Diálogo Nacional

“El principio de la vida política está en la autoridad soberana. El poder legislativo es el corazón del Estado; el poder ejecutivo, el cerebro que da movimiento a todas las partes. El cerebro puede sufrir una parálisis y el individuo seguir viviendo”. Esta idea extraída de la obra de Juan Jacobo Rousseau ‘El Contrato Social’ es la esencia del Estado Moderno, consolidado a la par que la burguesía y el fortalecimiento de la economía política. He aquí por qué el legislativo es el Primer Poder del Estado, no por las leyes en sí, sino por la labor legislativa que permite renovarlas para garantizar la supervivencia del siempre dinámico cuerpo social.
El conflictivo momento al que asiste el mundo en su conjunto, incluido nuestro país lógicamente, reclama con urgencia renovar este principio político, es decir consultar con mayor decisión al soberano que es quien en definitiva otorga la legitimidad. No se trata solamente de asistir regularmente a los procesos electorales, sino de legislar en atención a los requerimientos actuales de la sociedad en cada país, pero también y básicamente, en observancia de las transformaciones que han sido generadas por las nuevas condiciones de la producción material a nivel mundial. Hoy es evidente que prácticamente ningún rincón del globo terrestre está al margen de esta conflictividad: la Unión Europea apenas puede sostenerse; la OEA ya no juega ningún rol en las relaciones interamericanas; la propia ONU ha perdido su voz. En contrapartida, para nadie es ajena la realidad del surgimiento de nuevas alianzas basadas en el intercambio comercial mutuamente beneficioso y el manejo de nuevos signos monetarios.
¿Es posible apelar al pensamiento de Rousseau? La clave siempre radica en la autoridad soberana. En el caso de un Estado Nacional, no son los acuerdos de grupos sociales, aún aquellos que se sustenten en buenas intenciones, los capaces de garantizar absolutamente nada, pues se trata de compromisos que de ninguna manera tiene el carácter de ley, que únicamente lo otorga el poder legislativo y, mejor aún, si se trata del poder originario: la Asamblea Constituyente. En el campo internacional es hora ya de que la comunidad de Estados Nacionales avancen hacia la constitución de nuevos organismos basados en la soberanía de cada uno de ellos, solo así será posible afianzar las alianzas multinacionales y garantizar la PAZ mundial. Abramos paso a la nueva realidad que está al orden del día. (O)
De este modo, este solo hecho indiscutible responde a todas las dificultades: de lo existente a lo posible. J. J. Rousseau

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“El principio de la vida política está en la autoridad soberana. El poder legislativo es el corazón del Estado; el poder ejecutivo, el cerebro que da movimiento a todas las partes. El cerebro puede sufrir una parálisis y el individuo seguir viviendo”. Esta idea extraída de la obra de Juan Jacobo Rousseau ‘El Contrato Social’ es la esencia del Estado Moderno, consolidado a la par que la burguesía y el fortalecimiento de la economía política. He aquí por qué el legislativo es el Primer Poder del Estado, no por las leyes en sí, sino por la labor legislativa que permite renovarlas para garantizar la supervivencia del siempre dinámico cuerpo social.
El conflictivo momento al que asiste el mundo en su conjunto, incluido nuestro país lógicamente, reclama con urgencia renovar este principio político, es decir consultar con mayor decisión al soberano que es quien en definitiva otorga la legitimidad. No se trata solamente de asistir regularmente a los procesos electorales, sino de legislar en atención a los requerimientos actuales de la sociedad en cada país, pero también y básicamente, en observancia de las transformaciones que han sido generadas por las nuevas condiciones de la producción material a nivel mundial. Hoy es evidente que prácticamente ningún rincón del globo terrestre está al margen de esta conflictividad: la Unión Europea apenas puede sostenerse; la OEA ya no juega ningún rol en las relaciones interamericanas; la propia ONU ha perdido su voz. En contrapartida, para nadie es ajena la realidad del surgimiento de nuevas alianzas basadas en el intercambio comercial mutuamente beneficioso y el manejo de nuevos signos monetarios.
¿Es posible apelar al pensamiento de Rousseau? La clave siempre radica en la autoridad soberana. En el caso de un Estado Nacional, no son los acuerdos de grupos sociales, aún aquellos que se sustenten en buenas intenciones, los capaces de garantizar absolutamente nada, pues se trata de compromisos que de ninguna manera tiene el carácter de ley, que únicamente lo otorga el poder legislativo y, mejor aún, si se trata del poder originario: la Asamblea Constituyente. En el campo internacional es hora ya de que la comunidad de Estados Nacionales avancen hacia la constitución de nuevos organismos basados en la soberanía de cada uno de ellos, solo así será posible afianzar las alianzas multinacionales y garantizar la PAZ mundial. Abramos paso a la nueva realidad que está al orden del día. (O)
De este modo, este solo hecho indiscutible responde a todas las dificultades: de lo existente a lo posible. J. J. Rousseau