Entre Thunberg y…

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Lo último de Tito Astudillo Sarmiento

Entre la minería y la consciencia, entre la responsabilidad y el confort, entre el hoy, el ahora y el mundo que dejamos por delante; entre el wifi de este momento por la comunicación a la que “no puedo renunciar”; y, el agonizante mundo que demanda un respiro…
Entre climas locos que no entienden que estamos en verano y uno que otro remezón de placas que tampoco entienden que su acomodo nos desacomoda, entre el combustible para llegar a mañana y el mañana que nos esquiva, entre las emisiones de gases de efecto invernadero, el deshielamiento de los polos, la temperatura mundial que sube, de a poco pero, constante; entre todo y entre tanto…
Entre el plástico de un solo uso, las compras del (super)mercado, la bebida del cine, el refresco en el parque, la comida del mall, el snack que llevamos en la mochila, entre el confort de lo cotidiano y cada especie animal y vegetal que se baja de este viaje para no acompañarnos al día cero que aceleramos, pero al que no queremos arribar.
Entre polución, erosión, degradación de suelos, deforestación, cambio climático, extinción; y, consumismo, industria, inversión, reproducción ampliada del capital, salud financiera, macroeconomía mundial, producción y minería; media la sinrazón de lo utilitario de una sociedad que se (re)produce inconsciente, tanto de sus límites, cuanto de sus responsabilidades intra e inter generacionales…
Entre Greta Thunberg y el premio Nobel a la Paz debe mediar la transformación de la conciencia global, que se superpone sobre el efecto marketing que pobló el Nobel de Dylan. Thunberg es un símbolo generacional que reclama el mundo que les pertenece: “nuestro futuro se ha vendido para que un puñado de personas puedan ganar cantidades inimaginables de dinero. Nos han robado el futuro a la vez que nos decían que no había límite… no quiero que tengáis esperanzas, quiero que entréis en pánico… quiero que sintáis el miedo que siento todos los días y luego quiero que actuéis…”( Thunberg 2019).
El grito de Thunberg (joven activista de apenas 16 años): “Alrededor del año 2030, dentro de 10 años, 252 días y 10 horas, habremos desatado una reacción en cadena irreversible que escapará todo control humano y que seguramente pondrá fin a nuestra civilización tal como la conocemos…” debe convocarnos a transformar nuestro concepto de vida y confort, no hay más tiempo, es ahora, por nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, por su futuro, por su derecho a tener un futuro, vivirlo y disfrutarlo… (O)
Entre el “pasará en cincuenta años” y el “ya no estaremos aquí” queda un agónico “aquí estarán nuestros nietos…”.

Entre Thunberg y…

Entre la minería y la consciencia, entre la responsabilidad y el confort, entre el hoy, el ahora y el mundo que dejamos por delante; entre el wifi de este momento por la comunicación a la que “no puedo renunciar”; y, el agonizante mundo que demanda un respiro…
Entre climas locos que no entienden que estamos en verano y uno que otro remezón de placas que tampoco entienden que su acomodo nos desacomoda, entre el combustible para llegar a mañana y el mañana que nos esquiva, entre las emisiones de gases de efecto invernadero, el deshielamiento de los polos, la temperatura mundial que sube, de a poco pero, constante; entre todo y entre tanto…
Entre el plástico de un solo uso, las compras del (super)mercado, la bebida del cine, el refresco en el parque, la comida del mall, el snack que llevamos en la mochila, entre el confort de lo cotidiano y cada especie animal y vegetal que se baja de este viaje para no acompañarnos al día cero que aceleramos, pero al que no queremos arribar.
Entre polución, erosión, degradación de suelos, deforestación, cambio climático, extinción; y, consumismo, industria, inversión, reproducción ampliada del capital, salud financiera, macroeconomía mundial, producción y minería; media la sinrazón de lo utilitario de una sociedad que se (re)produce inconsciente, tanto de sus límites, cuanto de sus responsabilidades intra e inter generacionales…
Entre Greta Thunberg y el premio Nobel a la Paz debe mediar la transformación de la conciencia global, que se superpone sobre el efecto marketing que pobló el Nobel de Dylan. Thunberg es un símbolo generacional que reclama el mundo que les pertenece: “nuestro futuro se ha vendido para que un puñado de personas puedan ganar cantidades inimaginables de dinero. Nos han robado el futuro a la vez que nos decían que no había límite… no quiero que tengáis esperanzas, quiero que entréis en pánico… quiero que sintáis el miedo que siento todos los días y luego quiero que actuéis…”( Thunberg 2019).
El grito de Thunberg (joven activista de apenas 16 años): “Alrededor del año 2030, dentro de 10 años, 252 días y 10 horas, habremos desatado una reacción en cadena irreversible que escapará todo control humano y que seguramente pondrá fin a nuestra civilización tal como la conocemos…” debe convocarnos a transformar nuestro concepto de vida y confort, no hay más tiempo, es ahora, por nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos, por su futuro, por su derecho a tener un futuro, vivirlo y disfrutarlo… (O)
Entre el “pasará en cincuenta años” y el “ya no estaremos aquí” queda un agónico “aquí estarán nuestros nietos…”.

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