El negocio de las armas

El día de San Valentín, 14 de Febrero, resultó ser un día trágico en el sur de Florida: al menos 17 muertos, víctimas del tiroteo a manos de un adolescente. El incidente, registrado ya como la octava mayor masacre en la historia reciente de los EE.UU., parece ser algo cuotidiano en la vida del país del norte.
El país de la libertad absoluta y la mayor democracia, como se autocalifican los estadounidenses, resulta ser también el lugar de las mayores paradojas en cuanto a la seguridad de la población. La Enmienda II a la Constitución, defiende el derecho del pueblo a poseer y portar armas, derecho que, según sus defensores, garantiza a los ciudadanos ejercer su legítima defensa. Gracias a esta Enmienda, EE.UU. registra el mayor número de armas en manos de la población civil en el mundo: más de trescientos millones, es decir, tantas como la población del país. Se registran algunas otras cifras, entre ellas, existen más lugares de venta de armas que locales de comida rápida; el negocio de la venta de armas obtiene ganancias que superan los diez mil millones anuales; las víctimas de los atentados por tiroteos superan a las provocadas por los actos calificados de terroristas en el argot de la Seguridad Nacional. En el país no existe un registro legal de la venta de armas, pero se calcula que cuatro de cada diez estadounidenses posee por lo menos un arma de fuego en su casa, considerando que se refiere a los que voluntariamente lo reconocen.
El debate en torno a la vigencia de la Segunda Enmienda, se ha vuelto reiterativo especialmente desde la década de 1990: se trata de una manifestación de los desequilibrios mentales que afectan particularmente a sectores sociales como los veteranos de guerra, los trabajadores que pierden su plaza de trabajo y, especialmente, de los jóvenes estudiantes afectados por diferentes problemas. La actitud de los políticos, tanto demócratas como republicanos, en la práctica se somete a la presión de quienes manejan el jugoso negocio de las armas, liderados por la poderosa Asociación Nacional del Rifle.
Paradójicamente, ante el incesante incremento de la violencia, el pronunciamiento de la ciudadanía norteamericana es mayormente en contra del control de la venta de armas. En 2016, el 76% de los estadounidenses se opone a la derogación de la Segunda Enmienda; esta cifra era solo del 36% en 1960. (O)

El negocio de las armas

El día de San Valentín, 14 de Febrero, resultó ser un día trágico en el sur de Florida: al menos 17 muertos, víctimas del tiroteo a manos de un adolescente. El incidente, registrado ya como la octava mayor masacre en la historia reciente de los EE.UU., parece ser algo cuotidiano en la vida del país del norte.
El país de la libertad absoluta y la mayor democracia, como se autocalifican los estadounidenses, resulta ser también el lugar de las mayores paradojas en cuanto a la seguridad de la población. La Enmienda II a la Constitución, defiende el derecho del pueblo a poseer y portar armas, derecho que, según sus defensores, garantiza a los ciudadanos ejercer su legítima defensa. Gracias a esta Enmienda, EE.UU. registra el mayor número de armas en manos de la población civil en el mundo: más de trescientos millones, es decir, tantas como la población del país. Se registran algunas otras cifras, entre ellas, existen más lugares de venta de armas que locales de comida rápida; el negocio de la venta de armas obtiene ganancias que superan los diez mil millones anuales; las víctimas de los atentados por tiroteos superan a las provocadas por los actos calificados de terroristas en el argot de la Seguridad Nacional. En el país no existe un registro legal de la venta de armas, pero se calcula que cuatro de cada diez estadounidenses posee por lo menos un arma de fuego en su casa, considerando que se refiere a los que voluntariamente lo reconocen.
El debate en torno a la vigencia de la Segunda Enmienda, se ha vuelto reiterativo especialmente desde la década de 1990: se trata de una manifestación de los desequilibrios mentales que afectan particularmente a sectores sociales como los veteranos de guerra, los trabajadores que pierden su plaza de trabajo y, especialmente, de los jóvenes estudiantes afectados por diferentes problemas. La actitud de los políticos, tanto demócratas como republicanos, en la práctica se somete a la presión de quienes manejan el jugoso negocio de las armas, liderados por la poderosa Asociación Nacional del Rifle.
Paradójicamente, ante el incesante incremento de la violencia, el pronunciamiento de la ciudadanía norteamericana es mayormente en contra del control de la venta de armas. En 2016, el 76% de los estadounidenses se opone a la derogación de la Segunda Enmienda; esta cifra era solo del 36% en 1960. (O)