Diana

Quizás estos días deben ser de los mas oscuros en la vida republicana de este país, cuando alguien pretenda hacer una reflexión que se circunscriba a los hechos de estos días. Así, Diana representa la violencia de género que es parte de la estructura de la matriz civilizadora, que se manifiesta en las miles de violaciones y muertes de mujeres. Diana es la manifestación de esa falta de accionar de nuestras autoridades al crear políticas publicas que garanticen una seguridad ciudadana adecuada que evite la multiplicidad de delitos que a diario se cometen contra mujeres. Diana es el resultado de la eterna pasividad del gobierno en cuanto a la necesaria incorporación de materias con enfoque de género, que permitan ir controvirtiendo, y eliminando los estereotipos machistas en que se forman hombres y mujeres.


Diana es una víctima mas de esta sociedad profundamente misógina que todos los días les recrimina a las mujeres que la violencia que sufren, es generada por como salen vestidas, por como bailan o por si consumen una bebida alcohólica, buscando responsabilizarlas y justificar a sus victimarios.
Diana se convirtió en la razón principal que el gobierno necesitaba para endilgarle al mas débil la responsabilidad de los males de este país. Diana, en su nombre se justifico la creación de “brigadas” que para el populacho fue la venia que necesitaban para hacer lo que esas masas repletas de venganza querían: descargar su frustración y odio sobre mujeres y niños indefensos. Diana una vez mas era víctima, de las brigadas de bárbaros que encontraron en las hermanas y hermanos venezolanos, un chivo expiatorio perfecto para ser los únicos asesinos y violadores de mujeres, y al mejor estilo de la década los treinta del siglo pasado, en la Alemania nazi, quemar sus pocas pertenencias.


No obstante, Diana también se erigía en una mártir de las que día a día surgen para no ser olvidadas, que son parte de la lucha contra el patriarcado. Diana despertó a miles de voces que, a diferencia de los bárbaros, se tomaron las calles contra el femicidio y la xenofobia, para defender los derechos humanos.
Diana ahora será el símbolo de que es hora de recuperar la racionalidad, de defender no la mayor punitividad del Estado, ni más penas, sino soluciones que combatan los problemas de raíz que son propios del sistema capitalista y su estructura patriarcal, racista y colonial. (O)

Diana

Quizás estos días deben ser de los mas oscuros en la vida republicana de este país, cuando alguien pretenda hacer una reflexión que se circunscriba a los hechos de estos días. Así, Diana representa la violencia de género que es parte de la estructura de la matriz civilizadora, que se manifiesta en las miles de violaciones y muertes de mujeres. Diana es la manifestación de esa falta de accionar de nuestras autoridades al crear políticas publicas que garanticen una seguridad ciudadana adecuada que evite la multiplicidad de delitos que a diario se cometen contra mujeres. Diana es el resultado de la eterna pasividad del gobierno en cuanto a la necesaria incorporación de materias con enfoque de género, que permitan ir controvirtiendo, y eliminando los estereotipos machistas en que se forman hombres y mujeres.


Diana es una víctima mas de esta sociedad profundamente misógina que todos los días les recrimina a las mujeres que la violencia que sufren, es generada por como salen vestidas, por como bailan o por si consumen una bebida alcohólica, buscando responsabilizarlas y justificar a sus victimarios.
Diana se convirtió en la razón principal que el gobierno necesitaba para endilgarle al mas débil la responsabilidad de los males de este país. Diana, en su nombre se justifico la creación de “brigadas” que para el populacho fue la venia que necesitaban para hacer lo que esas masas repletas de venganza querían: descargar su frustración y odio sobre mujeres y niños indefensos. Diana una vez mas era víctima, de las brigadas de bárbaros que encontraron en las hermanas y hermanos venezolanos, un chivo expiatorio perfecto para ser los únicos asesinos y violadores de mujeres, y al mejor estilo de la década los treinta del siglo pasado, en la Alemania nazi, quemar sus pocas pertenencias.


No obstante, Diana también se erigía en una mártir de las que día a día surgen para no ser olvidadas, que son parte de la lucha contra el patriarcado. Diana despertó a miles de voces que, a diferencia de los bárbaros, se tomaron las calles contra el femicidio y la xenofobia, para defender los derechos humanos.
Diana ahora será el símbolo de que es hora de recuperar la racionalidad, de defender no la mayor punitividad del Estado, ni más penas, sino soluciones que combatan los problemas de raíz que son propios del sistema capitalista y su estructura patriarcal, racista y colonial. (O)