Dilema en Brasil

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, afronta una disyuntiva de consecuencias desconocidas: o da marcha atrás en su intento por controlar el precio del diesel y calma al capital o mantiene su posición y apacigua a los camioneros, que amenazan con volver a paralizar el país como en mayo de 2018.


El mandatario se encuentra en un callejón sin salida después de vetar el aumento del precio del combustible, una decisión inesperada que enfureció a los mercados y ha puesto en jaque la supuesta visión liberal de su Gobierno. Bolsonaro, que ascendió a la Presidencia bendecido por los mercados y envuelto en la bandera del no intervencionismo, pidió la semana pasada a Petrobras, empresa estatal, pero con acciones negociadas en Nueva York, Madrid y Sao Paulo, que bloqueara el aumento del 5,7 % del precio del diesel en las refinerías.


La primera consecuencia fue el desplome de un 8 % en las acciones de la petrolera, que perdió, solo el pasado viernes unos 8.300 millones de dólares en valor de mercado. Todo eso resultó en el inicio de una crisis ideológica en el seno de un Gobierno, que se vendió al exterior como un ferviente defensor de la economía abierta, a pesar de estar liderado por un capitán en la reserva del Ejército -históricamente nacionalista- como Bolsonaro.  El presidente mantuvo el lunes una reunión con el ministro de Economía, Paulo Guedes, para intentar trazar una estrategia en conjunto, mientras el ministro de la Presidencia, Onyx Lorenzoni, se encontraba con el titular de Petrobras, Roberto Castello Branco.


Castello Branco dijo que aún no “hay ninguna decisión” sobre el reajuste, pero mandó un recado al Gobierno al subrayar que Petrobras tiene “vida propia” y es “libre” para tomar una decisión que él considera que compete a la empresa y no al Ejecutivo. Además, Guedes, no fue informado del veto en un primer momento, aunque luego comentó que si Bolsonaro -quien ha reconocido que “no entiende” de economía- “eventualmente hace alguna cosa que no sea muy razonable”, sería posible “arreglarlo”.

El problema no es nuevo para un presidente de Brasil. Fue una china en el zapato para Dilma Rousseff (2011-2016) y explotó en las manos de Michel Temer (2016-2018), cuando tuvo que hacer frente a la huelga camionera. Con Rousseff, Petrobras congeló varias veces los precios del diesel en las refinerías, pese a que por aquel entonces el valor de mercado del barril del petróleo estaba al alza. Una decisión entonces coherente con su posición ideológica. (O)
Intervencio-nismo o libre mercado, Bolsonaro ante su primer dilema ideológico desde que asumió la Presidencia.

Dilema en Brasil

El presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, afronta una disyuntiva de consecuencias desconocidas: o da marcha atrás en su intento por controlar el precio del diesel y calma al capital o mantiene su posición y apacigua a los camioneros, que amenazan con volver a paralizar el país como en mayo de 2018.


El mandatario se encuentra en un callejón sin salida después de vetar el aumento del precio del combustible, una decisión inesperada que enfureció a los mercados y ha puesto en jaque la supuesta visión liberal de su Gobierno. Bolsonaro, que ascendió a la Presidencia bendecido por los mercados y envuelto en la bandera del no intervencionismo, pidió la semana pasada a Petrobras, empresa estatal, pero con acciones negociadas en Nueva York, Madrid y Sao Paulo, que bloqueara el aumento del 5,7 % del precio del diesel en las refinerías.


La primera consecuencia fue el desplome de un 8 % en las acciones de la petrolera, que perdió, solo el pasado viernes unos 8.300 millones de dólares en valor de mercado. Todo eso resultó en el inicio de una crisis ideológica en el seno de un Gobierno, que se vendió al exterior como un ferviente defensor de la economía abierta, a pesar de estar liderado por un capitán en la reserva del Ejército -históricamente nacionalista- como Bolsonaro.  El presidente mantuvo el lunes una reunión con el ministro de Economía, Paulo Guedes, para intentar trazar una estrategia en conjunto, mientras el ministro de la Presidencia, Onyx Lorenzoni, se encontraba con el titular de Petrobras, Roberto Castello Branco.


Castello Branco dijo que aún no “hay ninguna decisión” sobre el reajuste, pero mandó un recado al Gobierno al subrayar que Petrobras tiene “vida propia” y es “libre” para tomar una decisión que él considera que compete a la empresa y no al Ejecutivo. Además, Guedes, no fue informado del veto en un primer momento, aunque luego comentó que si Bolsonaro -quien ha reconocido que “no entiende” de economía- “eventualmente hace alguna cosa que no sea muy razonable”, sería posible “arreglarlo”.

El problema no es nuevo para un presidente de Brasil. Fue una china en el zapato para Dilma Rousseff (2011-2016) y explotó en las manos de Michel Temer (2016-2018), cuando tuvo que hacer frente a la huelga camionera. Con Rousseff, Petrobras congeló varias veces los precios del diesel en las refinerías, pese a que por aquel entonces el valor de mercado del barril del petróleo estaba al alza. Una decisión entonces coherente con su posición ideológica. (O)
Intervencio-nismo o libre mercado, Bolsonaro ante su primer dilema ideológico desde que asumió la Presidencia.