El optimismo del FMI

Visto

La semana anterior, una misión de alto nivel del Fondo Monetario Internacional, visitó al Presidente Moreno con el propósito de intercambiar opiniones sobre el presente y futuro de la economía ecuatoriana en el marco de artículo IV del Acta Constitutiva del FMI. Al término de la reunión, el Jefe de la delegación declaro su optimismo respecto a la rápida recuperación y crecimiento de la encomia. La posición fondomonetarista no deja de sorprendernos puesto que, hasta hace unas cuantas semanas pintaban oscuros nubarrones en el horizonte económico-productivo de nuestro país. Durante todos estos años de gobierno de la revolución ciudadana, los pronósticos realizados por el FMI han sido completamente pesimistas y alejados de la realidad. Los reiterados desaciertos han sido de tal magnitud que, intermitentemente, han tenido que -ad-portas- de las cifras reales reformular sus estimaciones. Nunca, el FMI, a pesar de sus graves desaciertos se ha disculpado con justificaciones creíbles sobre sus "errores". El problema no es tan simple. Si las estimaciones del FMI pintan un inminente desastre económico, las expectativas de los agentes económicos, sobre todo de los inversionistas -nacionales y extranjeros- se afectan negativamente y bloquean la toma de decisiones. En este sentido, el país debería exigir al FMI mas prudencia y seriedad.
Por su parte, el Ministro de Economía y Finanzas, Carlos de la Torre, ha sido muy explícito en señalar que el gobierno nacional no se apresta a ninguna negociación con el FMI en busca de suscribir algún acuerdo que permita acceder a una línea de crédito y que confiera al país una mejor calificación en Wall Street. Es verdad que los organismos multilaterales -FMI, incluido - prestan a más largos plazos y a menores tasas de interés. El problema radica en la condicionalidad y ajuste que se exige. La prueba histórica está en la docena de acuerdos con el FMI durante los gobiernos que antecedieron a Rafael Correa. Los ajustes, sobre todo en el ámbito social, fueron tan brutales, que a pesar del dogma de fe de la ortodoxia neoliberal, ninguno de los acuerdos pudo completarse por los reiterados incumplimientos. Los 6 desembolsos trimestrales que debían transferirse no pasaron del primero o máximo segundo. La luna de miel terminaba dejando secuelas funestas.
En buena hora que -al menos, por el momento- el gobierno haya decidido no acudir al FMI. Está claro que, el ajuste estructural fondomonetarista, incluido aquel que lo llaman "post consenso" (se refiere al consenso de Washington) es incompatible con el Programa de Gobierno que ganó las elecciones pasa. Es incompatible con el plan emblemático "toda una vida" liderado por el Presidente Moreno. El FMI no es partidario de la política fiscal contra cíclica, tampoco es partidario de los subsidios sociales, ni de las medidas proteccionistas. Su modelo privilegia el aperturismo, la reducción drástica de la presencia del estado. Fundamenta su paradigma en el crecimiento espontáneo provocado por la liberal del mercado y en una redistribución "natural" de los frutos del crecimiento. Esperemos que la política económica ecuatoriana sea la que nuestro país requiere para alcanzar el bienestar colectivo. No en necesario tutelas ni sometimientos. Está bien que el FMI nos visite cada año, haga su trabajo en torno a la evaluación macroeconómica (Art. IX, del acuerdo) pero, hasta ahí es suficiente y que se abstenga de sus pesimistas pronósticos. Nunca acierta una. (O)

El optimismo del FMI

La semana anterior, una misión de alto nivel del Fondo Monetario Internacional, visitó al Presidente Moreno con el propósito de intercambiar opiniones sobre el presente y futuro de la economía ecuatoriana en el marco de artículo IV del Acta Constitutiva del FMI. Al término de la reunión, el Jefe de la delegación declaro su optimismo respecto a la rápida recuperación y crecimiento de la encomia. La posición fondomonetarista no deja de sorprendernos puesto que, hasta hace unas cuantas semanas pintaban oscuros nubarrones en el horizonte económico-productivo de nuestro país. Durante todos estos años de gobierno de la revolución ciudadana, los pronósticos realizados por el FMI han sido completamente pesimistas y alejados de la realidad. Los reiterados desaciertos han sido de tal magnitud que, intermitentemente, han tenido que -ad-portas- de las cifras reales reformular sus estimaciones. Nunca, el FMI, a pesar de sus graves desaciertos se ha disculpado con justificaciones creíbles sobre sus "errores". El problema no es tan simple. Si las estimaciones del FMI pintan un inminente desastre económico, las expectativas de los agentes económicos, sobre todo de los inversionistas -nacionales y extranjeros- se afectan negativamente y bloquean la toma de decisiones. En este sentido, el país debería exigir al FMI mas prudencia y seriedad.
Por su parte, el Ministro de Economía y Finanzas, Carlos de la Torre, ha sido muy explícito en señalar que el gobierno nacional no se apresta a ninguna negociación con el FMI en busca de suscribir algún acuerdo que permita acceder a una línea de crédito y que confiera al país una mejor calificación en Wall Street. Es verdad que los organismos multilaterales -FMI, incluido - prestan a más largos plazos y a menores tasas de interés. El problema radica en la condicionalidad y ajuste que se exige. La prueba histórica está en la docena de acuerdos con el FMI durante los gobiernos que antecedieron a Rafael Correa. Los ajustes, sobre todo en el ámbito social, fueron tan brutales, que a pesar del dogma de fe de la ortodoxia neoliberal, ninguno de los acuerdos pudo completarse por los reiterados incumplimientos. Los 6 desembolsos trimestrales que debían transferirse no pasaron del primero o máximo segundo. La luna de miel terminaba dejando secuelas funestas.
En buena hora que -al menos, por el momento- el gobierno haya decidido no acudir al FMI. Está claro que, el ajuste estructural fondomonetarista, incluido aquel que lo llaman "post consenso" (se refiere al consenso de Washington) es incompatible con el Programa de Gobierno que ganó las elecciones pasa. Es incompatible con el plan emblemático "toda una vida" liderado por el Presidente Moreno. El FMI no es partidario de la política fiscal contra cíclica, tampoco es partidario de los subsidios sociales, ni de las medidas proteccionistas. Su modelo privilegia el aperturismo, la reducción drástica de la presencia del estado. Fundamenta su paradigma en el crecimiento espontáneo provocado por la liberal del mercado y en una redistribución "natural" de los frutos del crecimiento. Esperemos que la política económica ecuatoriana sea la que nuestro país requiere para alcanzar el bienestar colectivo. No en necesario tutelas ni sometimientos. Está bien que el FMI nos visite cada año, haga su trabajo en torno a la evaluación macroeconómica (Art. IX, del acuerdo) pero, hasta ahí es suficiente y que se abstenga de sus pesimistas pronósticos. Nunca acierta una. (O)

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