El triángulo

Un manto de misterio envuelve al área geográfica - que tiene forma de triángulo equilátero- situada en el Atlántico entre las islas Bermudas, Puerto Rico y Miami. Por más de medio siglo se habla del Triángulo las Bermudas (1953) como una zona altamente peligrosa, sobre todo para quienes, vía aérea o marítima, cruzan por ahí.
Esta figura me permito utilizarla a propósito de un falso tri-lema que enfrenta la economía ecuatoriana. Algunos piensan que también existe un manto de misterio. Me refiero al déficit fiscal, al déficit externo (sobre todo de la balanza comercial no petrolera) y al abultado desempleo y empleo de mala calidad. Estos 3 problemas se han vuelto estructurales y amenazan seriamente en convertirse en una profunda y prolongada recesión.
El desempleo y subempleo aumentarían y la balanza comercial empeoraría aunque se disminuya el déficit fiscal.
El sector privado (empresas)  junto con la economía alternativa (popular y solidaria) no responden con la velocidad y magnitud que se requiere frente a la fuerte reducción del gasto y la información pública ( se está demostrando en Ecuador que el “efecto desplazamiento”, no existe, que no es verdad que el Estado le quita al sector privado el espacio para su inversión). Si la inversión privada (incluida la inversión extranjera) se mantiene apenas por encima de los niveles de la última década del siglo pasado, no es posible una sostenida reactivación de las actividades productivas.
Frente a esta grave situación, es indispensable, por un lado, mantener un gasto e inversión pública suficientes como para evitar, cuando menos, mayores caídas en el empleo.
Ante los problemas externos, por su puesto que hay que incentivar las exportaciones y administrar inteligentemente, con enfoque nacional,  las importaciones.
Si nos dedicamos simplemente a recortar el presupuesto estatal y a ser generosos con los incentivos tributarios y dejamos el comercio exterior y la salida de divisas a la “buena de Dios” (del mercado) el fin de la dolarización estaría a la vuelta de la esquina. Si la política económica gira con fuerza alrededor de la generación de trabajo productivo es una buena política económica, caso contrario, simplemente cumplirá con un formato adecuado para informes respecto al fracaso del ajuste. (O)

El triángulo

Un manto de misterio envuelve al área geográfica - que tiene forma de triángulo equilátero- situada en el Atlántico entre las islas Bermudas, Puerto Rico y Miami. Por más de medio siglo se habla del Triángulo las Bermudas (1953) como una zona altamente peligrosa, sobre todo para quienes, vía aérea o marítima, cruzan por ahí.
Esta figura me permito utilizarla a propósito de un falso tri-lema que enfrenta la economía ecuatoriana. Algunos piensan que también existe un manto de misterio. Me refiero al déficit fiscal, al déficit externo (sobre todo de la balanza comercial no petrolera) y al abultado desempleo y empleo de mala calidad. Estos 3 problemas se han vuelto estructurales y amenazan seriamente en convertirse en una profunda y prolongada recesión.
El desempleo y subempleo aumentarían y la balanza comercial empeoraría aunque se disminuya el déficit fiscal.
El sector privado (empresas)  junto con la economía alternativa (popular y solidaria) no responden con la velocidad y magnitud que se requiere frente a la fuerte reducción del gasto y la información pública ( se está demostrando en Ecuador que el “efecto desplazamiento”, no existe, que no es verdad que el Estado le quita al sector privado el espacio para su inversión). Si la inversión privada (incluida la inversión extranjera) se mantiene apenas por encima de los niveles de la última década del siglo pasado, no es posible una sostenida reactivación de las actividades productivas.
Frente a esta grave situación, es indispensable, por un lado, mantener un gasto e inversión pública suficientes como para evitar, cuando menos, mayores caídas en el empleo.
Ante los problemas externos, por su puesto que hay que incentivar las exportaciones y administrar inteligentemente, con enfoque nacional,  las importaciones.
Si nos dedicamos simplemente a recortar el presupuesto estatal y a ser generosos con los incentivos tributarios y dejamos el comercio exterior y la salida de divisas a la “buena de Dios” (del mercado) el fin de la dolarización estaría a la vuelta de la esquina. Si la política económica gira con fuerza alrededor de la generación de trabajo productivo es una buena política económica, caso contrario, simplemente cumplirá con un formato adecuado para informes respecto al fracaso del ajuste. (O)