El IESS

Demasiadas especulaciones se tejen en torno al presente y futuro del IESS, llegándose al extremo de hablar de su eventual quiebra. Que los fondos tendrían los días contados, que el financiamiento es sostenible máximo hasta tal o cual año, que la cobertura de las prestaciones de salud o de las pensiones jubilares estaría garantizada, apenas para unos poquitos años, que los próximos jubilados ya no percibirían ni pensiones, ni atenciones médicos, etc., etc. Ante la escasa información e incertidumbre se está generado un pánico generalizado. Sin conocer los estudios actuariales y los balances debidamente auditados, resulta aventurado hablar de conclusiones definitivas.
Acertadamente, el Presidente del IESS ha propuesto un amplio diálogo que permita construir un pacto nacional por la seguridad social. Ha colocado para el debate algunos de los parámetros, hipótesis y problemas fundamentales relacionados con: la esperanza de vida, el des -financiamiento de la atención médica a los hijos menores de 18 años de edad de los afiliados, la edad de jubilación, la composición y destino de los aportes, etc. Efectivamente, suponer que pronto se agotarían los recursos financieros, incluidas las reservas y que el IESS se quedaría sin fondos para cubrir el conjunto de prestaciones, sería, definitivamente grave, prácticamente, equivaldría, en términos empresariales, a una quiebra. Es verdad que la Institución puede requerir de cuidados intensivos o de una cirugía mayor. Lo que no es verdad es que el IESS esté quebrado. Es indispensable un diagnóstico integral basado en el estudio actuarial que permita el diseño y ejecución de un programa de reestructuración y reingeniería de la seguridad social.
Por su puesto que eI IESS no es sostenible ni sustentable si se mantienen los mismos parámetros y variables del sistema vigente.
Lo delicado del tema obliga su tratamiento con la máxima seriedad, cautela y prudencia. Lo que debe quedar absolutamente claro es que la sociedad y, los afiliados en especial, no están dispuestos a ninguna solución que signifiqué la privatización de la seguridad social. El gobierno de Durán-Dahik ya lo intentaron, en consulta popular, el pueblo dijo que NO. En esos términos, lo recogió la Constitución de Montecristi. Mientras más demore la definición respecto a la nueva seguridad social, mayor será la incertidumbre y mayor será la acumulación e problemas. No se ve aún una luz en el túnel que garantice un razonable optimismo. Sólo sabemos, por ahora, que el IESS, por su gigantesco patrimonio y flujo de fondos que maneja, constituye para los privatizadores el octogenario más codiciado.

En especial respecto a: los aportes (personal, del empleador, del Estado) edad de jubilación, años de servicio, términos de la inclusión de la familia del afiliado (hijos menores de edad), seguro campesino, distribución de los aportes entre salud y pensiones, estructura demográfica de la población jubilada y afiliada y los demás riesgos que determinan la seguridad social. Consecuentemente, es urgente revisar tales hipótesis y parámetros. Podría contemplarse, por ejemplo, un Incremento gradual de la edad de jubilación a 65 años (la esperanza de vida ha crecido sustancialmente); aumentar, si es necesario, el porcentaje de aportes, cuando menos a quienes tengan hijos menores de edad, establecer algún aporte para la cobertura de salud de los jubilados o aclarar definitivamente y con precisión, quien y cuanto paga por la saludo de los jubilados y las enfermedades catastróficas. La actual administración del IESS garantiza que se construya -participativamente- un pacto social por la seguridad social tomando como ejes rectores los principios constitucionales de equidad, eficiencia solidaridad y universalidad. El pacto debe refrendarse en una nueva ley integral de la seguridad social que permita, de una vez por todas, avanzar, en serio, en un Estado y una sociedad de bienestar, justa, cohesionada, equitativa y solidaria.

