El rostro corrupto de la democracia

Se ha pretendido que la democracia radica en el ejercicio electoral al que cada cierto tiempo se convoca al soberano para que elija a quienes deben gobernar; más aún, hay quienes predican que ‘es preferible la peor democracia a la mejor de las dictaduras’.
Estos primeros años del s.XXI están siendo testigos de importantes acontecimientos, no solo en el ámbito de la Patria Grande, sino también a nivel mundial, los mismos que nos llaman a una reflexión profunda sobre el verdadero significado de la democracia; pero esta reflexión, inexorablemente pasa por la comprensión de la política. Así al menos, lo han hecho importantes filósofos que vivieron con intensidad el siglo precedente –Stéphane Hessel, Edgar Morin, Alain Badiou -, líderes espirituales como el Papa Francisco, y también, jóvenes políticos como Rafael Correa y Pablo Iglesias. De hecho no faltan quienes, como Ralf Dahrendorf, se esfuerzan en definir la posdemocracia.
Reiteramos en que la política no es sino la ciencia que nos permite manejar la economía y con ella el conjunto de las relaciones sociales que se establecen a partir del modo de producción. El hecho concreto de la gran problemática del s.XXI parte precisamente de que asistimos a un cambio de época que hoy está definido por el agotamiento del modo de producción industrial, conocido vulgarmente como capitalista, y avanzamos aceleradamente a la implantación de un nuevo modo basado en el conocimiento científico.
La tragicomedia que hoy es, lastimosamente, la noticia de cada día, expresa nítidamente el carácter más voraz del capital financiero o lo que eufemísticamente se da en llamar  la finaciarización del capital, cuya esencia radica en la posibilidad de asegurar multimillonarias inversiones  con el objetivo exclusivo de logar multimillonarias ganancias. Las áreas en que esto es posible, son pocas: la guerra, el narcotráfico, el control de los recursos naturales –petróleo en primer lugar-, las burbujas inmobiliarias. La contraparte es conocida: muerte, destrucción, despojo de bienes, hambre, miseria.
Hoy, es noticia España con 900 funcionarios públicos militantes del Partido Popular cuya participación en la corrupción ha sido comprobada; es noticia Brasil donde 1.600 políticos están acusados de corrupción; es noticia Argentina, país en el que el Presidente Macri perdona las deudas que sus parientes y él mismo tienen con el fisco;... Son países con gobiernos elegidos democráticamente, con gobernantes que han pintado a la democracia con tintes de corrupción. (O)

El rostro corrupto de la democracia

Se ha pretendido que la democracia radica en el ejercicio electoral al que cada cierto tiempo se convoca al soberano para que elija a quienes deben gobernar; más aún, hay quienes predican que ‘es preferible la peor democracia a la mejor de las dictaduras’.
Estos primeros años del s.XXI están siendo testigos de importantes acontecimientos, no solo en el ámbito de la Patria Grande, sino también a nivel mundial, los mismos que nos llaman a una reflexión profunda sobre el verdadero significado de la democracia; pero esta reflexión, inexorablemente pasa por la comprensión de la política. Así al menos, lo han hecho importantes filósofos que vivieron con intensidad el siglo precedente –Stéphane Hessel, Edgar Morin, Alain Badiou -, líderes espirituales como el Papa Francisco, y también, jóvenes políticos como Rafael Correa y Pablo Iglesias. De hecho no faltan quienes, como Ralf Dahrendorf, se esfuerzan en definir la posdemocracia.
Reiteramos en que la política no es sino la ciencia que nos permite manejar la economía y con ella el conjunto de las relaciones sociales que se establecen a partir del modo de producción. El hecho concreto de la gran problemática del s.XXI parte precisamente de que asistimos a un cambio de época que hoy está definido por el agotamiento del modo de producción industrial, conocido vulgarmente como capitalista, y avanzamos aceleradamente a la implantación de un nuevo modo basado en el conocimiento científico.
La tragicomedia que hoy es, lastimosamente, la noticia de cada día, expresa nítidamente el carácter más voraz del capital financiero o lo que eufemísticamente se da en llamar  la finaciarización del capital, cuya esencia radica en la posibilidad de asegurar multimillonarias inversiones  con el objetivo exclusivo de logar multimillonarias ganancias. Las áreas en que esto es posible, son pocas: la guerra, el narcotráfico, el control de los recursos naturales –petróleo en primer lugar-, las burbujas inmobiliarias. La contraparte es conocida: muerte, destrucción, despojo de bienes, hambre, miseria.
Hoy, es noticia España con 900 funcionarios públicos militantes del Partido Popular cuya participación en la corrupción ha sido comprobada; es noticia Brasil donde 1.600 políticos están acusados de corrupción; es noticia Argentina, país en el que el Presidente Macri perdona las deudas que sus parientes y él mismo tienen con el fisco;... Son países con gobiernos elegidos democráticamente, con gobernantes que han pintado a la democracia con tintes de corrupción. (O)