Democracia

Hoy la humanidad se enfrenta a un nuevo dilema: existe un grave desfase entre el desarrollo científico y tecnológico, y el marco ético-moral que acompaña este desarrollo. Así, emerge para los ciudadanos un nuevo concepto a ser tratado con profundidad, pues la abundancia de bienes materiales está beneficiando a un grupo reducido de personas y, a la vez, ha determinado el empobrecimiento de amplios sectores de la sociedad. Hechos que no coinciden con el postulado de que el crecimiento solo se convierte en desarrollo cuando está acompañado de una adecuada política de equidad y justicia en la distribución de los ingresos.
Frente a esto, debemos definir ciertos lineamientos dentro de los cuales se enmarquen tanto el accionar de la sociedad como el de cada uno de los individuos:
-La democracia, entendida como la igualdad de oportunidades para todos los miembros de la sociedad, que, en palabras del Mahatma Gandhi, solo puede originarse en la no violencia.
-La participación individual en el marco de las condiciones sociales que vive la humanidad y la responsabilidad histórica.
-La filantropía, virtud fundamental, cuyo objetivo final no es más que el perfeccionamiento moral e intelectual del ser humano.
Si bien en esta primera década del siglo XXI la mayoría de países –especialmente en Occidente- mantienen una democracia representativa, sustentada en elecciones libres y periódicas, es oportuno señalar que en muchas naciones la democracia todavía se ve limitada por el nivel de educación de sus ciudadanos, condición que es aprovechada por políticos inescrupulosos que fuerzan el voto en base a falacias y dádivas.
Ante esto, nuestro compromiso también deberá enfocarse en apoyar activamente la educación, base del crecimiento y única vía para superar las consecuencias directas de la desigualdad como son la desocupación, la marginación, la enfermedad y la migración.
A partir de un esfuerzo conjunto se podrá generar una poderosa sinergia que permita transformar los sistemas participativos, elevando el nivel educativo y sobre todo moral de los ciudadanos. Esta urgente necesidad no acepta respuestas parciales o convencionales, sino acción inmediata.
En definitiva, los de esta generación somos los llamados a ayudar a que no se agraven más las contradicciones sociales. (O)
La democracia auténtica, entendida como igualdad de oportunidades para miembos de la sociedad, solo puede originarse en la no violencia.

Democracia

Hoy la humanidad se enfrenta a un nuevo dilema: existe un grave desfase entre el desarrollo científico y tecnológico, y el marco ético-moral que acompaña este desarrollo. Así, emerge para los ciudadanos un nuevo concepto a ser tratado con profundidad, pues la abundancia de bienes materiales está beneficiando a un grupo reducido de personas y, a la vez, ha determinado el empobrecimiento de amplios sectores de la sociedad. Hechos que no coinciden con el postulado de que el crecimiento solo se convierte en desarrollo cuando está acompañado de una adecuada política de equidad y justicia en la distribución de los ingresos.
Frente a esto, debemos definir ciertos lineamientos dentro de los cuales se enmarquen tanto el accionar de la sociedad como el de cada uno de los individuos:
-La democracia, entendida como la igualdad de oportunidades para todos los miembros de la sociedad, que, en palabras del Mahatma Gandhi, solo puede originarse en la no violencia.
-La participación individual en el marco de las condiciones sociales que vive la humanidad y la responsabilidad histórica.
-La filantropía, virtud fundamental, cuyo objetivo final no es más que el perfeccionamiento moral e intelectual del ser humano.
Si bien en esta primera década del siglo XXI la mayoría de países –especialmente en Occidente- mantienen una democracia representativa, sustentada en elecciones libres y periódicas, es oportuno señalar que en muchas naciones la democracia todavía se ve limitada por el nivel de educación de sus ciudadanos, condición que es aprovechada por políticos inescrupulosos que fuerzan el voto en base a falacias y dádivas.
Ante esto, nuestro compromiso también deberá enfocarse en apoyar activamente la educación, base del crecimiento y única vía para superar las consecuencias directas de la desigualdad como son la desocupación, la marginación, la enfermedad y la migración.
A partir de un esfuerzo conjunto se podrá generar una poderosa sinergia que permita transformar los sistemas participativos, elevando el nivel educativo y sobre todo moral de los ciudadanos. Esta urgente necesidad no acepta respuestas parciales o convencionales, sino acción inmediata.
En definitiva, los de esta generación somos los llamados a ayudar a que no se agraven más las contradicciones sociales. (O)
La democracia auténtica, entendida como igualdad de oportunidades para miembos de la sociedad, solo puede originarse en la no violencia.