De juez a ministro

Jair Bolsonaro, con una hoja de vida poco presentable para una auténtica democracia, finalmente ganó la presidencia de Brasil, el país más extenso y poblado de Sudamérica. A pesar de sus manifiestos de-méritos (xenófobo, misógino, pro-dictaduras, defensor del armamentismo, pobrísimos resultados obtenidos en sus casi 3 décadas como diputado, etc.) ganó con un amplio margen a Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (PT). A pesar de las reiteradas acusaciones de supuesta corrupción en el ejercicio gubernamental, Luis Ignacio Lula, desde que concluyó su segundo mandato, siempre estuvo liderando las preferencias, como el líder político de mayor aceptación. El golpe parlamentario propinado a Dilma Ruseff, argumentando algún “maquillaje fiscal” cumplió a la perfección el estratégico libreto armado para “sepultar” políticamente a Lula, al PT y al progresismo ( el PT, más que de izquierda, en la práctica, fue progresista). Este habría sido el objetivo central orquestado por el ultra conservadurismo.
El juez Sergio Moro, fue implacable con Lula. Ante la falta de pruebas contundentes lo acusó y lo condenó a 12 años 1 mes por “corrupción pasiva”. Presuntamente, a  cambio de contratos con el Estado, a Lula le habrían entregado un departamento y costeado ciertas mejoras en algún predio (que nunca se demostró que fueran de propiedad de Lula). Ningún recurso jurídico dio resultado para evitar la cárcel y el impedimento de la candidatura de Lula. Haddad tuvo que tomar la posta. Sabían que el único candidato del PT que podía ganar los Presidencia era Lula. La jugada les resultó perfecta. Lo que llama sobremanera la atención es que el Presidente electo Jair Bolsonaro, ni siquiera guarde las apariencias: de entrada, incorpora en su gabinete al juez Sergio Moro como Ministro de Justicia. Supongamos que el fallo judicial fue correcto, estrictamente apegado a derecho. La pregunta obvia que surge: ¿Es correcto,  que quien allanó el camino para su triunfo, sea nombrado Ministro? Entiendo que la mayoría de brasileños estarán considerando al hecho sin precedentes como una grata reciprocidad: “amor con amor se paga”. Me parece un pésimo comienzo de Bolsonaro. Creería que el juez que siga conociendo la causa de Lula, tendrá un claro motivo de convicción para revocar la sentencia morista, por cuanto ha quedado en evidencia los afectos y desafectos de Sergio Moro a la hora de dictar su fallo. (O)
Entiendo que la mayoría de brasileños estarán considerando al hecho como una grata reciprocidad: “amor con amor se paga”.

De juez a ministro

Jair Bolsonaro, con una hoja de vida poco presentable para una auténtica democracia, finalmente ganó la presidencia de Brasil, el país más extenso y poblado de Sudamérica. A pesar de sus manifiestos de-méritos (xenófobo, misógino, pro-dictaduras, defensor del armamentismo, pobrísimos resultados obtenidos en sus casi 3 décadas como diputado, etc.) ganó con un amplio margen a Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (PT). A pesar de las reiteradas acusaciones de supuesta corrupción en el ejercicio gubernamental, Luis Ignacio Lula, desde que concluyó su segundo mandato, siempre estuvo liderando las preferencias, como el líder político de mayor aceptación. El golpe parlamentario propinado a Dilma Ruseff, argumentando algún “maquillaje fiscal” cumplió a la perfección el estratégico libreto armado para “sepultar” políticamente a Lula, al PT y al progresismo ( el PT, más que de izquierda, en la práctica, fue progresista). Este habría sido el objetivo central orquestado por el ultra conservadurismo.
El juez Sergio Moro, fue implacable con Lula. Ante la falta de pruebas contundentes lo acusó y lo condenó a 12 años 1 mes por “corrupción pasiva”. Presuntamente, a  cambio de contratos con el Estado, a Lula le habrían entregado un departamento y costeado ciertas mejoras en algún predio (que nunca se demostró que fueran de propiedad de Lula). Ningún recurso jurídico dio resultado para evitar la cárcel y el impedimento de la candidatura de Lula. Haddad tuvo que tomar la posta. Sabían que el único candidato del PT que podía ganar los Presidencia era Lula. La jugada les resultó perfecta. Lo que llama sobremanera la atención es que el Presidente electo Jair Bolsonaro, ni siquiera guarde las apariencias: de entrada, incorpora en su gabinete al juez Sergio Moro como Ministro de Justicia. Supongamos que el fallo judicial fue correcto, estrictamente apegado a derecho. La pregunta obvia que surge: ¿Es correcto,  que quien allanó el camino para su triunfo, sea nombrado Ministro? Entiendo que la mayoría de brasileños estarán considerando al hecho sin precedentes como una grata reciprocidad: “amor con amor se paga”. Me parece un pésimo comienzo de Bolsonaro. Creería que el juez que siga conociendo la causa de Lula, tendrá un claro motivo de convicción para revocar la sentencia morista, por cuanto ha quedado en evidencia los afectos y desafectos de Sergio Moro a la hora de dictar su fallo. (O)
Entiendo que la mayoría de brasileños estarán considerando al hecho como una grata reciprocidad: “amor con amor se paga”.