Cuencano de estirpe

Como todo cuencano que se considere de estirpe, tenía su apodo: José Corral Tagle era conocido como ‘El PUPO’. Así, con mayúsculas, porque siempre desde su temprana juventud dejó brotar sus características de amigo, de compañero, de artista, de fotógrafo sin par, de equilibrista temerario. Lo conocí un domingo a la salida de la función de matinée del Teatro Cuenca en un incidente sin mayor trascendencia, hacia finales de la década del 50. Ya en las aulas universitarias comenzamos a vivir los avatares de la militancia política y en agosto del 61 emprendimos viaje, junto con Agustín Paladines, a la Unión Soviética para estudiar en la Universidad de la Amistad de los Pueblos.
La primera parada: París, para obtener la visa de entrada a Moscú. Cuatro días con sus noches durante los cuales casi no dormimos –no nos permitimos perder el tiempo- para disfrutar de la Ciudad Luz: el Barrio Latino con su bohemia, la travesía por el Sena, el Moulin Rouge aunque apenas nos alcanzó para beber un vaso de agua; una tempestad de verano que la soportamos estoicamente; la casa donde vivió César Vallejo. Y, claro, no podía faltar el ascenso a la Tour Eiffel en cuya baranda ‘El Pupo’ demostró su agilidad parándose de manos.
Ya en Moscú, luego de formalizar los papeles en el edificio central de la Universidad, nos ubicaron en un bloque multifamiliar recién construido en la intersección de las avenidas Amistad y Mosfilm, en el nuevo barrio de las residencias diplomáticas. Allí compartí el departamento con Pepe y Agustín los cinco años de mi estadía.
Luego del curso de idioma ruso, Pepe ingresó a la Facultad de Geología, una carrera que en realidad no le motivaba mayormente. Su empeño era estudiar en el Instituto Estatal Superior de Cine lo que finalmente consiguió y pudo entonces plasmar su aspiración de perfeccionar su sentido artístico de la fotografía y del cine. En realidad llegó en la mejor época del cine soviético y se formó en la cercanía de los grandes directores de los años sesenta.
Con Pepe y Agustín compartimos nuestra estadía en Moscú: frecuentábamos el Café Pushkin; declamábamos al pie del monumento a Mayakovski, junto a jóvenes poetas moscovitas, poemas de César Vallejo; jornadas de trabajo voluntario para ayudar a Vietnam frente a los bombardeos norteamericanos. Ya de regreso al país seguimos cultivando nuestra amistad y nuestros ideales. El primero en partir Agucho; hace un mes el turno fue de El Pupo. ¡Hasta siempre camaradas! (O)
Con Pepe y Agustín compartimos nuestra estadía en Moscú. El primero en partir fue Agucho; hace un mes el turno fue de El Pupo.

Cuencano de estirpe

Como todo cuencano que se considere de estirpe, tenía su apodo: José Corral Tagle era conocido como ‘El PUPO’. Así, con mayúsculas, porque siempre desde su temprana juventud dejó brotar sus características de amigo, de compañero, de artista, de fotógrafo sin par, de equilibrista temerario. Lo conocí un domingo a la salida de la función de matinée del Teatro Cuenca en un incidente sin mayor trascendencia, hacia finales de la década del 50. Ya en las aulas universitarias comenzamos a vivir los avatares de la militancia política y en agosto del 61 emprendimos viaje, junto con Agustín Paladines, a la Unión Soviética para estudiar en la Universidad de la Amistad de los Pueblos.
La primera parada: París, para obtener la visa de entrada a Moscú. Cuatro días con sus noches durante los cuales casi no dormimos –no nos permitimos perder el tiempo- para disfrutar de la Ciudad Luz: el Barrio Latino con su bohemia, la travesía por el Sena, el Moulin Rouge aunque apenas nos alcanzó para beber un vaso de agua; una tempestad de verano que la soportamos estoicamente; la casa donde vivió César Vallejo. Y, claro, no podía faltar el ascenso a la Tour Eiffel en cuya baranda ‘El Pupo’ demostró su agilidad parándose de manos.
Ya en Moscú, luego de formalizar los papeles en el edificio central de la Universidad, nos ubicaron en un bloque multifamiliar recién construido en la intersección de las avenidas Amistad y Mosfilm, en el nuevo barrio de las residencias diplomáticas. Allí compartí el departamento con Pepe y Agustín los cinco años de mi estadía.
Luego del curso de idioma ruso, Pepe ingresó a la Facultad de Geología, una carrera que en realidad no le motivaba mayormente. Su empeño era estudiar en el Instituto Estatal Superior de Cine lo que finalmente consiguió y pudo entonces plasmar su aspiración de perfeccionar su sentido artístico de la fotografía y del cine. En realidad llegó en la mejor época del cine soviético y se formó en la cercanía de los grandes directores de los años sesenta.
Con Pepe y Agustín compartimos nuestra estadía en Moscú: frecuentábamos el Café Pushkin; declamábamos al pie del monumento a Mayakovski, junto a jóvenes poetas moscovitas, poemas de César Vallejo; jornadas de trabajo voluntario para ayudar a Vietnam frente a los bombardeos norteamericanos. Ya de regreso al país seguimos cultivando nuestra amistad y nuestros ideales. El primero en partir Agucho; hace un mes el turno fue de El Pupo. ¡Hasta siempre camaradas! (O)
Con Pepe y Agustín compartimos nuestra estadía en Moscú. El primero en partir fue Agucho; hace un mes el turno fue de El Pupo.