Eliecer Cárdenas

Con paso rítmico y ligero teje su sendero por las calles empedradas, de rebeldía constructora por la libertad. Su pensamiento universal, es cantera inagotable, su vida es crisol en la que se depuran los dolores y las angustias de su pueblo. Su pensamiento en connubio con la palabra, relata el indigenismo, que emerge desde el existencialismo remoto. Con el escritor, novelista, historiador, poeta, cuentista y periodista, son comunes las tertulias de vereda, el mirar los vericuetos de la política y el acontecer nacional. Con Eliecer mantenemos una amistad reflejada en el tiempo, en el horizonte, generada desde la visión de justicia y equidad.
Eliecer Cárdenas Espinoza, siempre ligado y sumergido en las delicias de la lectura, rodeado y escoltado de anaqueles de libros, que cabalgan ante las miradas hambrientas de saber. El libro con su día, “Polvo y ceniza” en su aniversario, coinciden en justipreciar el invalorable e incansable aporte del escritor y autor de una de las obras magistrales y eternas de la literatura universal. Por eso me parece acertado el homenaje y varios reconocimientos, que celebran la calidad literaria del amigo. En días pasados Cárdenas Espinoza recibió la presea al mérito cultural “Vicente Rocafuerte” por parte de la Asamblea Nacional.
Su obra “Polvo y ceniza”, leída por muchos y una de mis primeras en mi juventud, cumple 40 años, de haber relatado la vida, pasión y muerte del bandolero, quien se rebeló contra la injusticia en el agro ecuatoriano. Su comportamiento, era aterrador con los hacendados y caritativo con los pobres, como una especia de Robin Hood criollo diríamos. Eliecer Cárdenas se eterniza con diáfana voz en el sendero del infinito, con cada una de sus obras.
El destino del escritor, dedicado a lo suyo, inmune a los encantos de la fama y la vanidad. Eliecer representa en la tradición novelística un ejemplo de trabajo y de constancia, una sucesión de obras, el verdadero contrapunto a esa otra tradición de sujetos revestidos de vanidad. Eliecer mantiene y agiganta, una virtud final de todo buen escritor, es como un legado vivo, palpitante, de mirada profunda y crítica que hace mucho bien a sus amigos y lectores, resalta el uso de la palabra exacta; por eso, en su obra coexiste el lenguaje de los pobres, y es que su lenguaje es nuestro espejo fiel de la vida cotidiana. Aprovecho de este trazado, para extender mi afecto y admiración al amigo, al escritor y soñador de sueños. (O)
Su pensamiento universal es cantera inagotable, su vida es crisol en la que se depuran los dolores y las angustias.

Eliecer Cárdenas

Con paso rítmico y ligero teje su sendero por las calles empedradas, de rebeldía constructora por la libertad. Su pensamiento universal, es cantera inagotable, su vida es crisol en la que se depuran los dolores y las angustias de su pueblo. Su pensamiento en connubio con la palabra, relata el indigenismo, que emerge desde el existencialismo remoto. Con el escritor, novelista, historiador, poeta, cuentista y periodista, son comunes las tertulias de vereda, el mirar los vericuetos de la política y el acontecer nacional. Con Eliecer mantenemos una amistad reflejada en el tiempo, en el horizonte, generada desde la visión de justicia y equidad.
Eliecer Cárdenas Espinoza, siempre ligado y sumergido en las delicias de la lectura, rodeado y escoltado de anaqueles de libros, que cabalgan ante las miradas hambrientas de saber. El libro con su día, “Polvo y ceniza” en su aniversario, coinciden en justipreciar el invalorable e incansable aporte del escritor y autor de una de las obras magistrales y eternas de la literatura universal. Por eso me parece acertado el homenaje y varios reconocimientos, que celebran la calidad literaria del amigo. En días pasados Cárdenas Espinoza recibió la presea al mérito cultural “Vicente Rocafuerte” por parte de la Asamblea Nacional.
Su obra “Polvo y ceniza”, leída por muchos y una de mis primeras en mi juventud, cumple 40 años, de haber relatado la vida, pasión y muerte del bandolero, quien se rebeló contra la injusticia en el agro ecuatoriano. Su comportamiento, era aterrador con los hacendados y caritativo con los pobres, como una especia de Robin Hood criollo diríamos. Eliecer Cárdenas se eterniza con diáfana voz en el sendero del infinito, con cada una de sus obras.
El destino del escritor, dedicado a lo suyo, inmune a los encantos de la fama y la vanidad. Eliecer representa en la tradición novelística un ejemplo de trabajo y de constancia, una sucesión de obras, el verdadero contrapunto a esa otra tradición de sujetos revestidos de vanidad. Eliecer mantiene y agiganta, una virtud final de todo buen escritor, es como un legado vivo, palpitante, de mirada profunda y crítica que hace mucho bien a sus amigos y lectores, resalta el uso de la palabra exacta; por eso, en su obra coexiste el lenguaje de los pobres, y es que su lenguaje es nuestro espejo fiel de la vida cotidiana. Aprovecho de este trazado, para extender mi afecto y admiración al amigo, al escritor y soñador de sueños. (O)
Su pensamiento universal es cantera inagotable, su vida es crisol en la que se depuran los dolores y las angustias.