El pionero

“Los invencibles Shuaras del alto Amazonas” es el nombre que lleva la que podemos considerar la primera película documental del Ecuador. El título se lo pusieron en la Cinemateca Nacional muchos años después de creada por uno de los pioneros del cine ecuatoriano, el padre Carlos Crespi.
En la cinta, recuperada gracias al esfuerzo de Ulises Estrella a través de laboratorios mexicanos que trataron el material original y lo restauraron, se pueden ver las primeras imágenes registradas en movimiento de habitantes de la Amazonía ecuatoriana a mediados de los años 20. Crespi juntó en esa expedición a la desconocida e inhóspita región oriental de entonces su doble faceta de misionero y hombre de cine. Las imágenes nos dejan ver rostros, personas e indumentarias que tienen hoy un valor documental incalculable. Se trataba sin duda de los primeros contactos de un pueblo entonces apenas conocido y contactado, el pueblo Shuar.


Muchos años después, ya alejado del registro y la filmación, el padre Crespi continuaría ejerciendo su pasión por el cine en Cuenca formando varias generaciones de cinéfilos a través de las míticas funciones que llevaba a cabo ya sea en exteriores, sobre una sábana, o en algún teatro improvisado. El sonido de la campanilla que impedía cualquier cháchara, el anuncio de que un casto beso entre personajes es porque eran hermanitos o el cocacho cariñoso a los que hacían ruido durante la función hacen de esos momentos un auténtico Cinema Paradiso cuencano.
Toda su vida la pasó en esta ciudad y la dedicó por entero al servicio de la educación de los niños y a la creación de un notable museo. En cumplimiento de sus ideales cristianos fundó el colegio Cornelio Merchán, el colegio Normal Orientalista y la Escuela de Artes y Oficios que más tarde se convirtió en el Colegio Técnico Salesiano.


Un episodio excéntrico en la vida del padre Crespi es su encuentro con el ufólogo danés Erich Von Däniken, quien en su obra El oro de los dioses, afirmó que había sido guiado a través de una serie de túneles artificiales a un lugar dentro de la Cueva de los Tayos que contenía extrañas estatuas de oro y una biblioteca en tablillas de metal, que él consideraba como una evidencia de antiguos visitantes del espacio. Von Däniken sería luego arrestado por fraude y en 1978 dijo que nunca había estado en la parte de la cueva que se ilustra en su libro, solo en una «sala lateral», y que había inventado todo el descenso a la cueva.


Sin embargo también escribió acerca de una colección de objetos de oro en poder del padre Crespi, que habría tenido un permiso especial del Vaticano para su investigación arqueológica.


Tras protagonizar estos momentos y otros muchos que no puede contener esta breve crónica, víctima de una penosa y larga enfermedad, el padre Carlos Crespi murió en su amada Cuenca el 30 de abril de 1982. Desde entonces lo recordamos como el Apóstol de los pobres.

El pionero

“Los invencibles Shuaras del alto Amazonas” es el nombre que lleva la que podemos considerar la primera película documental del Ecuador. El título se lo pusieron en la Cinemateca Nacional muchos años después de creada por uno de los pioneros del cine ecuatoriano, el padre Carlos Crespi.
En la cinta, recuperada gracias al esfuerzo de Ulises Estrella a través de laboratorios mexicanos que trataron el material original y lo restauraron, se pueden ver las primeras imágenes registradas en movimiento de habitantes de la Amazonía ecuatoriana a mediados de los años 20. Crespi juntó en esa expedición a la desconocida e inhóspita región oriental de entonces su doble faceta de misionero y hombre de cine. Las imágenes nos dejan ver rostros, personas e indumentarias que tienen hoy un valor documental incalculable. Se trataba sin duda de los primeros contactos de un pueblo entonces apenas conocido y contactado, el pueblo Shuar.


Muchos años después, ya alejado del registro y la filmación, el padre Crespi continuaría ejerciendo su pasión por el cine en Cuenca formando varias generaciones de cinéfilos a través de las míticas funciones que llevaba a cabo ya sea en exteriores, sobre una sábana, o en algún teatro improvisado. El sonido de la campanilla que impedía cualquier cháchara, el anuncio de que un casto beso entre personajes es porque eran hermanitos o el cocacho cariñoso a los que hacían ruido durante la función hacen de esos momentos un auténtico Cinema Paradiso cuencano.
Toda su vida la pasó en esta ciudad y la dedicó por entero al servicio de la educación de los niños y a la creación de un notable museo. En cumplimiento de sus ideales cristianos fundó el colegio Cornelio Merchán, el colegio Normal Orientalista y la Escuela de Artes y Oficios que más tarde se convirtió en el Colegio Técnico Salesiano.


Un episodio excéntrico en la vida del padre Crespi es su encuentro con el ufólogo danés Erich Von Däniken, quien en su obra El oro de los dioses, afirmó que había sido guiado a través de una serie de túneles artificiales a un lugar dentro de la Cueva de los Tayos que contenía extrañas estatuas de oro y una biblioteca en tablillas de metal, que él consideraba como una evidencia de antiguos visitantes del espacio. Von Däniken sería luego arrestado por fraude y en 1978 dijo que nunca había estado en la parte de la cueva que se ilustra en su libro, solo en una «sala lateral», y que había inventado todo el descenso a la cueva.


Sin embargo también escribió acerca de una colección de objetos de oro en poder del padre Crespi, que habría tenido un permiso especial del Vaticano para su investigación arqueológica.


Tras protagonizar estos momentos y otros muchos que no puede contener esta breve crónica, víctima de una penosa y larga enfermedad, el padre Carlos Crespi murió en su amada Cuenca el 30 de abril de 1982. Desde entonces lo recordamos como el Apóstol de los pobres.