¡Del capital pródigo!

“En aquel tiempo, se acercaban a Jesús todos los publicanos y los pecadores para oírle. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este acoge a los pecadores y come con ellos”.
‘Parábola del hijo pródigo’.

La vida económico-política del país es hoy motivo de discrepancias en torno al mensaje real que nos trae la pretendida repatriación de capitales que han fugado del país. Hay una riqueza creada día a día por el esfuerzo de millones de trabajadores; hay un grupo totalmente minoritario de ciudadanos que consideran como suya esa riqueza y la mantienen a buen recaudo en paraísos fiscales; hay una inmensa mayoría de ciudadanos que se debaten en condiciones de pobreza cuando no de miseria. Hay también un ciudadano en cuyas manos está el manejo del erario nacional y la gran posibilidad de materializar la obra social en beneficio de las mayorías por mandato del soberano.

No se puede afirmar categóricamente que esa riqueza esté siendo dilapidada más allá de las fronteras patrias. Es verdad que el desarrollo del país requiere del esfuerzo de todos en aras del buen vivir. Indiscutiblemente, debemos aspirar a que el manejo de la economía sea sabio y acertado.

¿Cómo entender  la repatriación de los millones que se refugiaron en el edén? La economía ecuatoriana, como lo reconoce el propio Presidente, superó la ‘tormenta perfecta’ en tiempo récord sin recurrir a la venta de activos ni elevar la deuda externa, menos aún de apelar a paquetazo alguno. Los tenedores de capitales exiliados, no solo que no hablaron de la necesidad de repatriarlos, sino que en bloque se opusieron a las medidas de emergencia presentadas a la Asamblea Nacional.

A diferencia de la interpretación que puede tenerse  del "hijo pródigo", no es el arrepentimiento y, menos aún, la bancarrota de los tenedores de capitales millonarios, lo que debe dilucidar el ciudadano Presidente. ¿Es posible que se esté pensando en convertir al propio Ecuador en un paraíso fiscal? Alguien podría creer que es la mejor solución para que quienes se apoderan de la riqueza creada por el trabajo de los ecuatorianos no se sientan tentados de sacarla del país a hurtadillas. Como decía un ciego: “¡Habría que ver!” (O)

¡Del capital pródigo!

“En aquel tiempo, se acercaban a Jesús todos los publicanos y los pecadores para oírle. Y los fariseos y los escribas murmuraban, diciendo: Este acoge a los pecadores y come con ellos”.
‘Parábola del hijo pródigo’.

La vida económico-política del país es hoy motivo de discrepancias en torno al mensaje real que nos trae la pretendida repatriación de capitales que han fugado del país. Hay una riqueza creada día a día por el esfuerzo de millones de trabajadores; hay un grupo totalmente minoritario de ciudadanos que consideran como suya esa riqueza y la mantienen a buen recaudo en paraísos fiscales; hay una inmensa mayoría de ciudadanos que se debaten en condiciones de pobreza cuando no de miseria. Hay también un ciudadano en cuyas manos está el manejo del erario nacional y la gran posibilidad de materializar la obra social en beneficio de las mayorías por mandato del soberano.

No se puede afirmar categóricamente que esa riqueza esté siendo dilapidada más allá de las fronteras patrias. Es verdad que el desarrollo del país requiere del esfuerzo de todos en aras del buen vivir. Indiscutiblemente, debemos aspirar a que el manejo de la economía sea sabio y acertado.

¿Cómo entender  la repatriación de los millones que se refugiaron en el edén? La economía ecuatoriana, como lo reconoce el propio Presidente, superó la ‘tormenta perfecta’ en tiempo récord sin recurrir a la venta de activos ni elevar la deuda externa, menos aún de apelar a paquetazo alguno. Los tenedores de capitales exiliados, no solo que no hablaron de la necesidad de repatriarlos, sino que en bloque se opusieron a las medidas de emergencia presentadas a la Asamblea Nacional.

A diferencia de la interpretación que puede tenerse  del "hijo pródigo", no es el arrepentimiento y, menos aún, la bancarrota de los tenedores de capitales millonarios, lo que debe dilucidar el ciudadano Presidente. ¿Es posible que se esté pensando en convertir al propio Ecuador en un paraíso fiscal? Alguien podría creer que es la mejor solución para que quienes se apoderan de la riqueza creada por el trabajo de los ecuatorianos no se sientan tentados de sacarla del país a hurtadillas. Como decía un ciego: “¡Habría que ver!” (O)