El gen de la inestabilidad

Visto

Lo público es aquello de interés o utilidad común a todos, algo que atañe a lo colectivo, a la comunidad y representa una garantía de cohesión social. Los países de mejor calidad de vida en el mundo se caracterizan por la alta conciencia de sus ciudadanos en relación a lo público. Por eso, de manera paralela a la persecución de todo acto corrupto debería protegerse su sentido e importancia ya que representa el interés de todos. Lastimosamente eso no está sucediendo en el Ecuador de hoy pues el sentido de lo público está siendo menoscabado brutalmente.
Por tal motivo poco a poco entramos nuevamente en aguas turbulentas, aquellas en las que hemos navegado desde la fundación republicana y que tan mal ha soportado la embarcación colectiva llamada sociedad, porque es el momento en el que aparecen aquellos expertos en pescar en aguas revueltas, falsos líderes ocultos tras bambalinas que no están ahí para defender el interés común sino para actuar en su propio favor. Para variar, usemos un “padre” de la patria como ejemplo.
Casi analfabeto, a los 30 años de edad Juan José Flores tuvo la oportunidad de fundar la naciente República del Ecuador al ser designado, tras el asesinato de Sucre, su primer presidente. Sin embargo, no ocupó sus mejores esfuerzos en organizar el gobierno, es decir la cosa pública, y en unificar las provincias del país sino en acumular riquezas y en mejorar su condición social personal casándose con una rica y aristocrática terrateniente, Mercedes Jijón.
Al final de su mandato, en medio de una crisis política que tempranamente ponía en riesgo al recién nacido país, Flores decide patear el tablero de sus contrincantes y envía secretamente una serie de cartas a la Reina de España, María Cristina de Borbón, viuda de Fernando VII, en las cuales solicita la restauración de la monarquía en Ecuador en la persona de Agustín Muñoz y de Borbón, hijo de la reina quien apenas contaba con 8 años ¿Cómo explicamos que nuestro primer presidente y héroe de la independencia conspirase a favor de la restauración monárquica? Simplemente porque eso le convenía.
El plan de Flores constaba de dos partes. En la primera se declaraba Príncipe de Ecuador al pequeño Agustín, bajo la regencia de su madre, doña María Cristina. En la segunda se le convertiría en monarca de un hipotético Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia, con trono en la ciudad de Quito. Flores tenía todo organizado pero sus planes, finalmente, se vinieron abajo, aunque continuaría intrigando hasta el fin de sus días.
Flores fundó así una forma de hacer política entre nosotros la cual creímos superada con el viejo país, pero en realidad ha perdurado hasta nuestros días pues se alimenta, cultiva y florece en el inoculado gen de la inestabilidad que destruye, indefectiblemente, el sentido y necesidad de lo público. (O)

El gen de la inestabilidad

Lo público es aquello de interés o utilidad común a todos, algo que atañe a lo colectivo, a la comunidad y representa una garantía de cohesión social. Los países de mejor calidad de vida en el mundo se caracterizan por la alta conciencia de sus ciudadanos en relación a lo público. Por eso, de manera paralela a la persecución de todo acto corrupto debería protegerse su sentido e importancia ya que representa el interés de todos. Lastimosamente eso no está sucediendo en el Ecuador de hoy pues el sentido de lo público está siendo menoscabado brutalmente.
Por tal motivo poco a poco entramos nuevamente en aguas turbulentas, aquellas en las que hemos navegado desde la fundación republicana y que tan mal ha soportado la embarcación colectiva llamada sociedad, porque es el momento en el que aparecen aquellos expertos en pescar en aguas revueltas, falsos líderes ocultos tras bambalinas que no están ahí para defender el interés común sino para actuar en su propio favor. Para variar, usemos un “padre” de la patria como ejemplo.
Casi analfabeto, a los 30 años de edad Juan José Flores tuvo la oportunidad de fundar la naciente República del Ecuador al ser designado, tras el asesinato de Sucre, su primer presidente. Sin embargo, no ocupó sus mejores esfuerzos en organizar el gobierno, es decir la cosa pública, y en unificar las provincias del país sino en acumular riquezas y en mejorar su condición social personal casándose con una rica y aristocrática terrateniente, Mercedes Jijón.
Al final de su mandato, en medio de una crisis política que tempranamente ponía en riesgo al recién nacido país, Flores decide patear el tablero de sus contrincantes y envía secretamente una serie de cartas a la Reina de España, María Cristina de Borbón, viuda de Fernando VII, en las cuales solicita la restauración de la monarquía en Ecuador en la persona de Agustín Muñoz y de Borbón, hijo de la reina quien apenas contaba con 8 años ¿Cómo explicamos que nuestro primer presidente y héroe de la independencia conspirase a favor de la restauración monárquica? Simplemente porque eso le convenía.
El plan de Flores constaba de dos partes. En la primera se declaraba Príncipe de Ecuador al pequeño Agustín, bajo la regencia de su madre, doña María Cristina. En la segunda se le convertiría en monarca de un hipotético Reino Unido de Ecuador, Perú y Bolivia, con trono en la ciudad de Quito. Flores tenía todo organizado pero sus planes, finalmente, se vinieron abajo, aunque continuaría intrigando hasta el fin de sus días.
Flores fundó así una forma de hacer política entre nosotros la cual creímos superada con el viejo país, pero en realidad ha perdurado hasta nuestros días pues se alimenta, cultiva y florece en el inoculado gen de la inestabilidad que destruye, indefectiblemente, el sentido y necesidad de lo público. (O)

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