El imaginario y la dignidad

Sostiene Ishiguro que la dignidad es estar dispuestos a sacrificar una parte de nuestras vidas para alcanzar nuestras aspiraciones, considerando el hecho en sí, motivo de satisfacción y orgullo, cualquiera que sea el resultado, lo explica con poética elegancia cuando narra, desde las memorias de Stevenson: “la dignidad de un mayordomo está profundamente relacionada con su capacidad de ser fiel a la profesión que representa. El mayordomo mediocre, ante la menor provocación, antepondrá su persona a la profesión. Para estos individuos ser mayordomo es como interpretar un papel, y al menor tropiezo o a la más mínima provocación dejan caer la máscara para mostrar al actor que llevan dentro”.

Dignidad para ser, para prosperar, para luchar y conquistar, dignidad para soñar, para imaginar el futuro y caminar a su encuentro, dignidad como base constitutiva de los derechos, de las ideologías y las utopías, dignidad como base de los imaginarios en que intersecamos nuestras definiciones, nuestras autodefiniciones…

Y hablo de dignidad y lo hago desde la lectura de Ishiguro, por cuanto considero urgente convocar una reflexión profunda en torno a los referentes políticos y los contenidos de los diálogos, debates y agendas que hoy caminamos: privatización, concesión, eliminación de subsidios, amnistía tributaria, flexibilización laboral, créditos de estabilización a través del Fondo Monetario Internacional, algo suena a viejo, a repetido, a deja vu…

¿Cuál es la relación? ¿qué pretendo decir? ¿a dónde quiero llegar?

Algo pasó en el imaginario, hoy no existen referentes válidos de una izquierda progresista, el concepto se ha trasformado, la izquierda parecería no ser el camino de la solidaridad, ni el de la equidad, la izquierda ya no sería una posición ideológica intelectual, académica o progresista, no, nada de eso; izquierda en el imaginario social de nuestros pueblos es la posición populista, demagógica, irresponsable, retrógrada y perversa que somete pueblos a la dádiva de gobiernos paternalistas y corruptos…

Algo pasó en el imaginario, sin embargo, vuelvo sobre Ishiguro “creo que nuestra obligación es no ser derrotistas, y, nuestro deber es sin duda reflexionar profundamente sobre este tema con el fin de llegar a ser hombres dignos gracias a nuestros propios esfuerzos”.

Reconstruir el concepto de la izquierda en el corazón de cada uno, con liderazgos renovados, referentes del progreso solidario y equitativo que pretendemos construir; ese debe ser el punto de partida hacia un nuevo imaginario que nos devuelva la capacidad de convocarnos y movilizarnos para volver a tomar, repartir y construir poder ciudadano real y efectivo. (O)
Algo suena a viejo, a repetido, a deja vu…

El imaginario y la dignidad

Sostiene Ishiguro que la dignidad es estar dispuestos a sacrificar una parte de nuestras vidas para alcanzar nuestras aspiraciones, considerando el hecho en sí, motivo de satisfacción y orgullo, cualquiera que sea el resultado, lo explica con poética elegancia cuando narra, desde las memorias de Stevenson: “la dignidad de un mayordomo está profundamente relacionada con su capacidad de ser fiel a la profesión que representa. El mayordomo mediocre, ante la menor provocación, antepondrá su persona a la profesión. Para estos individuos ser mayordomo es como interpretar un papel, y al menor tropiezo o a la más mínima provocación dejan caer la máscara para mostrar al actor que llevan dentro”.

Dignidad para ser, para prosperar, para luchar y conquistar, dignidad para soñar, para imaginar el futuro y caminar a su encuentro, dignidad como base constitutiva de los derechos, de las ideologías y las utopías, dignidad como base de los imaginarios en que intersecamos nuestras definiciones, nuestras autodefiniciones…

Y hablo de dignidad y lo hago desde la lectura de Ishiguro, por cuanto considero urgente convocar una reflexión profunda en torno a los referentes políticos y los contenidos de los diálogos, debates y agendas que hoy caminamos: privatización, concesión, eliminación de subsidios, amnistía tributaria, flexibilización laboral, créditos de estabilización a través del Fondo Monetario Internacional, algo suena a viejo, a repetido, a deja vu…

¿Cuál es la relación? ¿qué pretendo decir? ¿a dónde quiero llegar?

Algo pasó en el imaginario, hoy no existen referentes válidos de una izquierda progresista, el concepto se ha trasformado, la izquierda parecería no ser el camino de la solidaridad, ni el de la equidad, la izquierda ya no sería una posición ideológica intelectual, académica o progresista, no, nada de eso; izquierda en el imaginario social de nuestros pueblos es la posición populista, demagógica, irresponsable, retrógrada y perversa que somete pueblos a la dádiva de gobiernos paternalistas y corruptos…

Algo pasó en el imaginario, sin embargo, vuelvo sobre Ishiguro “creo que nuestra obligación es no ser derrotistas, y, nuestro deber es sin duda reflexionar profundamente sobre este tema con el fin de llegar a ser hombres dignos gracias a nuestros propios esfuerzos”.

Reconstruir el concepto de la izquierda en el corazón de cada uno, con liderazgos renovados, referentes del progreso solidario y equitativo que pretendemos construir; ese debe ser el punto de partida hacia un nuevo imaginario que nos devuelva la capacidad de convocarnos y movilizarnos para volver a tomar, repartir y construir poder ciudadano real y efectivo. (O)
Algo suena a viejo, a repetido, a deja vu…