El arribismo

“Hay muchas formas de prometer la luna, pero todas tienen como fin quitarte la tierra que pisas”, dice un conocido refrán español referido al ejercicio de una lamentable práctica que podría encabezar la lista de defectos ecuatorianos: el arribismo.
Sin duda donde el arribismo ecuatoriano se expresa con fuerza es en las clases medias urbanas, pues ellas tienen la preocupación constante por tener "roce"; por ir a los lugares donde está la gente que está más arriba; por mostrar que también se vale por lo que se tiene. En las ciudades ecuatorianas se encuentra casi siempre un grupo de personas que se pasa su vida haciendo cosas que detesta para conseguir dinero que no necesita y comprar cosas que no quiere para impresionar a gente que odia. La superficialidad y el arribismo, aunque obtengan algún éxito inmediato, no constituyen el auténtico bien de ninguna sociedad.
Este tipo de conducta es, sin duda, la expresión de un complejo de inferioridad que se manifiesta en la necesidad de obtener reconocimiento social basado en el estatus y la propiedad. Ser arribista es buscar vorazmente ese estatus y esa propiedad saltándose las etapas que conducen al uno y a la otra. Por ese motivo la expresión hace referencia a la persona que progresa en la vida a través de medios rápidos e inescrupulosos.
Como dice el autor colombiano Daniel Rojas Castro “para el o la arribista el carro, la ropa, las joyas o el apartamento constituyen las marcas de la distinción. La palabra, la inteligencia o la capacidad de trabajo son cosas que a lo sumo adornan lo primero, pero que jamás llegan a remplazarlo. Por eso ocurre que al estar rodeado de gente afectada por esta conducta pueda tenerse la sensación de que en medio de la pompa y el perfume no se dice nada, o que lo que se dice son puras pendejadas. El arribista tiene pavor del vacío y del silencio porque en esos registros ninguno de los atributos que se abroga tiene sentido. Por eso debe llenarlos con decenas de cosas o de pensamientos insignificantes. Por esa pasión frente a lo insignificante, el arribista es a menudo víctima de su propia estupidez y cree erróneamente que el estatus se puede adquirir con dinero.” 
La verdad es que sólo a fuerza de favores se conquista a los espíritus mezquinos, mientras a los corazones generosos se les gana con el afecto. Aunque no es menos cierto que cada cual mira los acontecimientos desde su esquina, con el rostro vuelto hacia la pared para no ver lo que no quiere. (O)
"Sólo a fuerza de favores se conquista a los espíritus mezquinos, mientras a los corazones generosos se les gana con el afecto."

El arribismo

“Hay muchas formas de prometer la luna, pero todas tienen como fin quitarte la tierra que pisas”, dice un conocido refrán español referido al ejercicio de una lamentable práctica que podría encabezar la lista de defectos ecuatorianos: el arribismo.
Sin duda donde el arribismo ecuatoriano se expresa con fuerza es en las clases medias urbanas, pues ellas tienen la preocupación constante por tener "roce"; por ir a los lugares donde está la gente que está más arriba; por mostrar que también se vale por lo que se tiene. En las ciudades ecuatorianas se encuentra casi siempre un grupo de personas que se pasa su vida haciendo cosas que detesta para conseguir dinero que no necesita y comprar cosas que no quiere para impresionar a gente que odia. La superficialidad y el arribismo, aunque obtengan algún éxito inmediato, no constituyen el auténtico bien de ninguna sociedad.
Este tipo de conducta es, sin duda, la expresión de un complejo de inferioridad que se manifiesta en la necesidad de obtener reconocimiento social basado en el estatus y la propiedad. Ser arribista es buscar vorazmente ese estatus y esa propiedad saltándose las etapas que conducen al uno y a la otra. Por ese motivo la expresión hace referencia a la persona que progresa en la vida a través de medios rápidos e inescrupulosos.
Como dice el autor colombiano Daniel Rojas Castro “para el o la arribista el carro, la ropa, las joyas o el apartamento constituyen las marcas de la distinción. La palabra, la inteligencia o la capacidad de trabajo son cosas que a lo sumo adornan lo primero, pero que jamás llegan a remplazarlo. Por eso ocurre que al estar rodeado de gente afectada por esta conducta pueda tenerse la sensación de que en medio de la pompa y el perfume no se dice nada, o que lo que se dice son puras pendejadas. El arribista tiene pavor del vacío y del silencio porque en esos registros ninguno de los atributos que se abroga tiene sentido. Por eso debe llenarlos con decenas de cosas o de pensamientos insignificantes. Por esa pasión frente a lo insignificante, el arribista es a menudo víctima de su propia estupidez y cree erróneamente que el estatus se puede adquirir con dinero.” 
La verdad es que sólo a fuerza de favores se conquista a los espíritus mezquinos, mientras a los corazones generosos se les gana con el afecto. Aunque no es menos cierto que cada cual mira los acontecimientos desde su esquina, con el rostro vuelto hacia la pared para no ver lo que no quiere. (O)
"Sólo a fuerza de favores se conquista a los espíritus mezquinos, mientras a los corazones generosos se les gana con el afecto."