¡Cuidado con la deflación!

La inestabilidad de los precios del conjunto de bienes y servicios como un proceso persistente y generalizado constituye un fenómeno característico y permanente de la economía de mercado. Si suben los precios, tanto de los bienes y servicios que forman parte de la canasta básica, como de demás, así como los precios para mayoristas para los productores, nos encontramos frente a la INFLACIÓN. Cuando los precios bajan y el proceso es persistente y generalizado, nos encontraríamos con la DEFLACIÓN. La inflación, sobre todo cuando el índice sobrepasa determinado valor -por ejemplo un 2 o 3 por ciento-, afecta al conjunto de la economía, principalmente a los perceptores de ingresos fijos y reducidos. Para Ecuador, una tasa de inflación que supere a la de EE.UU. afecta directamente la competitividad y provoca dificultades, no solamente internas sino también externas. La inflación acumulada durante la vigencia de la dolarización más que ha duplicado al índice acumulado en la economía norteamericana.
A partir de mediados del año en curso, Ecuador experimenta un proceso de caída del nivel general de precios. En septiembre de 2016, la inflación anual acumulada fue del 1,3 por ciento; en agosto del presente año, fue del 0,28 por ciento, y en septiembre fue de -0,03 por ciento, siendo Ecuador el único país de América Latina que tiene una tasa negativa de inflación (En México la inflación fue de 6,35 por ciento; Colombia, 3,97 por ciento; Perú, 3,18 por ciento, y Brazil, 2,54 por ciento).Esta situación es muy preocupante. Es altamente probable que cerremos el año 2017 con una tasa negativa, que, de persistir en los meses subsiguientes, podría embarcarnos en un proceso DEFLACIONARIO de graves consecuencias. Durante los últimos años, la actividad económica se ha soportado en la fortaleza de la demanda financiada por la expansión de la inversión y el gasto público. A partir del ajuste fiscal -provocado por la reducción del precio del petróleo-, se viene restringiendo la demanda, obligando, en cierta forma, a los vendedores (tanto productores como a los importadores) a bajar los precios y el margen de ganancia, por lo tanto.
Una inflación -muy moderada- en función del destino de la política fiscal puede ser necesaria. Las finanzas contra-cíclicas exigen, desde luego con calidad, una expansión de la inversión pública que permita sostener el ritmo de la actividad productiva y de generación de fuentes de trabajo. Si entramos en un momento deflacionario, hay un serio riesgo de recesión. Los indicadores de empleo, desde hace rato, son alarmantes. Cada vez aumenta el empleo de mala calidad (subempleo y empleo inadecuado) y disminuye el empleo adecuado. A pesar del inminente peligro del surgimiento de un proceso recesivo-deflacionario, se doblan las voces por la pulverización de las finanzas públicas y de la "tzantzarizacion" del Estado.
Seguramente, el programa económico que se completaría en los próximos días con la entrega de la proforma presupuestaria para el 2018, tomará en cuenta esta situación. ¡En buena hora! (O)

¡Cuidado con la deflación!

La inestabilidad de los precios del conjunto de bienes y servicios como un proceso persistente y generalizado constituye un fenómeno característico y permanente de la economía de mercado. Si suben los precios, tanto de los bienes y servicios que forman parte de la canasta básica, como de demás, así como los precios para mayoristas para los productores, nos encontramos frente a la INFLACIÓN. Cuando los precios bajan y el proceso es persistente y generalizado, nos encontraríamos con la DEFLACIÓN. La inflación, sobre todo cuando el índice sobrepasa determinado valor -por ejemplo un 2 o 3 por ciento-, afecta al conjunto de la economía, principalmente a los perceptores de ingresos fijos y reducidos. Para Ecuador, una tasa de inflación que supere a la de EE.UU. afecta directamente la competitividad y provoca dificultades, no solamente internas sino también externas. La inflación acumulada durante la vigencia de la dolarización más que ha duplicado al índice acumulado en la economía norteamericana.
A partir de mediados del año en curso, Ecuador experimenta un proceso de caída del nivel general de precios. En septiembre de 2016, la inflación anual acumulada fue del 1,3 por ciento; en agosto del presente año, fue del 0,28 por ciento, y en septiembre fue de -0,03 por ciento, siendo Ecuador el único país de América Latina que tiene una tasa negativa de inflación (En México la inflación fue de 6,35 por ciento; Colombia, 3,97 por ciento; Perú, 3,18 por ciento, y Brazil, 2,54 por ciento).Esta situación es muy preocupante. Es altamente probable que cerremos el año 2017 con una tasa negativa, que, de persistir en los meses subsiguientes, podría embarcarnos en un proceso DEFLACIONARIO de graves consecuencias. Durante los últimos años, la actividad económica se ha soportado en la fortaleza de la demanda financiada por la expansión de la inversión y el gasto público. A partir del ajuste fiscal -provocado por la reducción del precio del petróleo-, se viene restringiendo la demanda, obligando, en cierta forma, a los vendedores (tanto productores como a los importadores) a bajar los precios y el margen de ganancia, por lo tanto.
Una inflación -muy moderada- en función del destino de la política fiscal puede ser necesaria. Las finanzas contra-cíclicas exigen, desde luego con calidad, una expansión de la inversión pública que permita sostener el ritmo de la actividad productiva y de generación de fuentes de trabajo. Si entramos en un momento deflacionario, hay un serio riesgo de recesión. Los indicadores de empleo, desde hace rato, son alarmantes. Cada vez aumenta el empleo de mala calidad (subempleo y empleo inadecuado) y disminuye el empleo adecuado. A pesar del inminente peligro del surgimiento de un proceso recesivo-deflacionario, se doblan las voces por la pulverización de las finanzas públicas y de la "tzantzarizacion" del Estado.
Seguramente, el programa económico que se completaría en los próximos días con la entrega de la proforma presupuestaria para el 2018, tomará en cuenta esta situación. ¡En buena hora! (O)