión o privatización de los sectores estratégicos, la regresividad de la política tributaria, la concentración de los medios de producción, la independencia del banco central, etc., no son compatibles con el bloque económico de la Constitución Ecuatoriana. Para un buen desempeño del Estado se requiere el buen estado del Estado. El Estado que tenemos no goza de buena salud, se encuentra en muy mal estado. (O)