Desgracias totales

La llegada por la vía electoral de un sujeto no solo abiertamente racista sino fascista al poder en Brasil es una desgracia total. No solo para la región sino para el mundo. Indudablemente, el hecho de que ese haya sido el camino para 51 millones de brasileños es algo que entristece aún más, cualquiera sea la justificación que los motivó en esa dirección, porque, en retrospectiva, las razones por las que los pueblos italiano y alemán hicieron una elección parecida hace exactamente cien años atrás, demonizando una parte de la sociedad como causante de todos los males, demostró históricamente estar equivocada. No hay que ser astrólogo para predecir que se verán repetidos males de un fascismo de nuevo cuño. La pregunta seria es cómo se produce el equívoco de millones de personas a la vez y el rol que juegan hoy en día expertos en manipulación de redes sociales, como ha sido admitido por Facebook y otras compañías, es sin duda una parte de la respuesta que nos permite comprender los por qué del impresionante y brutal resurgimiento del fantasma totalitario de hace cien años, aquel que permitió la llegada de Hitler y Mussolini al poder y que hoy hace posible la llegada de Bolsonaro, aupados en un fascismo que se presenta como la única alternativa ante la aparente y manipulada amenaza del caos comunista y donde el combate a la corrupción no deja de ser un slogan convenientemente utilizado. Porque si se quisiera realmente luchar contra la lacra de coimas, comisiones y porcentajes en la contratación pública se empezaría por prohibir realmente los paraísos o guaridas fiscales donde se oculta el dinero mal habido de las izquierdas y las derechas del mundo. Lo cierto es que por primera vez, en el ejercicio pleno de la soberanía popular, llega al poder en Brasil un ex militar que desde hace 27 años ejerce como diputado nacional, fustigando la institucionalidad democrática, realizando una escandalosa apología de la tortura y de los torturadores, de las dictaduras y de los dictadores. En definitiva, 30 años después del fin de una dictadura que duró 21 años, Brasil nuevamente consagra un estado de excepción, autoritario y despótico, sustentado ahora en la legalidad democrática. Por tal motivo vencer al fascismo de cada día debe ser siempre un imperativo ético y político que nos una para evitar la desgracia total de que nuestras democracias se degraden, se fragilicen y se transformen en la mueca desfigurada de una libertad que silenciosamente se escurre de nuestros corazones y almas. (O)
Vencer al fascismo debe ser siempre un imperativo ético y político para evitar la desgracia de que nuestras democracias se degraden.

Desgracias totales

La llegada por la vía electoral de un sujeto no solo abiertamente racista sino fascista al poder en Brasil es una desgracia total. No solo para la región sino para el mundo. Indudablemente, el hecho de que ese haya sido el camino para 51 millones de brasileños es algo que entristece aún más, cualquiera sea la justificación que los motivó en esa dirección, porque, en retrospectiva, las razones por las que los pueblos italiano y alemán hicieron una elección parecida hace exactamente cien años atrás, demonizando una parte de la sociedad como causante de todos los males, demostró históricamente estar equivocada. No hay que ser astrólogo para predecir que se verán repetidos males de un fascismo de nuevo cuño. La pregunta seria es cómo se produce el equívoco de millones de personas a la vez y el rol que juegan hoy en día expertos en manipulación de redes sociales, como ha sido admitido por Facebook y otras compañías, es sin duda una parte de la respuesta que nos permite comprender los por qué del impresionante y brutal resurgimiento del fantasma totalitario de hace cien años, aquel que permitió la llegada de Hitler y Mussolini al poder y que hoy hace posible la llegada de Bolsonaro, aupados en un fascismo que se presenta como la única alternativa ante la aparente y manipulada amenaza del caos comunista y donde el combate a la corrupción no deja de ser un slogan convenientemente utilizado. Porque si se quisiera realmente luchar contra la lacra de coimas, comisiones y porcentajes en la contratación pública se empezaría por prohibir realmente los paraísos o guaridas fiscales donde se oculta el dinero mal habido de las izquierdas y las derechas del mundo. Lo cierto es que por primera vez, en el ejercicio pleno de la soberanía popular, llega al poder en Brasil un ex militar que desde hace 27 años ejerce como diputado nacional, fustigando la institucionalidad democrática, realizando una escandalosa apología de la tortura y de los torturadores, de las dictaduras y de los dictadores. En definitiva, 30 años después del fin de una dictadura que duró 21 años, Brasil nuevamente consagra un estado de excepción, autoritario y despótico, sustentado ahora en la legalidad democrática. Por tal motivo vencer al fascismo de cada día debe ser siempre un imperativo ético y político que nos una para evitar la desgracia total de que nuestras democracias se degraden, se fragilicen y se transformen en la mueca desfigurada de una libertad que silenciosamente se escurre de nuestros corazones y almas. (O)
Vencer al fascismo debe ser siempre un imperativo ético y político para evitar la desgracia de que nuestras democracias se degraden.