Escándalos a la carta

La agenda política de la oposición ecuatoriana y los medios de comunicación que la acompañan resulta cada día más evidente. Abusar de la generosa propuesta de mano tendida del presidente Moreno hace parte de ella, pero no solo eso. El llamado al diálogo y a buscar consensos del nuevo gobierno está siendo leído como un ceder espacios, lo cual permite tomar la iniciativa política a una obcecada oposición, que es minoritaria en la Asamblea Nacional pero que cuenta con una posición dominante en medios de comunicación. Solo hay que ver la agenda de entrevistas de noticieros matinales y escuchar las radios de los programas políticos más comentados. El guion se reproduce escrupulosamente.


Encontramos al menos tres grandes frentes o líneas de ataque que están siendo trabajados cotidianamente.  Primero: debilitar la credibilidad en las instituciones. Diariamente escuchamos a periodistas e invitados decir que las acciones institucionales, no importa el nivel, llevadas adelante para combatir la corrupción no son suficientes y que no generan confianza. Lo repiten una y otra vez para, precisamente, sembrar dudas y ahuyentar la confianza. Seguidamente se plantea que debe ser “la sociedad civil” la que se empodere de esta lucha y se señala organizaciones muy precisas, vinculadas a la agenda mediática de oposición, como aquellas únicas llamadas a hacerse cargo de este combate pues ¡qué curioso! son las “únicas que generan confianza.” Pero, al igual que los medios que les sirven de caja de resonancia, dichas auto formadas comisiones o asociaciones nada dicen sobre los escándalos de corrupción de los gobiernos locales actualmente en curso. Pareciera, según ellos, que este mal presente en el mundo entero corresponde únicamente al gobierno central y al período que comenzó en 2007. Es evidente que si su preocupación por la corrupción fuese estructural atenderían con igual interés todos los casos.


En segundo lugar hay un auténtico machaque sobre la cuestión del presupuesto del estado y la necesidad de implementar una agenda económica neoliberal que tenga la austeridad como norte. Se menciona reiteradamente a la deuda como si fuese una bomba a punto de estallar y no como lo que es: una herramienta de política pública que se encuentra en márgenes perfectamente manejables. En suma, se promociona la agenda económica de la candidatura perdedora como la única posible de llevar hacia adelante al país. Pura propaganda ideológica.
Y en tercer lugar hay una evidente y coordinada agenda político mediática para asesinar la imagen del ex Presidente Rafael Correa. Incluso se ha propuesto una campaña para cerrar su cuenta de Twitter y silenciar así una de las voces más influyentes de la política latinoamericana. La estrategia de la oposición político mediática hacia Alianza País es clara: divide y vencerás. A ver si en este caso la guerra avisada no mata gente. (O)

Escándalos a la carta

La agenda política de la oposición ecuatoriana y los medios de comunicación que la acompañan resulta cada día más evidente. Abusar de la generosa propuesta de mano tendida del presidente Moreno hace parte de ella, pero no solo eso. El llamado al diálogo y a buscar consensos del nuevo gobierno está siendo leído como un ceder espacios, lo cual permite tomar la iniciativa política a una obcecada oposición, que es minoritaria en la Asamblea Nacional pero que cuenta con una posición dominante en medios de comunicación. Solo hay que ver la agenda de entrevistas de noticieros matinales y escuchar las radios de los programas políticos más comentados. El guion se reproduce escrupulosamente.


Encontramos al menos tres grandes frentes o líneas de ataque que están siendo trabajados cotidianamente.  Primero: debilitar la credibilidad en las instituciones. Diariamente escuchamos a periodistas e invitados decir que las acciones institucionales, no importa el nivel, llevadas adelante para combatir la corrupción no son suficientes y que no generan confianza. Lo repiten una y otra vez para, precisamente, sembrar dudas y ahuyentar la confianza. Seguidamente se plantea que debe ser “la sociedad civil” la que se empodere de esta lucha y se señala organizaciones muy precisas, vinculadas a la agenda mediática de oposición, como aquellas únicas llamadas a hacerse cargo de este combate pues ¡qué curioso! son las “únicas que generan confianza.” Pero, al igual que los medios que les sirven de caja de resonancia, dichas auto formadas comisiones o asociaciones nada dicen sobre los escándalos de corrupción de los gobiernos locales actualmente en curso. Pareciera, según ellos, que este mal presente en el mundo entero corresponde únicamente al gobierno central y al período que comenzó en 2007. Es evidente que si su preocupación por la corrupción fuese estructural atenderían con igual interés todos los casos.


En segundo lugar hay un auténtico machaque sobre la cuestión del presupuesto del estado y la necesidad de implementar una agenda económica neoliberal que tenga la austeridad como norte. Se menciona reiteradamente a la deuda como si fuese una bomba a punto de estallar y no como lo que es: una herramienta de política pública que se encuentra en márgenes perfectamente manejables. En suma, se promociona la agenda económica de la candidatura perdedora como la única posible de llevar hacia adelante al país. Pura propaganda ideológica.
Y en tercer lugar hay una evidente y coordinada agenda político mediática para asesinar la imagen del ex Presidente Rafael Correa. Incluso se ha propuesto una campaña para cerrar su cuenta de Twitter y silenciar así una de las voces más influyentes de la política latinoamericana. La estrategia de la oposición político mediática hacia Alianza País es clara: divide y vencerás. A ver si en este caso la guerra avisada no mata gente. (O)