Cultura

Cuando hablamos de cultura hablamos de un concepto vasto con aristas multidimensionales que caminan sobre los conceptos, paradigmas, principios, tradiciones, usos y costumbres que, desde el prisma de la referencia, nos permite conocer e interpretar, en cada época a los pueblos y los individuos que los comprenden…
Melodía, armonía y ritmo para escribir o componer, pero el concepto real de cultura nos plantea una ecuación algo más amplia que el reduccionismo de la acepción por el gusto y belleza estética; cultura es expresión, por tanto, pensamiento y reflexión.
Entre el equilibrio cromático y el respeto por la imagen, del dibujo que se sueña y transmuta en pintura, tanto lenguaje cuanto imagen dialogan y comunican; significan un modo de pensar, de ver, de entender e interpretar que nos permite referenciar y conocer la cuna matricial de la que proviene cada pueblo, pues la cultura camina dinámica sobre el tiempo, evoluciona, se nutre y expande, pero tiene un núcleo que la identifica y define; porque al final la cultura no es, únicamente, el contenido del museo, también es el contenedor y, por supuesto, el observador…
La cultura, más allá de la partitura, la espátula o la pluma es una plataforma basta de relaciones, relaciones de pensamiento, relaciones del individuo con otros individuos y de ellos entre sí; así como de estos con su entorno. La cultura es plataforma que soporta y sustenta…
Así la cultura, algo más amplia en concepto y contenido, enfrenta al reduccionismo de la definición y las estructuras que la ven, sienten y entienden como acepción de lo culto y el gusto por el equilibrio estético. La cultura se comprende de culturas en un cotidiano intercambio dinámico de saberes y conocimientos, no se trata, por tanto, únicamente de “construir nuevos públicos” a través de una educación con pretensión evangelizante, se trata de mediar nuevos canales, espacios y formas de diálogo de esos saberes y esas formas de expresión para poner en valor sus propios significados y formas de interpretación…
La cultura como gestión debe, por tanto, entenderse desde la bifurcación que subyace entre la expansión de las capacidades de expresión de los individuos y los pueblos; y los nuevos funcionamientos individuales y colectivos, tanto de expresión, cuanto de autodeterminación que estas provocan; luego, discutiremos sobre los contenedores de esas formas de expresión, relación y convivencia… (O)
Cuando hablamos de cultura hablamos de un concepto vasto con aristas multidimensio-nales. Es pensamiento y reflexión.

Cultura

Cuando hablamos de cultura hablamos de un concepto vasto con aristas multidimensionales que caminan sobre los conceptos, paradigmas, principios, tradiciones, usos y costumbres que, desde el prisma de la referencia, nos permite conocer e interpretar, en cada época a los pueblos y los individuos que los comprenden…
Melodía, armonía y ritmo para escribir o componer, pero el concepto real de cultura nos plantea una ecuación algo más amplia que el reduccionismo de la acepción por el gusto y belleza estética; cultura es expresión, por tanto, pensamiento y reflexión.
Entre el equilibrio cromático y el respeto por la imagen, del dibujo que se sueña y transmuta en pintura, tanto lenguaje cuanto imagen dialogan y comunican; significan un modo de pensar, de ver, de entender e interpretar que nos permite referenciar y conocer la cuna matricial de la que proviene cada pueblo, pues la cultura camina dinámica sobre el tiempo, evoluciona, se nutre y expande, pero tiene un núcleo que la identifica y define; porque al final la cultura no es, únicamente, el contenido del museo, también es el contenedor y, por supuesto, el observador…
La cultura, más allá de la partitura, la espátula o la pluma es una plataforma basta de relaciones, relaciones de pensamiento, relaciones del individuo con otros individuos y de ellos entre sí; así como de estos con su entorno. La cultura es plataforma que soporta y sustenta…
Así la cultura, algo más amplia en concepto y contenido, enfrenta al reduccionismo de la definición y las estructuras que la ven, sienten y entienden como acepción de lo culto y el gusto por el equilibrio estético. La cultura se comprende de culturas en un cotidiano intercambio dinámico de saberes y conocimientos, no se trata, por tanto, únicamente de “construir nuevos públicos” a través de una educación con pretensión evangelizante, se trata de mediar nuevos canales, espacios y formas de diálogo de esos saberes y esas formas de expresión para poner en valor sus propios significados y formas de interpretación…
La cultura como gestión debe, por tanto, entenderse desde la bifurcación que subyace entre la expansión de las capacidades de expresión de los individuos y los pueblos; y los nuevos funcionamientos individuales y colectivos, tanto de expresión, cuanto de autodeterminación que estas provocan; luego, discutiremos sobre los contenedores de esas formas de expresión, relación y convivencia… (O)
Cuando hablamos de cultura hablamos de un concepto vasto con aristas multidimensio-nales. Es pensamiento y reflexión.