Crónicas parisinas

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Santiago Rosero, escritor nacido en Quito, acaba de presentar el libro titulado “El fotógrafo de las tinieblas” donde reúne 15 crónicas de gran factura sobre la ciudad de París. El libro permite diversas lecturas, lo cual se agradece pues a lo largo de sus 351 páginas la experiencia del lector se ve sazonada con emociones variables. Dada la materia, o diría mejor los ingredientes que componen los distintos textos a veces resulta inevitable utilizar metáforas relativas al mundo de la cocina para comentarlo.


La forma más sencilla de describirlo es decir que se trata, al mismo tiempo, del homenaje de quien ha vivido años muy intensos de su vida en una ciudad que es algo más que una de las capitales del mundo; o de una guía muy personal para descubrir un París lejano y ajeno al de las guías de turismo de masas; o de una cartografía de explorador para recorrer los multiversos que emiten esa suerte de combustible humano que pone en movimiento París, cada día y cada noche.


La escritura se pasea por calles y meandros de la ciudad vieja y cosmopolita retratando, siempre, una París existencial, jamás pintoresca. Mucho menos fast food. Todo lo contrario. Rosero nos propone a través de sus textos experiencias de la ciudad que requieren períodos más o menos largos de cocción y es ahí donde junta el megatema, que es la urbe, con su propuesta como cronista. Y así, al mismo tiempo, pasa de lo crudo, o real, a lo cocido, o escrito. Dos textos que forman parte de la selección han sido finalistas del premio García Márquez de periodismo.


Suponemos algunas cosas. Por ejemplo, que Santiago Rosero decidió algún momento contar París, pero dada la amplitud del desafío supongo que la siguiente pregunta inevitable fue ¿Qué contar sobre París? Y si bien es cierto, también, que esa pregunta pudo resolverse más adelante como una decisión editorial, el conjunto de 15 crónicas publicadas abordan fundamentalmente temas y personajes relativos al mundo de la música, de la gastronomía y de la moda siendo la enorme y compleja París, bella y terrible, silenciosa y omnipresente, monumentalmente inmune a las historias y dramas relatados, la ciudad, el gran personaje que revolotea a lo largo y ancho de los textos.


Quien ingrese en el mundo propuesto en las crónicas de Santiago Rosero podrá saborear distintas historias dispuestas como capas de una ciudad que aparece como un manjar exquisito al cual, por más cucharadas que se le dé, resulta imposible terminar. (O)

Crónicas parisinas

Santiago Rosero, escritor nacido en Quito, acaba de presentar el libro titulado “El fotógrafo de las tinieblas” donde reúne 15 crónicas de gran factura sobre la ciudad de París. El libro permite diversas lecturas, lo cual se agradece pues a lo largo de sus 351 páginas la experiencia del lector se ve sazonada con emociones variables. Dada la materia, o diría mejor los ingredientes que componen los distintos textos a veces resulta inevitable utilizar metáforas relativas al mundo de la cocina para comentarlo.


La forma más sencilla de describirlo es decir que se trata, al mismo tiempo, del homenaje de quien ha vivido años muy intensos de su vida en una ciudad que es algo más que una de las capitales del mundo; o de una guía muy personal para descubrir un París lejano y ajeno al de las guías de turismo de masas; o de una cartografía de explorador para recorrer los multiversos que emiten esa suerte de combustible humano que pone en movimiento París, cada día y cada noche.


La escritura se pasea por calles y meandros de la ciudad vieja y cosmopolita retratando, siempre, una París existencial, jamás pintoresca. Mucho menos fast food. Todo lo contrario. Rosero nos propone a través de sus textos experiencias de la ciudad que requieren períodos más o menos largos de cocción y es ahí donde junta el megatema, que es la urbe, con su propuesta como cronista. Y así, al mismo tiempo, pasa de lo crudo, o real, a lo cocido, o escrito. Dos textos que forman parte de la selección han sido finalistas del premio García Márquez de periodismo.


Suponemos algunas cosas. Por ejemplo, que Santiago Rosero decidió algún momento contar París, pero dada la amplitud del desafío supongo que la siguiente pregunta inevitable fue ¿Qué contar sobre París? Y si bien es cierto, también, que esa pregunta pudo resolverse más adelante como una decisión editorial, el conjunto de 15 crónicas publicadas abordan fundamentalmente temas y personajes relativos al mundo de la música, de la gastronomía y de la moda siendo la enorme y compleja París, bella y terrible, silenciosa y omnipresente, monumentalmente inmune a las historias y dramas relatados, la ciudad, el gran personaje que revolotea a lo largo y ancho de los textos.


Quien ingrese en el mundo propuesto en las crónicas de Santiago Rosero podrá saborear distintas historias dispuestas como capas de una ciudad que aparece como un manjar exquisito al cual, por más cucharadas que se le dé, resulta imposible terminar. (O)

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