El impuesto a la salida de divisas -ISD

Algunos actores políticos y ciertos dirigentes gremiales consideran que la carga tributaria y la presión fiscal en nuestro país son demasiado altas. Creen que, ésta sería una de las causas fundamentales para que la inversión, tanto interna como extranjera, sea baja y huya permanentemente de las fronteras patrias en busca de tarifas tributarias más bajas (además, de seguridad jurídica y salarios más bajos). En la argumentación incluyen básicamente el anticipo del impuesto a la renta y el impuesto a la salida de divisas. El anticipo ha merecido una serie de revisiones y exoneraciones al punto de haberlo dejado prácticamente reducido -en cuanto a la obligación de pago total- a un pequeño segmento de contribuyentes, dependiendo de la facturación anual. La variante conceptual del anticipo -considerándolo como impuesto mínimo- respondió en su tiempo, sobre todo, a la imperiosa necesidad de controlar la evasión (que, para entonces, sobrepasaba el 60%). El objetivo, en buena medida, se cumplió. Se estima que la evasión se redujo a la mitad.
Respecto al Impuesto a la Salida de Divisas -ISD- fue creado en la Ley para la equidad tributaria de diciembre de 2007, luego, se incrementó, del 0.5 al 2% y posteriormente, se elevó al 5%. La dolarización de nuestro sistema monetario-cambiario fue la motivación central para la instauración de este impuesto; es decir, el ISD es claramente regulatorio, orientado, desde la perspectiva macroeconómica, a impedir la salida "innecesaria" de divisas. Nunca fue concebido como un impuesto meramente recaudatorio. Con el tiempo, hay que reconocer que se ha convertido, también, en recaudatorio. Al cabo de una década de su vigencia estoy convencido de su eficacia. De no haberse creado el ISD, la sostenibilidad del dólar como moneda liberatoria "obligatoria" habría enfrentado mayores dificultades que las que ha debido enfrentar. El punto de equilibrio, en términos conceptuales, podría pasar por desgravar -del ISD- las importaciones de bienes de capital, insumos y materias primas, cuya producción nacional no exista o sea insuficiente. No creo que la exoneración del pago de este impuesto a las inversiones nuevas sea una buena medida porque se rompería el principio de igualdad ante la ley; y, además, porque la repatriación de dividendos ya está exonerada, a menos que se lo transfiera a paraísos fiscales.
Vale recordar que, de los 1.000 millones de dólares anuales que se recaudan, se debe descontar el valor que hay que devolver a los exportadores -automáticamente- como drawback, cuyo instructivo está pendiente de aprobación por parte del Consejo Consultivo Productivo y Tributario.
Si no se entiende que la dolarización goza de buena salud en la medida en que ingrese al flujo monetario-financiero la suficiente cantidad de dólares como para garantizar el normal desenvolvimiento de la economía a nivel interno y externo. La salida indiscriminada de divisas, sin beneficio macroeconómico, peor cuando se trata de la llamada "fuga de capitales, que es un fenómeno in deseable para el país que se mantiene imparable, contribuye a la "anemia monetaria" que podría provocar una profunda recesión que pondría fin al sistema monetario y financiero, cuyos costos serían mucho mayores que aquellos que pagó la sociedad por culpa de las elites económicas y financieras junto al pésimo manejo de la política económica (incluida la independencia del banco central que se consagró en la Constitución de 1998). Así como la pérdida del Sucre, fue un crimen económico cometido con "premeditación y alevosía" no se descarta como hipótesis la posibilidad de que exista una preter-intención para poner fin a la dólarización, consiguiendo que sea un gobierno de izquierda quien firme el acta de defunción. Las derechas gritarían a los cuatro vientos que la "izquierda fracasó". No hay peor dolor en el infortunio que recordar los tiempos felices... ¡maldita nostalgia!...(O)

El impuesto a la salida de divisas -ISD

Algunos actores políticos y ciertos dirigentes gremiales consideran que la carga tributaria y la presión fiscal en nuestro país son demasiado altas. Creen que, ésta sería una de las causas fundamentales para que la inversión, tanto interna como extranjera, sea baja y huya permanentemente de las fronteras patrias en busca de tarifas tributarias más bajas (además, de seguridad jurídica y salarios más bajos). En la argumentación incluyen básicamente el anticipo del impuesto a la renta y el impuesto a la salida de divisas. El anticipo ha merecido una serie de revisiones y exoneraciones al punto de haberlo dejado prácticamente reducido -en cuanto a la obligación de pago total- a un pequeño segmento de contribuyentes, dependiendo de la facturación anual. La variante conceptual del anticipo -considerándolo como impuesto mínimo- respondió en su tiempo, sobre todo, a la imperiosa necesidad de controlar la evasión (que, para entonces, sobrepasaba el 60%). El objetivo, en buena medida, se cumplió. Se estima que la evasión se redujo a la mitad.
Respecto al Impuesto a la Salida de Divisas -ISD- fue creado en la Ley para la equidad tributaria de diciembre de 2007, luego, se incrementó, del 0.5 al 2% y posteriormente, se elevó al 5%. La dolarización de nuestro sistema monetario-cambiario fue la motivación central para la instauración de este impuesto; es decir, el ISD es claramente regulatorio, orientado, desde la perspectiva macroeconómica, a impedir la salida "innecesaria" de divisas. Nunca fue concebido como un impuesto meramente recaudatorio. Con el tiempo, hay que reconocer que se ha convertido, también, en recaudatorio. Al cabo de una década de su vigencia estoy convencido de su eficacia. De no haberse creado el ISD, la sostenibilidad del dólar como moneda liberatoria "obligatoria" habría enfrentado mayores dificultades que las que ha debido enfrentar. El punto de equilibrio, en términos conceptuales, podría pasar por desgravar -del ISD- las importaciones de bienes de capital, insumos y materias primas, cuya producción nacional no exista o sea insuficiente. No creo que la exoneración del pago de este impuesto a las inversiones nuevas sea una buena medida porque se rompería el principio de igualdad ante la ley; y, además, porque la repatriación de dividendos ya está exonerada, a menos que se lo transfiera a paraísos fiscales.
Vale recordar que, de los 1.000 millones de dólares anuales que se recaudan, se debe descontar el valor que hay que devolver a los exportadores -automáticamente- como drawback, cuyo instructivo está pendiente de aprobación por parte del Consejo Consultivo Productivo y Tributario.
Si no se entiende que la dolarización goza de buena salud en la medida en que ingrese al flujo monetario-financiero la suficiente cantidad de dólares como para garantizar el normal desenvolvimiento de la economía a nivel interno y externo. La salida indiscriminada de divisas, sin beneficio macroeconómico, peor cuando se trata de la llamada "fuga de capitales, que es un fenómeno in deseable para el país que se mantiene imparable, contribuye a la "anemia monetaria" que podría provocar una profunda recesión que pondría fin al sistema monetario y financiero, cuyos costos serían mucho mayores que aquellos que pagó la sociedad por culpa de las elites económicas y financieras junto al pésimo manejo de la política económica (incluida la independencia del banco central que se consagró en la Constitución de 1998). Así como la pérdida del Sucre, fue un crimen económico cometido con "premeditación y alevosía" no se descarta como hipótesis la posibilidad de que exista una preter-intención para poner fin a la dólarización, consiguiendo que sea un gobierno de izquierda quien firme el acta de defunción. Las derechas gritarían a los cuatro vientos que la "izquierda fracasó". No hay peor dolor en el infortunio que recordar los tiempos felices... ¡maldita nostalgia!...(O)