El irrenunciable derecho a la duda

En 1957, Henry Fonda protagonizó una de las más brillantes joyas del cine norteamericano, dentro de la categoría ‘cine jurídico’: ‘12 angry men’ –‘Doce hombres en pugna’-.Doce miembros del jurado deben resolver el destino de un joven acusado de asesinato: la silla eléctrica si lo encuentran culpable, o declarar su inocencia. En primera instancia, 11 miembros, en base a las evidencias presentadas durante el juicio, se pronuncian por la culpabilidad del acusado, el duodécimo expresa su duda.
En el Ecuador de hoy, vivimos un momento de trascendencia institucional bajo lo que podría reconocerse como consecuencia de la pandemia universal de la corrupción: “todo funcionario público es corrupto, mientras no se demuestre lo contrario”.
En la cárcel #4 de Quito guarda prisión preventiva el ciudadano Vicepresidente de la República, acusado de corrupción. ¿Cuáles son los indicios  que darían sustento a tal acusación? El más contundente: ha sido funcionario público durante los últimos diez años, a cargo de los proyectos estratégicos más importantes para el desarrollo económico del país. En torno a esta ‘evidencia’, se han presentado una serie de evidencias menores, destinadas a configurar en el imaginario público el perfil del ‘perfecto corrupto’: acusación de plagio en su tesis de graduación académica; información proveniente de la Fiscalía de los EE.UU. y del Brasil en torno al caso Odebrecht; y el inefable acoso permanente del poder mediático, nacional e internacional. A esto agréguese un hecho ‘incontrastable’: es sobrino de un corrupto declarado. ¿Puede quedar alguna duda?
De todos los indicios esgrimidos por la justicia, no se ha configurado hasta hoy una sola prueba irrefutable: el plagio fue desestimado por la Politécnica del Litoral; la vinculación con Odebrecht, constante en el expediente norteamericano, fue descartado en el mismo informe; la declaración del delator brasileño Jorge Conceiçao no tiene sustento, pues el perito que analizó el audio entregado no confirma que la persona supuestamente receptora del soborno sea Jorge Glas. Cada día que pasa, la ciudadanía puede constatar que el ‘debido proceso’, en este caso, se va convirtiendo en una ficción.
¿Cuáles las razones? En realidad solo puede ser una: política. No entendida desde la pertenencia a un partido político, sino a la labor realizada desde el ejercicio de la función pública. ¿A quién afecta la obra construida? El propio Lenín Moreno afirmó que su decisión de escoger a Jorge Glas como su vicepresidente respondió a la sugerencia de su nieto: ‘el señor de las hidroeléctricas’. Es el poder económico, nacional e internacional, el único afectado por la obra levantada por el Vicepresidente hoy preso, obra que responde al interés nacional en concordancia con la visión social de la Década Ganada.
¡Es responsabilidad moral y ética de la ciudadanía acogerse al derecho a la duda y exigir pruebas irrefutables! (O)

El irrenunciable derecho a la duda

En 1957, Henry Fonda protagonizó una de las más brillantes joyas del cine norteamericano, dentro de la categoría ‘cine jurídico’: ‘12 angry men’ –‘Doce hombres en pugna’-.Doce miembros del jurado deben resolver el destino de un joven acusado de asesinato: la silla eléctrica si lo encuentran culpable, o declarar su inocencia. En primera instancia, 11 miembros, en base a las evidencias presentadas durante el juicio, se pronuncian por la culpabilidad del acusado, el duodécimo expresa su duda.
En el Ecuador de hoy, vivimos un momento de trascendencia institucional bajo lo que podría reconocerse como consecuencia de la pandemia universal de la corrupción: “todo funcionario público es corrupto, mientras no se demuestre lo contrario”.
En la cárcel #4 de Quito guarda prisión preventiva el ciudadano Vicepresidente de la República, acusado de corrupción. ¿Cuáles son los indicios  que darían sustento a tal acusación? El más contundente: ha sido funcionario público durante los últimos diez años, a cargo de los proyectos estratégicos más importantes para el desarrollo económico del país. En torno a esta ‘evidencia’, se han presentado una serie de evidencias menores, destinadas a configurar en el imaginario público el perfil del ‘perfecto corrupto’: acusación de plagio en su tesis de graduación académica; información proveniente de la Fiscalía de los EE.UU. y del Brasil en torno al caso Odebrecht; y el inefable acoso permanente del poder mediático, nacional e internacional. A esto agréguese un hecho ‘incontrastable’: es sobrino de un corrupto declarado. ¿Puede quedar alguna duda?
De todos los indicios esgrimidos por la justicia, no se ha configurado hasta hoy una sola prueba irrefutable: el plagio fue desestimado por la Politécnica del Litoral; la vinculación con Odebrecht, constante en el expediente norteamericano, fue descartado en el mismo informe; la declaración del delator brasileño Jorge Conceiçao no tiene sustento, pues el perito que analizó el audio entregado no confirma que la persona supuestamente receptora del soborno sea Jorge Glas. Cada día que pasa, la ciudadanía puede constatar que el ‘debido proceso’, en este caso, se va convirtiendo en una ficción.
¿Cuáles las razones? En realidad solo puede ser una: política. No entendida desde la pertenencia a un partido político, sino a la labor realizada desde el ejercicio de la función pública. ¿A quién afecta la obra construida? El propio Lenín Moreno afirmó que su decisión de escoger a Jorge Glas como su vicepresidente respondió a la sugerencia de su nieto: ‘el señor de las hidroeléctricas’. Es el poder económico, nacional e internacional, el único afectado por la obra levantada por el Vicepresidente hoy preso, obra que responde al interés nacional en concordancia con la visión social de la Década Ganada.
¡Es responsabilidad moral y ética de la ciudadanía acogerse al derecho a la duda y exigir pruebas irrefutables! (O)