El mundo de Trump

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No solo la política en nuestro país está revuelta y complicada sino que el planeta entero está viviendo momentos de gran incertidumbre. La reciente controversia desatada en Estados Unidos porque su presidente no ha condenado categóricamente, como debía hacerlo, la violencia de grupos neonazis y supremacistas, blancos quienes abierta y desafiantemente marchan hoy sobre las calles de varias ciudades norteamericanas para exhibir grotescamente su racismo y su xenofobia, no hace sino confirmar que vivimos horas extraviadas sin referentes éticos o anclajes morales de algún tipo. A nivel global, ¿quién es el gurú que nos marca un horizonte común? ¿Kim Kardashian? ¿Tyrion Lannister? ¿No vamos, en realidad, a bordo de un planeta que está a la deriva? Se salva el Papa Francisco, aunque tristemente hoy el gurú para las mayorías se llama, simplemente, Don Dinero.
En los años noventa, una conocida serie de televisión denominada “El mundo de Beakman” enseñaba a niños y jóvenes a acercarse a la ciencia de forma lúdica y divertida. En nuestros días, el presidente de la potencia mundial más que un mandatario parece el protagonista de un reality show al que podemos bautizar “El mundo de Trump”, en el cual niños y jóvenes aprenden cómo gobernar de forma cínica y controvertida. Las emisiones son semanales y a veces diarias.
En este mundo de Trump todo parece resolverse a “Trumpadas”. Vemos atónitos la posibilidad de un enfrentamiento atómico con Corea del Norte, gracias a la verborrea de dos líderes irascibles y desaforados que hablan de quién tiene el misil más grande como si tuviesen la inconfesable necesidad de mostrarle al mundo su miembro viril. La psicología nos dice que esas conductas suelen esconder trastornos de impotencia o violencia en el ámbito doméstico. Y la cara de perpetua insatisfacción de Melania nos parece una prueba irrefutable al respecto.
Pero no solo es alabado por los neo nazis, que lo llaman “su” presidente, sino que hace poco Trump ha dicho que “no descarta una opción militar para Venezuela.” Indignante. Porque es verdad que la crisis institucional venezolana ha tocado fondo pero, ¿acaso la solución es una invasión imperial al estilo iraquí, libio o sirio? Menos aun si sabemos que la democracia en Venezuela le importa un “carajo” a Trump y sus halcones, pues lo que quieren en realidad son sus pozos petroleros y punto ¿O es que esa “opción militar” sería gratis y desinteresada? ¡Por favor! Estamos grandecitos para esos cuentos, ya sean del mundo de Beakman, o del mundo de Trump.
Qué vigencia cobra hoy en día la estrofa de la canción más conocida del grupo cuencano Sobrepeso: “ya no sé en quién creer, yo voy a explotar.” Por eso frente a la impostura de los falsos líderes: resistencia. Frente al cinismo del mundo de Trump: resistencia. Frente a los antivalores de quienes lo único que muestran es plata: resistencia. (O)

El mundo de Trump

No solo la política en nuestro país está revuelta y complicada sino que el planeta entero está viviendo momentos de gran incertidumbre. La reciente controversia desatada en Estados Unidos porque su presidente no ha condenado categóricamente, como debía hacerlo, la violencia de grupos neonazis y supremacistas, blancos quienes abierta y desafiantemente marchan hoy sobre las calles de varias ciudades norteamericanas para exhibir grotescamente su racismo y su xenofobia, no hace sino confirmar que vivimos horas extraviadas sin referentes éticos o anclajes morales de algún tipo. A nivel global, ¿quién es el gurú que nos marca un horizonte común? ¿Kim Kardashian? ¿Tyrion Lannister? ¿No vamos, en realidad, a bordo de un planeta que está a la deriva? Se salva el Papa Francisco, aunque tristemente hoy el gurú para las mayorías se llama, simplemente, Don Dinero.
En los años noventa, una conocida serie de televisión denominada “El mundo de Beakman” enseñaba a niños y jóvenes a acercarse a la ciencia de forma lúdica y divertida. En nuestros días, el presidente de la potencia mundial más que un mandatario parece el protagonista de un reality show al que podemos bautizar “El mundo de Trump”, en el cual niños y jóvenes aprenden cómo gobernar de forma cínica y controvertida. Las emisiones son semanales y a veces diarias.
En este mundo de Trump todo parece resolverse a “Trumpadas”. Vemos atónitos la posibilidad de un enfrentamiento atómico con Corea del Norte, gracias a la verborrea de dos líderes irascibles y desaforados que hablan de quién tiene el misil más grande como si tuviesen la inconfesable necesidad de mostrarle al mundo su miembro viril. La psicología nos dice que esas conductas suelen esconder trastornos de impotencia o violencia en el ámbito doméstico. Y la cara de perpetua insatisfacción de Melania nos parece una prueba irrefutable al respecto.
Pero no solo es alabado por los neo nazis, que lo llaman “su” presidente, sino que hace poco Trump ha dicho que “no descarta una opción militar para Venezuela.” Indignante. Porque es verdad que la crisis institucional venezolana ha tocado fondo pero, ¿acaso la solución es una invasión imperial al estilo iraquí, libio o sirio? Menos aun si sabemos que la democracia en Venezuela le importa un “carajo” a Trump y sus halcones, pues lo que quieren en realidad son sus pozos petroleros y punto ¿O es que esa “opción militar” sería gratis y desinteresada? ¡Por favor! Estamos grandecitos para esos cuentos, ya sean del mundo de Beakman, o del mundo de Trump.
Qué vigencia cobra hoy en día la estrofa de la canción más conocida del grupo cuencano Sobrepeso: “ya no sé en quién creer, yo voy a explotar.” Por eso frente a la impostura de los falsos líderes: resistencia. Frente al cinismo del mundo de Trump: resistencia. Frente a los antivalores de quienes lo único que muestran es plata: resistencia. (O)

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