De la maternidad

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Lo último de Angélica Abad Cisneros

Escribo esta columna a intervalos, cuando mi hijo recién nacido me deja descansar los brazos y cuando mi hijo mayor no pide que comparta con él un poco del tiempo que le es propio. Toda la semana he intentado decidir sobre qué escribir, qué tema abordar, pero me ha costado enfocar mi atención en algo más que no sean las necesidades del hijo nacido hace pocos días y del hijo pequeño que quiere compartir sus vacaciones con sus padres. Ahí está mi mente, en los hijos y en la responsabilidad que adquirimos al tenerlos.

No creo que nuestro destino sea convertirnos en madres, la creencia de que para “realizarse” una mujer ha de tener descendencia me parece extemporánea, por decir poco. La maternidad debería ser, en todos los casos, una decisión. Una decisión bien meditada y ponderada pues ser madre implica renunciar a parte de nuestra individualidad, de nuestra identidad como mujeres, para entregarnos por completo al cuidado de otra entidad. Una responsabilidad que asumimos de manera natural, con amor, pero sobre la cual no hay marcha atrás.

Por eso el Estado debería apoyar el empoderamiento de las mujeres respecto de su salud sexual y reproductiva. No se trata de educar en valores, esos los adquirimos en casa y tienen como eje central a la familia, se trata de proveer información de calidad respecto de la sexualidad, la reproducción y las consecuencias de un embarazo no deseado. Se trata disminuir las alarmantes cifras de adolescentes que mantienen relaciones sexuales sin usar anticonceptivos, del escandaloso número de madres adolescentes, de embarazos no deseados. No hablemos de aborto, a diferencia de los argentinos, creo que en Ecuador estamos lejos de poder abordar ese debate como se debe.

Está muy bien que existan colectivos que expresen su desacuerdo con pronunciamientos como el de la Corte Constitucional, que recientemente reconoció el derecho a una educación sobre sexualidad y reproducción los adolescentes, o que busquen obstaculizar la aprobación de legislación como la Ley Contra la Violencia de Género hacia la Mujer. Cada uno tiene derecho a su opinión. Pero, la política pública no debería responder a opiniones, sino a hechos. Y las cifras nos hablan de adolescentes, activos sexualmente, que no emplean métodos anticonceptivos, de madres adolescentes en riesgo de exclusión y pobreza, de abortos clandestinos. Las cifras hablan de una problemática social sobre la cual el Estado debe actuar. (O)
La maternidad, para aquellas que hemos tenido la oportunidad de elegir, es una experiencia gratificante, pero la responsabilidad de criar a un ser humano no debería ser tomada a la ligera.

De la maternidad

Escribo esta columna a intervalos, cuando mi hijo recién nacido me deja descansar los brazos y cuando mi hijo mayor no pide que comparta con él un poco del tiempo que le es propio. Toda la semana he intentado decidir sobre qué escribir, qué tema abordar, pero me ha costado enfocar mi atención en algo más que no sean las necesidades del hijo nacido hace pocos días y del hijo pequeño que quiere compartir sus vacaciones con sus padres. Ahí está mi mente, en los hijos y en la responsabilidad que adquirimos al tenerlos.

No creo que nuestro destino sea convertirnos en madres, la creencia de que para “realizarse” una mujer ha de tener descendencia me parece extemporánea, por decir poco. La maternidad debería ser, en todos los casos, una decisión. Una decisión bien meditada y ponderada pues ser madre implica renunciar a parte de nuestra individualidad, de nuestra identidad como mujeres, para entregarnos por completo al cuidado de otra entidad. Una responsabilidad que asumimos de manera natural, con amor, pero sobre la cual no hay marcha atrás.

Por eso el Estado debería apoyar el empoderamiento de las mujeres respecto de su salud sexual y reproductiva. No se trata de educar en valores, esos los adquirimos en casa y tienen como eje central a la familia, se trata de proveer información de calidad respecto de la sexualidad, la reproducción y las consecuencias de un embarazo no deseado. Se trata disminuir las alarmantes cifras de adolescentes que mantienen relaciones sexuales sin usar anticonceptivos, del escandaloso número de madres adolescentes, de embarazos no deseados. No hablemos de aborto, a diferencia de los argentinos, creo que en Ecuador estamos lejos de poder abordar ese debate como se debe.

Está muy bien que existan colectivos que expresen su desacuerdo con pronunciamientos como el de la Corte Constitucional, que recientemente reconoció el derecho a una educación sobre sexualidad y reproducción los adolescentes, o que busquen obstaculizar la aprobación de legislación como la Ley Contra la Violencia de Género hacia la Mujer. Cada uno tiene derecho a su opinión. Pero, la política pública no debería responder a opiniones, sino a hechos. Y las cifras nos hablan de adolescentes, activos sexualmente, que no emplean métodos anticonceptivos, de madres adolescentes en riesgo de exclusión y pobreza, de abortos clandestinos. Las cifras hablan de una problemática social sobre la cual el Estado debe actuar. (O)
La maternidad, para aquellas que hemos tenido la oportunidad de elegir, es una experiencia gratificante, pero la responsabilidad de criar a un ser humano no debería ser tomada a la ligera.

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