Domingo

Visto

Domingo, seis de la tarde. Llega noche y como una suerte de reflejo, mentalmente hacemos un sucinto inventario de todo lo que hay que hacer durante esta nueva semana: trabajo, estudios, cosas de la casa, citas médicas y un largo etcétera. Ansiedad, angustia, nerviosismo, sí, todo estos síntomas advierten que ha empezado el Síndrome de Domingo por la Tarde.
El “síndrome” está tan extendido que encontramos en el idioma inglés diferentes acepciones que hacen referencia a este recurrente lapso semanal: “sunday night blues”, “sunday night depression”, “school bus blues”. Hasta el célebre Benedetti, ya en 1959 en su novela La Tregua, hace una impecable descripción de este sentimiento compartido:
“Si alguna vez me suicido será en domingo. Es el día más desalentador, el más insulso. Quisiera quedarme en la cama hasta tarde, por lo menos hasta las nueve o las diez, pero a las seis y media me despierto solo y ya no puedo pegar los ojos. A veces pienso qué haré cuando toda mi vida sea domingo”.
Este malestar, especialmente presente en las grandes ciudades, aparece en mayor medida en las personas que llevan un agitado ritmo de trabajo o estudios, o en aquellas almas libres que, luego de un agitado viernes y sábado, se enfrentan cara a cara con la resaca y la soledad. Pero, como toda patología, este síndrome ha sido ampliamente analizado por los profesionales de la medicina, quienes han planteado algunas medidas para paliar la recurrente tristeza dominical.
Para empezar, se puede aplicar la cura para todos los males del alma: la música (principalmente alegre o movida). Hacer ejercicio por la mañana también ayuda a que las tardes sean más relajadas. Retomar algún hobby o pasatiempo artístico permite “quemar tiempo” y terminar la semana sintiendo que hicimos algo productivo.
Para lo solitarios, este puede ser el momento oportuno para que hagas esas llamadas pendientes, contestes correos o visites a la familia. Eso te hará sentirte acompañado. Si es que realmente el estar con gente no es lo tuyo, quizá el diálogo interior y un resumen de los logros de la semana te hagan sentir más positivo.
En cualquier caso, evita la rutina. Planifica desde el viernes tu jornada de lunes y, ante todo, aprovecha el viernes y el sábado para que no llegues a este terrorífico período con la presión de terminar alguna actividad impostergable. No queda más. (O)
Este malestar, especialmente presente en las grandes ciudades, aparece en mayor medida en las personas que llevan un agitado ritmo.

Domingo

Domingo, seis de la tarde. Llega noche y como una suerte de reflejo, mentalmente hacemos un sucinto inventario de todo lo que hay que hacer durante esta nueva semana: trabajo, estudios, cosas de la casa, citas médicas y un largo etcétera. Ansiedad, angustia, nerviosismo, sí, todo estos síntomas advierten que ha empezado el Síndrome de Domingo por la Tarde.
El “síndrome” está tan extendido que encontramos en el idioma inglés diferentes acepciones que hacen referencia a este recurrente lapso semanal: “sunday night blues”, “sunday night depression”, “school bus blues”. Hasta el célebre Benedetti, ya en 1959 en su novela La Tregua, hace una impecable descripción de este sentimiento compartido:
“Si alguna vez me suicido será en domingo. Es el día más desalentador, el más insulso. Quisiera quedarme en la cama hasta tarde, por lo menos hasta las nueve o las diez, pero a las seis y media me despierto solo y ya no puedo pegar los ojos. A veces pienso qué haré cuando toda mi vida sea domingo”.
Este malestar, especialmente presente en las grandes ciudades, aparece en mayor medida en las personas que llevan un agitado ritmo de trabajo o estudios, o en aquellas almas libres que, luego de un agitado viernes y sábado, se enfrentan cara a cara con la resaca y la soledad. Pero, como toda patología, este síndrome ha sido ampliamente analizado por los profesionales de la medicina, quienes han planteado algunas medidas para paliar la recurrente tristeza dominical.
Para empezar, se puede aplicar la cura para todos los males del alma: la música (principalmente alegre o movida). Hacer ejercicio por la mañana también ayuda a que las tardes sean más relajadas. Retomar algún hobby o pasatiempo artístico permite “quemar tiempo” y terminar la semana sintiendo que hicimos algo productivo.
Para lo solitarios, este puede ser el momento oportuno para que hagas esas llamadas pendientes, contestes correos o visites a la familia. Eso te hará sentirte acompañado. Si es que realmente el estar con gente no es lo tuyo, quizá el diálogo interior y un resumen de los logros de la semana te hagan sentir más positivo.
En cualquier caso, evita la rutina. Planifica desde el viernes tu jornada de lunes y, ante todo, aprovecha el viernes y el sábado para que no llegues a este terrorífico período con la presión de terminar alguna actividad impostergable. No queda más. (O)
Este malestar, especialmente presente en las grandes ciudades, aparece en mayor medida en las personas que llevan un agitado ritmo.

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