Efraín Jara Idrovo

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“El radiograma decía/”tu hijo nació. Cómo hemos de llamarlo”/... /el radiograma decía/”tu hijo nació, envía su nombre”/... /el radiograma decía/”tu hijo nació. Cómo lo llamaremos”/... /en verdad/¿fue verdad?,/¿eras tu el que pendía de una cadena del higiénico/como seco mechón de sauce sobre el río?/ser ido/ser herido/sol diluido/suicida/”...¡EFRAIN JARA IDROVO HA MUERTO! Dicen que los poetas no mueren. Yo no lo sé. Lo que sí se es que la poesía no morirá jamás, mas aún si la poesía derrama desde el fondo del alma, torrentes de lágrimas, borbotones de sangre, siglos de sonrisa, gritos desesperados de dolor, espumantes bramidos oceánicos, desolación sin nombre, como la poesía de EFRAIN JARA IDROVO quien, con su pluma enriqueció las letras castellanas, letras que hoy visten de luto eterno. Su vida multifacética la dedicó a la meditación profunda, a la cátedra, a la poesía. Ya sea desde su Isla Floreana, el Colegio Benigno Malo o el Fray Vicente Solano, desde la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cuenca, en la Casa de la Cultura o desde varias publicaciones literarias, Jara contribuyó inmensamente al país. En 1947 publica ‘Tránsito en la Ceniza’ y posteriormente, sus lectores disfrutan de su profunda creación poética: Según muchas voces autorizadas, la Elegía titulada SOLLOZO POR PEDRO JARA constituye su obra cumbre. Para Rodríguez Castelo esta Elegía es justificación plena para que su poesía sea estudiada a nivel internacional. El extenso y hondo poema mueve, remueve, conmueve, hasta el tuétano dl alma. Un poema de esa talla sólo podía escribir alguien que sufrió en carne propia el dolor insoportable de la ausencia de un hijo, alguien que tenga los genes creadores de la palabra para decir lo que se siente muy adentro. Un poema así, sólo lo podía escribir EFRAIN JARA IDROVO. Allá por el 2006, un accidente afectó la integridad física del insigne poeta. Poco a poco se le fue carcomiendo la luz, poco a poco se ensombrecía la memoria. Al fin, apaciblemente se le apagó la vida. El se quedó sin luz, sin memoria, inerte. Pero deja memoria, luz y vida en sus mágicas palabras. Sus cenizas se mezclarán con las espumantes olas marinas de La Floreana, a lo mejor se transformen en sonoros cantos de piqueros de patas azules o en el “auauauau” lleno de coraje de una foca galapagueña o se adhieran a las rocas volcánicas y queden impregnadas en los milenarios senos volcánicos de las islas. (O)
Quedan un millón de palabras, sentidas, vividas, sufridas, pronunciadas, escritas por Efraín Jara ¡Hasta siempre!

Efraín Jara Idrovo

“El radiograma decía/”tu hijo nació. Cómo hemos de llamarlo”/... /el radiograma decía/”tu hijo nació, envía su nombre”/... /el radiograma decía/”tu hijo nació. Cómo lo llamaremos”/... /en verdad/¿fue verdad?,/¿eras tu el que pendía de una cadena del higiénico/como seco mechón de sauce sobre el río?/ser ido/ser herido/sol diluido/suicida/”...¡EFRAIN JARA IDROVO HA MUERTO! Dicen que los poetas no mueren. Yo no lo sé. Lo que sí se es que la poesía no morirá jamás, mas aún si la poesía derrama desde el fondo del alma, torrentes de lágrimas, borbotones de sangre, siglos de sonrisa, gritos desesperados de dolor, espumantes bramidos oceánicos, desolación sin nombre, como la poesía de EFRAIN JARA IDROVO quien, con su pluma enriqueció las letras castellanas, letras que hoy visten de luto eterno. Su vida multifacética la dedicó a la meditación profunda, a la cátedra, a la poesía. Ya sea desde su Isla Floreana, el Colegio Benigno Malo o el Fray Vicente Solano, desde la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Cuenca, en la Casa de la Cultura o desde varias publicaciones literarias, Jara contribuyó inmensamente al país. En 1947 publica ‘Tránsito en la Ceniza’ y posteriormente, sus lectores disfrutan de su profunda creación poética: Según muchas voces autorizadas, la Elegía titulada SOLLOZO POR PEDRO JARA constituye su obra cumbre. Para Rodríguez Castelo esta Elegía es justificación plena para que su poesía sea estudiada a nivel internacional. El extenso y hondo poema mueve, remueve, conmueve, hasta el tuétano dl alma. Un poema de esa talla sólo podía escribir alguien que sufrió en carne propia el dolor insoportable de la ausencia de un hijo, alguien que tenga los genes creadores de la palabra para decir lo que se siente muy adentro. Un poema así, sólo lo podía escribir EFRAIN JARA IDROVO. Allá por el 2006, un accidente afectó la integridad física del insigne poeta. Poco a poco se le fue carcomiendo la luz, poco a poco se ensombrecía la memoria. Al fin, apaciblemente se le apagó la vida. El se quedó sin luz, sin memoria, inerte. Pero deja memoria, luz y vida en sus mágicas palabras. Sus cenizas se mezclarán con las espumantes olas marinas de La Floreana, a lo mejor se transformen en sonoros cantos de piqueros de patas azules o en el “auauauau” lleno de coraje de una foca galapagueña o se adhieran a las rocas volcánicas y queden impregnadas en los milenarios senos volcánicos de las islas. (O)
Quedan un millón de palabras, sentidas, vividas, sufridas, pronunciadas, escritas por Efraín Jara ¡Hasta siempre!

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