Democracia y educación

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¿Quién puede ocupar el lugar del poder? ¿El más idóneo, o el que sabe, o el bueno, o a quien corresponde por acuerdo o herencia? Claude Lefort piensa que en la democracia, el lugar del poder es vacío porque los individuos y las sociedades deciden vivir en la prueba de la falta de certeza, y no hay condensación entre el poder, el saber y la ley lo cual nos obliga a vivir en un debate interminable. Un pobre, un afrodescendiente, una mujer, un indígena, un gay, una persona proveniente de la izquierda, regularmente no acceden al lugar vacío del poder. El problema no es que así lo piense la aristocracia, es que así también lo considera la mayoría del pueblo.
La condensación entre poder, saber y ley es inexorable, aún en los gobiernos más democráticos: el poder busca apropiarse de la ley, en orden a la gobernabilidad, de tal modo, los dos se configuran místicamente en un supuesto saber, como lo dirá Zizek; el saber sin poder es mera retórica; la ley sin poder no cruza el umbral de la prohibición, y sin saber se confunde con la moral. No obstante, existe un cuarto elemento que se encarga de la condensación del poder, el saber y la ley, y es el capital, el cual no es mencionado por Lefort. El poder sin capital no es eficaz. Las leyes todo lo pueden prohibir, menos el capital.
Si en las sociedades democráticas no hay garantía absoluta para el orden social, tenemos que educar. La capacidad de debatir inicia en la escuela. Mientras las iglesias tienen verdades reveladas, en la educación todo debemos debatir. La explicación y la escucha son consustanciales, el respeto y la comprensión son insoslayables, y todo lo anterior se perdería sin pensamiento crítico y auto-crítico. (O)

Democracia y educación

¿Quién puede ocupar el lugar del poder? ¿El más idóneo, o el que sabe, o el bueno, o a quien corresponde por acuerdo o herencia? Claude Lefort piensa que en la democracia, el lugar del poder es vacío porque los individuos y las sociedades deciden vivir en la prueba de la falta de certeza, y no hay condensación entre el poder, el saber y la ley lo cual nos obliga a vivir en un debate interminable. Un pobre, un afrodescendiente, una mujer, un indígena, un gay, una persona proveniente de la izquierda, regularmente no acceden al lugar vacío del poder. El problema no es que así lo piense la aristocracia, es que así también lo considera la mayoría del pueblo.
La condensación entre poder, saber y ley es inexorable, aún en los gobiernos más democráticos: el poder busca apropiarse de la ley, en orden a la gobernabilidad, de tal modo, los dos se configuran místicamente en un supuesto saber, como lo dirá Zizek; el saber sin poder es mera retórica; la ley sin poder no cruza el umbral de la prohibición, y sin saber se confunde con la moral. No obstante, existe un cuarto elemento que se encarga de la condensación del poder, el saber y la ley, y es el capital, el cual no es mencionado por Lefort. El poder sin capital no es eficaz. Las leyes todo lo pueden prohibir, menos el capital.
Si en las sociedades democráticas no hay garantía absoluta para el orden social, tenemos que educar. La capacidad de debatir inicia en la escuela. Mientras las iglesias tienen verdades reveladas, en la educación todo debemos debatir. La explicación y la escucha son consustanciales, el respeto y la comprensión son insoslayables, y todo lo anterior se perdería sin pensamiento crítico y auto-crítico. (O)

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