El Pacto de Leticia

La semana pasada tuvo lugar en Colombia la Cumbre Presidencial por la Amazonía, con la participación de siete de los nueve países que comparten este importante territorio de América del Sur y que es considerado como el ‘pulmón’ del planeta. Este evento, que obviamente debería haber concitado la atención mundial, más aún considerando la crítica situación por la que atraviesa en estos momentos debido a los incendios, puede decirse que pasó casi desapercibido por la ciudadanía en general. ¿Los motivos?
Para comenzar, ni Venezuela ni la Guyana Francesa, territorio francés de ultramar, fueron invitadas, lo que solo puede explicarse por la política del Presidente Maduro y las ‘críticas’ del Presidente Macron a la actitud asumida por Jair Bolsonaro frente a la ayuda ofrecida por el Gobierno Francés para la lucha contra los incendios en Brasil. La Cumbre, reunida en la localidad amazónica de Leticia no contó con una agenda orientada a lograr acuerdos concretos inmediatos para la extinción de los incendios y menos en aras de planificar la recuperación de las extensas zonas devastadas. El ofrecimiento del Gobierno Chileno de enviar a Brasil cuatro aviones para combatir el flagelo, de los fondos del G7, ni siquiera es una prueba del compromiso de ejecutar “medidas concretas” para el territorio amazónico, esencial para el equilibrio climático, con el que se cerró la Cumbre de Leticia. Lo demás, en cuanto a las actividades del cónclave, las fotos de un alegre Presidente Colombiano abrazando a unos sorprendidos aborígenes amazónicos o algunas desafortunadas intervenciones, no son suficientes para pensar que hay una voluntad seria para salvaguardar la Amazonía.
Por el contrario, es preocupante la presión ejercida por Bolsonaro quien, a más de haberse excusado de participar en la Cumbre ‘por enfermedad’, consiguió que el texto final de la Declaración de Leticia incluyera su pedido de reafirmar “los derechos soberanos de los países de la región Amazónica sobre sus territorios y sus recursos naturales”. Esto significa en términos claros y concisos poner a disposición del poder económico las riquezas naturales y la biodiversidad de la Amazonía, algo que va en contra, no solo del derecho internacional, sino de la existencia de la humanidad. ¿Dónde quedan, en primer lugar, los derechos de los habitantes amazónicos? La Declaración de Leticia resulta ser una Carta Negra que anuncia la tragedia del Medio Ambiente. (O)

El Pacto de Leticia

La semana pasada tuvo lugar en Colombia la Cumbre Presidencial por la Amazonía, con la participación de siete de los nueve países que comparten este importante territorio de América del Sur y que es considerado como el ‘pulmón’ del planeta. Este evento, que obviamente debería haber concitado la atención mundial, más aún considerando la crítica situación por la que atraviesa en estos momentos debido a los incendios, puede decirse que pasó casi desapercibido por la ciudadanía en general. ¿Los motivos?
Para comenzar, ni Venezuela ni la Guyana Francesa, territorio francés de ultramar, fueron invitadas, lo que solo puede explicarse por la política del Presidente Maduro y las ‘críticas’ del Presidente Macron a la actitud asumida por Jair Bolsonaro frente a la ayuda ofrecida por el Gobierno Francés para la lucha contra los incendios en Brasil. La Cumbre, reunida en la localidad amazónica de Leticia no contó con una agenda orientada a lograr acuerdos concretos inmediatos para la extinción de los incendios y menos en aras de planificar la recuperación de las extensas zonas devastadas. El ofrecimiento del Gobierno Chileno de enviar a Brasil cuatro aviones para combatir el flagelo, de los fondos del G7, ni siquiera es una prueba del compromiso de ejecutar “medidas concretas” para el territorio amazónico, esencial para el equilibrio climático, con el que se cerró la Cumbre de Leticia. Lo demás, en cuanto a las actividades del cónclave, las fotos de un alegre Presidente Colombiano abrazando a unos sorprendidos aborígenes amazónicos o algunas desafortunadas intervenciones, no son suficientes para pensar que hay una voluntad seria para salvaguardar la Amazonía.
Por el contrario, es preocupante la presión ejercida por Bolsonaro quien, a más de haberse excusado de participar en la Cumbre ‘por enfermedad’, consiguió que el texto final de la Declaración de Leticia incluyera su pedido de reafirmar “los derechos soberanos de los países de la región Amazónica sobre sus territorios y sus recursos naturales”. Esto significa en términos claros y concisos poner a disposición del poder económico las riquezas naturales y la biodiversidad de la Amazonía, algo que va en contra, no solo del derecho internacional, sino de la existencia de la humanidad. ¿Dónde quedan, en primer lugar, los derechos de los habitantes amazónicos? La Declaración de Leticia resulta ser una Carta Negra que anuncia la tragedia del Medio Ambiente. (O)