La reconfortante presencia del nuevo Presidente del Consejo Superior, del Director General y del equipo directivo, por sus cualidades profesionales, éticas y humanas, estoy seguro, dejarán honda y positiva huella. Simultáneamente con la construcción colectiva de este Pacto Social, seguramente, la Administración, desplegará todos los esfuerzos para hacer del IESS, una Institución que le haga bien al país, alejada de la demagogia y de las opacidades, cercana a la gente, que trabaja con eficiencia y profunda sensibilidad social. Con fundadas razones, tengo pleno optimismo por un promisorio futuro del IESS. (O)

El IESS

Demasiadas especulaciones se tejen en torno al presente y futuro del IESS, llegándose al extremo de hablar de su eventual quiebra. Que los fondos tendrían los días contados, que el financiamiento es sostenible máximo hasta tal o cual año, que la cobertura de las prestaciones de salud o de las pensiones jubilares estaría garantizada, apenas para unos poquitos años, que los próximos jubilados ya no percibirían ni pensiones, ni atenciones médicos, etc., etc. Ante la escasa información e incertidumbre se está generado un pánico generalizado. Sin conocer los estudios actuariales y los balances debidamente auditados, resulta aventurado hablar de conclusiones definitivas.
Acertadamente, el Presidente del IESS ha propuesto un amplio diálogo que permita construir un pacto nacional por la seguridad social. Ha colocado para el debate algunos de los parámetros, hipótesis y problemas fundamentales relacionados con: la esperanza de vida, el des -financiamiento de la atención médica a los hijos menores de 18 años de edad de los afiliados, la edad de jubilación, la composición y destino de los aportes, etc. Efectivamente, suponer que pronto se agotarían los recursos financieros, incluidas las reservas y que el IESS se quedaría sin fondos para cubrir el conjunto de prestaciones, sería, definitivamente grave, prácticamente, equivaldría, en términos empresariales, a una quiebra. Es verdad que la Institución puede requerir de cuidados intensivos o de una cirugía mayor. Lo que no es verdad es que el IESS esté quebrado. Es indispensable un diagnóstico integral basado en el estudio actuarial que permita el diseño y ejecución de un programa de reestructuración y reingeniería de la seguridad social.
Por su puesto que eI IESS no es sostenible ni sustentable si se mantienen los mismos parámetros y variables del sistema vigente.
Lo delicado del tema obliga su tratamiento con la máxima seriedad, cautela y prudencia. Lo que debe quedar absolutamente claro es que la sociedad y, los afiliados en especial, no están dispuestos a ninguna solución que signifiqué la privatización de la seguridad social. El gobierno de Durán-Dahik ya lo intentaron, en consulta popular, el pueblo dijo que NO. En esos términos, lo recogió la Constitución de Montecristi. Mientras más demore la definición respecto a la nueva seguridad social, mayor será la incertidumbre y mayor será la acumulación e problemas. No se ve aún una luz en el túnel que garantice un razonable optimismo. Sólo sabemos, por ahora, que el IESS, por su gigantesco patrimonio y flujo de fondos que maneja, constituye para los privatizadores el octogenario más codiciado.

En especial respecto a: los aportes (personal, del empleador, del Estado) edad de jubilación, años de servicio, términos de la inclusión de la familia del afiliado (hijos menores de edad), seguro campesino, distribución de los aportes entre salud y pensiones, estructura demográfica de la población jubilada y afiliada y los demás riesgos que determinan la seguridad social. Consecuentemente, es urgente revisar tales hipótesis y parámetros. Podría contemplarse, por ejemplo, un Incremento gradual de la edad de jubilación a 65 años (la esperanza de vida ha crecido sustancialmente); aumentar, si es necesario, el porcentaje de aportes, cuando menos a quienes tengan hijos menores de edad, establecer algún aporte para la cobertura de salud de los jubilados o aclarar definitivamente y con precisión, quien y cuanto paga por la saludo de los jubilados y las enfermedades catastróficas. La actual administración del IESS garantiza que se construya -participativamente- un pacto social por la seguridad social tomando como ejes rectores los principios constitucionales de equidad, eficiencia solidaridad y universalidad. El pacto debe refrendarse en una nueva ley integral de la seguridad social que permita, de una vez por todas, avanzar, en serio, en un Estado y una sociedad de bienestar, justa, cohesionada, equitativa y solidaria.

La reconfortante presencia del nuevo Presidente del Consejo Superior, del Director General y del equipo directivo, por sus cualidades profesionales, éticas y humanas, estoy seguro, dejarán honda y positiva huella. Simultáneamente con la construcción colectiva de este Pacto Social, seguramente, la Administración, desplegará todos los esfuerzos para hacer del IESS, una Institución que le haga bien al país, alejada de la demagogia y de las opacidades, cercana a la gente, que trabaja con eficiencia y profunda sensibilidad social. Con fundadas razones, tengo pleno optimismo por un promisorio futuro del IESS. (O)