EDOC 17


El festival de cine más importante de Ecuador tiene un nombre sugerente que vale la pena siempre recordar: encuentros del otro cine, de ahí sus siglas “edoc.” Se trata de un festival de cine documental cuya edición número 17 ha dado inicio en Quito. ¿A qué se refieren los organizadores con aquello del “otro cine”? Quiere decir que bajo ese rótulo llegan producciones de más de 50 países del mundo que escapan de la lógica de la pantagruélica industria del espectáculo, la cual nos ofrece fórmulas efectivas de entretenimiento pero vacías o superficiales.

Ojo, nadie está en contra de ese cine de tipo “montaña rusa” que se produce como salchichas, pero es importante saber hacer un lugar a propuestas que miran el mundo real más allá de las fantasías de los superhéroes hollywoodenses, todos ellos de nacionalidad, indefectiblemente, norteamericana. Los conflictos contemporáneos y la enorme diversidad humana demandan ópticas heteróclitas muchas veces no complacientes para entender nuestra compleja naturaleza. Tener una mirada crítica y reflexiva hoy es clave para interactuar en un mundo repleto de trampas y cortinas de humo.

La película inaugural escapó, esta vez, de una tradición de los Encuentros que ha propuesto al público producciones muy fuertes. La elección recayó en el título “Muchos hijos, un mono y un castillo”, de Gustavo Salmerón, una insólita y divertidísima historia familiar en forma de documental casero con la que el actor español volvía a ponerse tras la cámara, 15 años después de haber ganado ya un Goya, equivalente español al Oscar, con el corto “Desaliñada.”

La madre del cineasta es la gran protagonista del film. Pero aparte de una obra autobiográfica la película es un retrato de España y su historia a través de una mujer que es hija de una generación muy concreta: sus padres fueron maestros republicanos que vivieron la Guerra Civil, y ella, a su vez vive el Franquismo, la llamada Transición, la llegada de la democracia y la abdicación del rey, abarcando así casi todo el siglo XX. Todo ello en forma de un delirante relato familiar con un torbellino llamado Julita como protagonista.

Hay que destacar la heroica y sacrificada tarea de los organizadores para llevar adelante, cada año, una cita que ha puesto a Ecuador en el mapa mundial de festivales de cine y que, quizás como una ironía o paradoja que subraya su quijotesca naturaleza, ocurre en las mismas fechas del Festival de Cannes. Los EDOC merecen todo nuestro apoyo. (O)

EDOC 17


El festival de cine más importante de Ecuador tiene un nombre sugerente que vale la pena siempre recordar: encuentros del otro cine, de ahí sus siglas “edoc.” Se trata de un festival de cine documental cuya edición número 17 ha dado inicio en Quito. ¿A qué se refieren los organizadores con aquello del “otro cine”? Quiere decir que bajo ese rótulo llegan producciones de más de 50 países del mundo que escapan de la lógica de la pantagruélica industria del espectáculo, la cual nos ofrece fórmulas efectivas de entretenimiento pero vacías o superficiales.

Ojo, nadie está en contra de ese cine de tipo “montaña rusa” que se produce como salchichas, pero es importante saber hacer un lugar a propuestas que miran el mundo real más allá de las fantasías de los superhéroes hollywoodenses, todos ellos de nacionalidad, indefectiblemente, norteamericana. Los conflictos contemporáneos y la enorme diversidad humana demandan ópticas heteróclitas muchas veces no complacientes para entender nuestra compleja naturaleza. Tener una mirada crítica y reflexiva hoy es clave para interactuar en un mundo repleto de trampas y cortinas de humo.

La película inaugural escapó, esta vez, de una tradición de los Encuentros que ha propuesto al público producciones muy fuertes. La elección recayó en el título “Muchos hijos, un mono y un castillo”, de Gustavo Salmerón, una insólita y divertidísima historia familiar en forma de documental casero con la que el actor español volvía a ponerse tras la cámara, 15 años después de haber ganado ya un Goya, equivalente español al Oscar, con el corto “Desaliñada.”

La madre del cineasta es la gran protagonista del film. Pero aparte de una obra autobiográfica la película es un retrato de España y su historia a través de una mujer que es hija de una generación muy concreta: sus padres fueron maestros republicanos que vivieron la Guerra Civil, y ella, a su vez vive el Franquismo, la llamada Transición, la llegada de la democracia y la abdicación del rey, abarcando así casi todo el siglo XX. Todo ello en forma de un delirante relato familiar con un torbellino llamado Julita como protagonista.

Hay que destacar la heroica y sacrificada tarea de los organizadores para llevar adelante, cada año, una cita que ha puesto a Ecuador en el mapa mundial de festivales de cine y que, quizás como una ironía o paradoja que subraya su quijotesca naturaleza, ocurre en las mismas fechas del Festival de Cannes. Los EDOC merecen todo nuestro apoyo. (O)