“Dialogar como principio de construcción social”

Acertado y oportuno el comentario de la Secretaria General de AP. Nadie puede oponerse al diálogo, lo importante, como en toda actividad humana, es ‘para qué’ y `cómo’.
La historia del desarrollo de la sociedad es rica en el avance de los estudios y de los logros en la comprensión del comportamiento humano, tanto individual como social en su conjunto. Ya en los albores del s.XX, José Ingenieros explicaba en su obra ‘La simulación en la lucha por la vida’ que “La evolución y prosperidad de los grupos sociales depende en mucha parte del grado de desenvolvimiento de su capacidad productiva”, es decir, es la producción social la que en última instancia define el comportamiento de los diferentes grupos sociales. Es a partir de este concepto como debemos entender la política que, como lo ha reiterado Rafael Correa, es esencialmente una ciencia económica.
Los cambios históricos que llegaron, particularmente para América Latina, con los gloriosos ‘años 60’, significaron también un sacudón para quienes consideraban a nuestra Patria Grande su ‘patio trasero’. Hay que reconocerlo, el estudio del comportamiento social tomó impulso precisamente en la academia estadounidense. El Departamento de Estado involucró a diversas universidades del continente en el perfeccionamiento del tristemente célebre “Plan Camelot” que, finalmente resultó el mayor y más completo estudio de lo que a inicios de la década del 90 se concretó en el Primer Congreso de Antropología Social. Entendieron bien lo que José Ingenieros había puntualizado: [En la evolución humana el antagonismo se atenúa y la asociación aumenta; con ésta crece la solidaridad, disminuyendo los medios de violentos de lucha por la vida, sustituidos por medios fraudulentos; o, como suele decirse, “la violencia se transforma en fraude”].
A partir de entonces, la academia manejada por el Departamento de Estado a través de diversas instancias, como por ejemplo el American Project, ha preparado centenares de sociólogos y politólogos especialistas bajo diferentes denominaciones pero con el mismo objetivo: manejar los conflictos sociales. No se trata de eliminar la conflictividad social que siempre ha existido y seguirá existiendo, se trata de manejar esa conflictividad en función de los intereses del gran capital y de las grandes transnacionales. Tampoco significa que renuncian a la violencia, los hechos cotidianos demuestran que están dispuestos a utilizarla cuando el fraude ya no les dé resultado.
En abril, mes de primavera, el soberano eligió a sus gobernantes y sabe que debe respetar su estilo. Pero, como dicen en mi llacta, en la fiesta el dueño de casa es quien pone la música. (O)

“Dialogar como principio de construcción social”

Acertado y oportuno el comentario de la Secretaria General de AP. Nadie puede oponerse al diálogo, lo importante, como en toda actividad humana, es ‘para qué’ y `cómo’.
La historia del desarrollo de la sociedad es rica en el avance de los estudios y de los logros en la comprensión del comportamiento humano, tanto individual como social en su conjunto. Ya en los albores del s.XX, José Ingenieros explicaba en su obra ‘La simulación en la lucha por la vida’ que “La evolución y prosperidad de los grupos sociales depende en mucha parte del grado de desenvolvimiento de su capacidad productiva”, es decir, es la producción social la que en última instancia define el comportamiento de los diferentes grupos sociales. Es a partir de este concepto como debemos entender la política que, como lo ha reiterado Rafael Correa, es esencialmente una ciencia económica.
Los cambios históricos que llegaron, particularmente para América Latina, con los gloriosos ‘años 60’, significaron también un sacudón para quienes consideraban a nuestra Patria Grande su ‘patio trasero’. Hay que reconocerlo, el estudio del comportamiento social tomó impulso precisamente en la academia estadounidense. El Departamento de Estado involucró a diversas universidades del continente en el perfeccionamiento del tristemente célebre “Plan Camelot” que, finalmente resultó el mayor y más completo estudio de lo que a inicios de la década del 90 se concretó en el Primer Congreso de Antropología Social. Entendieron bien lo que José Ingenieros había puntualizado: [En la evolución humana el antagonismo se atenúa y la asociación aumenta; con ésta crece la solidaridad, disminuyendo los medios de violentos de lucha por la vida, sustituidos por medios fraudulentos; o, como suele decirse, “la violencia se transforma en fraude”].
A partir de entonces, la academia manejada por el Departamento de Estado a través de diversas instancias, como por ejemplo el American Project, ha preparado centenares de sociólogos y politólogos especialistas bajo diferentes denominaciones pero con el mismo objetivo: manejar los conflictos sociales. No se trata de eliminar la conflictividad social que siempre ha existido y seguirá existiendo, se trata de manejar esa conflictividad en función de los intereses del gran capital y de las grandes transnacionales. Tampoco significa que renuncian a la violencia, los hechos cotidianos demuestran que están dispuestos a utilizarla cuando el fraude ya no les dé resultado.
En abril, mes de primavera, el soberano eligió a sus gobernantes y sabe que debe respetar su estilo. Pero, como dicen en mi llacta, en la fiesta el dueño de casa es quien pone la música. (O)