¡El poder mediático en su paroxismo!

El principal vocero del poder mediático ecuatoriano, dejando de lado la compostura que siempre trata de mantener, se frota las manos por el reciente anuncio de la Directiva de AP: la remoción de Lenín Moreno del cargo de Presidente de Alianza País. “La grieta se agranda” exclama alborozado.
Lo que sucede al interior de Alianza País es, legítimamente, un asunto de la absoluta competencia de AP. Sin embargo, por cuanto el ciudadano aludido en este caso es el Presidente de los ecuatorianos, tenemos el pleno derecho de opinar sobre el asunto, más aun, puesto que su llegada a Carondelet se la debe a la mayoría de los electores, es decir, ‘a la voluntad del soberano’ y por tanto debe responder por sus actos y por el programa que se comprometió a cumplir cuando reclamaba el voto en las urnas.
El vocero de El Comercio puntualiza: “La pugna entre facciones es cada vez mayor y las diferencias van hacia la ruptura total”. Ya con anterioridad le habían “sugerido” al presidente electo “renunciar a la disciplina partidista”, algo que para un lector entendido, no puede significar otra cosa que traicionar a los electores, traicionar a su partido, incluso, despojarse de la ideología, como lo venían exigiendo los diversos actores de la restauración conservadora durante su pretendida y nunca alcanzada unidad. “Hay visiones distintas sobre el procesamiento al vicepresidente Jorge Glas, al contenido de la consulta y a otros temas cruciales” afirma el vocero. No, no se trata de ‘visiones’, hay actitudes morales y éticas: es la diferencia entre la lealtad y la traición, no solo a los seres humanos involucrados en este proceso, sino sobre todo a los principios.
Indudablemente hay dos sectores que, tratándose de una ‘cuestión dialéctica’ no debería sorprendernos: unidad y lucha de contrarios. Lamentablemente en este caso no es precisamente la ley dialéctica, ni siquiera la espiral dialéctica a la que gusta referirse el presidente Moreno. No, aquí existen otros elementos de por medio: los intereses del Departamento de Estado de los EE.UU., una ‘quinta columna’ infiltrada en AP, un ciudadano extranjero ‘huésped’ de Carondelet y, ¿por qué iba a ser la diferencia?, el inefable –digámoslo- poder económico. Si el vocero reconociera haberse fijado en la foto de los ‘adherentes’ al presidente, debería reconocer que se trata del equipo ministerial incompleto.
Dejo para otra ocasión el debido comentario sobre lo acertado o no de la medida y no soy partidario de pronósticos en los que suelen navegar politólogos, sociólogos y otros logos de la decadente academia del ‘fin de la historia’. Debo concordar con la inquietud del vocero: “La medición de fuerzas en la que todos pierden, posterga el tratamiento de los temas urgentes”. Aclaro: difiero totalmente en lo referente al ‘tratamiento de los temas urgentes’.(O)

¡El poder mediático en su paroxismo!

El principal vocero del poder mediático ecuatoriano, dejando de lado la compostura que siempre trata de mantener, se frota las manos por el reciente anuncio de la Directiva de AP: la remoción de Lenín Moreno del cargo de Presidente de Alianza País. “La grieta se agranda” exclama alborozado.
Lo que sucede al interior de Alianza País es, legítimamente, un asunto de la absoluta competencia de AP. Sin embargo, por cuanto el ciudadano aludido en este caso es el Presidente de los ecuatorianos, tenemos el pleno derecho de opinar sobre el asunto, más aun, puesto que su llegada a Carondelet se la debe a la mayoría de los electores, es decir, ‘a la voluntad del soberano’ y por tanto debe responder por sus actos y por el programa que se comprometió a cumplir cuando reclamaba el voto en las urnas.
El vocero de El Comercio puntualiza: “La pugna entre facciones es cada vez mayor y las diferencias van hacia la ruptura total”. Ya con anterioridad le habían “sugerido” al presidente electo “renunciar a la disciplina partidista”, algo que para un lector entendido, no puede significar otra cosa que traicionar a los electores, traicionar a su partido, incluso, despojarse de la ideología, como lo venían exigiendo los diversos actores de la restauración conservadora durante su pretendida y nunca alcanzada unidad. “Hay visiones distintas sobre el procesamiento al vicepresidente Jorge Glas, al contenido de la consulta y a otros temas cruciales” afirma el vocero. No, no se trata de ‘visiones’, hay actitudes morales y éticas: es la diferencia entre la lealtad y la traición, no solo a los seres humanos involucrados en este proceso, sino sobre todo a los principios.
Indudablemente hay dos sectores que, tratándose de una ‘cuestión dialéctica’ no debería sorprendernos: unidad y lucha de contrarios. Lamentablemente en este caso no es precisamente la ley dialéctica, ni siquiera la espiral dialéctica a la que gusta referirse el presidente Moreno. No, aquí existen otros elementos de por medio: los intereses del Departamento de Estado de los EE.UU., una ‘quinta columna’ infiltrada en AP, un ciudadano extranjero ‘huésped’ de Carondelet y, ¿por qué iba a ser la diferencia?, el inefable –digámoslo- poder económico. Si el vocero reconociera haberse fijado en la foto de los ‘adherentes’ al presidente, debería reconocer que se trata del equipo ministerial incompleto.
Dejo para otra ocasión el debido comentario sobre lo acertado o no de la medida y no soy partidario de pronósticos en los que suelen navegar politólogos, sociólogos y otros logos de la decadente academia del ‘fin de la historia’. Debo concordar con la inquietud del vocero: “La medición de fuerzas en la que todos pierden, posterga el tratamiento de los temas urgentes”. Aclaro: difiero totalmente en lo referente al ‘tratamiento de los temas urgentes’.(O)