Democracia y Rousseau

Es el gobierno directo del pueblo, decía el filósofo suizo, uno de los padres (no había madres entonces) de la Ilustración a pesar de sus pésimas relaciones con otras figuras del momento, especialmente con François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire. El iluminismo acompañó el ascenso de la burguesía europea que, en el caso francés, acabó con su centenaria monarquía degollando nobles y plebeyos a diestra y siniestra.
Rousseau, a quien muchos consideran un precursor del socialismo, defendía un sistema en que todos los ciudadanos, libres e iguales, puedan manifestar su voluntad hasta obtener un acuerdo común. Se trata del contrato social, base de la convivencia ciudadana moderna. Dos siglos y medio han pasado desde la formulación de aquellas ideas y el mundo contemporáneo padece, globalmente, una enorme degradación de la vida democrática. La relación entre democracia y capitalismo, nacida en la Ilustración, está en crisis terminal. No importa dónde se mire.
A Rousseau se le critica por creer que, por naturaleza, el hombre que no ha sido tocado por la civilización, es bueno y sociable. Defendía ardorosamente la sociabilidad y voluntad natural de las personas y por esa razón estuvo en contra de la educación formal. Rousseau proponía una formación individual a través de un preceptor que debía únicamente guiar los instintos naturales del alumno. Vaya ingenuidad ¿no? La maldad del mundo contemporáneo lo contradice diariamente como recordando que debió huir de París cuando publicó tan subversivas ideas.
A pesar de ello, a pesar de sufrir la persecución en vida, como suele sucederle a los pensadores revolucionarios, las ideas del filósofo están en la base del surgimiento de la figura del ciudadano, antes simple plebeyo, y del ascenso de las libertades, los derechos individuales y la razón como valores máximos de la sociedad moderna.
Hoy, con todos los pactos rotos gracias una globalización que homogeniza sociedades y culturas, transformando ciudadanos en bobos consumidores, es fundamental pensar en un nuevo contrato social ya que, sin exagerar, la supervivencia de la especie depende de ello y no hay que ser Rousseau para darse cuenta. Necesitamos globalmente un nuevo contrato social que permita conformar proyectos de países duraderos y sostenibles, que cuiden la naturaleza y el planeta entero, generando progreso estable para todas y todos lo cual implica, para empezar, respetar las reglas básicas de la democracia. (O)
A Rousseau se le critica por creer que, por naturaleza, el hombre que no ha sido tocado por la civilización, es bueno y sociable.

Democracia y Rousseau

Es el gobierno directo del pueblo, decía el filósofo suizo, uno de los padres (no había madres entonces) de la Ilustración a pesar de sus pésimas relaciones con otras figuras del momento, especialmente con François-Marie Arouet, más conocido como Voltaire. El iluminismo acompañó el ascenso de la burguesía europea que, en el caso francés, acabó con su centenaria monarquía degollando nobles y plebeyos a diestra y siniestra.
Rousseau, a quien muchos consideran un precursor del socialismo, defendía un sistema en que todos los ciudadanos, libres e iguales, puedan manifestar su voluntad hasta obtener un acuerdo común. Se trata del contrato social, base de la convivencia ciudadana moderna. Dos siglos y medio han pasado desde la formulación de aquellas ideas y el mundo contemporáneo padece, globalmente, una enorme degradación de la vida democrática. La relación entre democracia y capitalismo, nacida en la Ilustración, está en crisis terminal. No importa dónde se mire.
A Rousseau se le critica por creer que, por naturaleza, el hombre que no ha sido tocado por la civilización, es bueno y sociable. Defendía ardorosamente la sociabilidad y voluntad natural de las personas y por esa razón estuvo en contra de la educación formal. Rousseau proponía una formación individual a través de un preceptor que debía únicamente guiar los instintos naturales del alumno. Vaya ingenuidad ¿no? La maldad del mundo contemporáneo lo contradice diariamente como recordando que debió huir de París cuando publicó tan subversivas ideas.
A pesar de ello, a pesar de sufrir la persecución en vida, como suele sucederle a los pensadores revolucionarios, las ideas del filósofo están en la base del surgimiento de la figura del ciudadano, antes simple plebeyo, y del ascenso de las libertades, los derechos individuales y la razón como valores máximos de la sociedad moderna.
Hoy, con todos los pactos rotos gracias una globalización que homogeniza sociedades y culturas, transformando ciudadanos en bobos consumidores, es fundamental pensar en un nuevo contrato social ya que, sin exagerar, la supervivencia de la especie depende de ello y no hay que ser Rousseau para darse cuenta. Necesitamos globalmente un nuevo contrato social que permita conformar proyectos de países duraderos y sostenibles, que cuiden la naturaleza y el planeta entero, generando progreso estable para todas y todos lo cual implica, para empezar, respetar las reglas básicas de la democracia. (O)
A Rousseau se le critica por creer que, por naturaleza, el hombre que no ha sido tocado por la civilización, es bueno y sociable.