Equilibrios macroeconómicos

En cuanto a los equilibrios macroeconómicos, en esencia hay 2 enfoques básicos: 1) considerar como la razón de ser de la política económica y 2) entender como un medio para la consecución de los objetivos de la política económica. Los economistas que comparten a raja tabla, como meta permanente, el equilibrio macroeconómico en todos los sectores (real, fiscal, monetario y externo) están convencidos que, contando con un Estado mínimo (encargado, casi exclusivamente de una simbólica regulación, la seguridad y la administración de justicia) y dejando el destino de la economía al libre juego de las fuerzas de mercado (oferta y demanda). Los economistas que estamos en la otra orilla de la ortodoxia neoclásica, sabemos que los equilibrios, generalmente, son situaciones, no solamente imposibles, sino también, a veces perjudiciales, al menos desde el punto de vista social.
El Foro de Economía y Finanzas, conformado fundamentalmente por conocidos economistas de la vertiente neoliberal, apunta a combatir los desequilibrios macroeconómicos. Se entiende por, lo tanto, que aspiran, ente otras metas: eliminación del déficit fiscal, eliminación del desempleo, eliminación del déficit externo, inflación cero. Es decir: que se igualen los ingresos con los gastos fiscales, que se igualen la oferta con la demanda de trabajo, que se igualen la entrada y la salida de divisas, que los precios se mantengan congelados en el tiempo. En principio, estas metas parecen plausibles. El problema surge al saber que el recetario incluye al mismo tiempo una drástica reducción del gasto público y también de los impuestos; también incluye la flexibilización laboral, con lo que se bajaría fuertemente los salarios reales (se supone que la demanda de trabajo subiría y la oferta bajaría, consiguiendo así, en condiciones absolutamente precarias, ocupación plena). Por otro lado, para alcanzar el equilibrio externo se castiga la demanda interna para restringir, por “generación espontánea”, las importaciones.
A partir de reconocer que nuestro país adolece problemas estructurales de competitividad y no cuenta con valiosos instrumentos de política cambiaría, lo política menos indicada es el aperturismo comercial indiscriminado y la liberación total, sin restricción ninguna (arancelaria, fitosanitaria, entre otras) de las importaciones. Si hacemos esto, la recesión y la insostenibilidad de la dolarización serían las indefectibles consecuencias. El mencionado Foro es partidaria de un severo ajuste fiscal que apriete los cinturones de la demanda agregada, sobre todo el consumo privado. Obvio que se contraerá también la demanda de bienes importados, y podría llegarse al ansiado equilibrio externo. Lo que no se dice es que dicho ajuste provocaría mayor desempleo, menores ingresos de la gente y menor produccion, recesión por lo tanto.
Por qué no se habla de un equilibrio fiscal mediante el incremento de los ingresos permanentes, que no son otros que los ingresos tributarios. Hay que recordar que la presión fiscal en Ecuador, apenas se ubican en el promedio latinoamericano y a medio siglo de la presión fiscal que tienen los países europeos. Es indispensable, por lo tanto, continuar mejorando la recaudación tributaria y construir un pacto social y fiscal que se base en los pilares de la política tributaria consagrados en la Constitución de la República. Particularmente, habría que considerar los principios de simplicidad, equidad y suficiencia recaudatoria. Si queremos un país de verdad, justo, equitativo, solidario, moderno, libre, democrático, es indispensable contar con una política económica, inclusiva, proactiva, redistrivutiva, dinamizadora del desarrollo. Al paso que vamos, a ritmo de tortuga o de congreso, jamás arribaremos a puerto seguro, con ciudadanos que vivan felices, libres y en paz. (O)

Equilibrios macroeconómicos

En cuanto a los equilibrios macroeconómicos, en esencia hay 2 enfoques básicos: 1) considerar como la razón de ser de la política económica y 2) entender como un medio para la consecución de los objetivos de la política económica. Los economistas que comparten a raja tabla, como meta permanente, el equilibrio macroeconómico en todos los sectores (real, fiscal, monetario y externo) están convencidos que, contando con un Estado mínimo (encargado, casi exclusivamente de una simbólica regulación, la seguridad y la administración de justicia) y dejando el destino de la economía al libre juego de las fuerzas de mercado (oferta y demanda). Los economistas que estamos en la otra orilla de la ortodoxia neoclásica, sabemos que los equilibrios, generalmente, son situaciones, no solamente imposibles, sino también, a veces perjudiciales, al menos desde el punto de vista social.
El Foro de Economía y Finanzas, conformado fundamentalmente por conocidos economistas de la vertiente neoliberal, apunta a combatir los desequilibrios macroeconómicos. Se entiende por, lo tanto, que aspiran, ente otras metas: eliminación del déficit fiscal, eliminación del desempleo, eliminación del déficit externo, inflación cero. Es decir: que se igualen los ingresos con los gastos fiscales, que se igualen la oferta con la demanda de trabajo, que se igualen la entrada y la salida de divisas, que los precios se mantengan congelados en el tiempo. En principio, estas metas parecen plausibles. El problema surge al saber que el recetario incluye al mismo tiempo una drástica reducción del gasto público y también de los impuestos; también incluye la flexibilización laboral, con lo que se bajaría fuertemente los salarios reales (se supone que la demanda de trabajo subiría y la oferta bajaría, consiguiendo así, en condiciones absolutamente precarias, ocupación plena). Por otro lado, para alcanzar el equilibrio externo se castiga la demanda interna para restringir, por “generación espontánea”, las importaciones.
A partir de reconocer que nuestro país adolece problemas estructurales de competitividad y no cuenta con valiosos instrumentos de política cambiaría, lo política menos indicada es el aperturismo comercial indiscriminado y la liberación total, sin restricción ninguna (arancelaria, fitosanitaria, entre otras) de las importaciones. Si hacemos esto, la recesión y la insostenibilidad de la dolarización serían las indefectibles consecuencias. El mencionado Foro es partidaria de un severo ajuste fiscal que apriete los cinturones de la demanda agregada, sobre todo el consumo privado. Obvio que se contraerá también la demanda de bienes importados, y podría llegarse al ansiado equilibrio externo. Lo que no se dice es que dicho ajuste provocaría mayor desempleo, menores ingresos de la gente y menor produccion, recesión por lo tanto.
Por qué no se habla de un equilibrio fiscal mediante el incremento de los ingresos permanentes, que no son otros que los ingresos tributarios. Hay que recordar que la presión fiscal en Ecuador, apenas se ubican en el promedio latinoamericano y a medio siglo de la presión fiscal que tienen los países europeos. Es indispensable, por lo tanto, continuar mejorando la recaudación tributaria y construir un pacto social y fiscal que se base en los pilares de la política tributaria consagrados en la Constitución de la República. Particularmente, habría que considerar los principios de simplicidad, equidad y suficiencia recaudatoria. Si queremos un país de verdad, justo, equitativo, solidario, moderno, libre, democrático, es indispensable contar con una política económica, inclusiva, proactiva, redistrivutiva, dinamizadora del desarrollo. Al paso que vamos, a ritmo de tortuga o de congreso, jamás arribaremos a puerto seguro, con ciudadanos que vivan felices, libres y en paz. (O)