Crónicas del país imaginario

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Durante el siglo XX decenas de historiadores y literatos nacionales echaron sombras sobre el nombre de nuestro país, lamentando, la mayoría de ellos, su condición cartográfica o"imaginaria" y el hecho de que el bautizo de la nación no haya dado respuesta de continuidad a la Audiencia de Quito al adoptar la denominación de Ecuador devenida popular tras la visita de la misión científica francesa en el siglo XVII. Sumado aquello a las malas administraciones y los desastres naturales que han azotado alternativamente diferentes partes del país a lo largo del tiempo, se generó en la población un sentimiento de infravaloración del ser nacional. Es sabido que esa sensación cambió durante la última década, pero no escribo hoy sobre eso.

La mayoría de nacionales, al ser preguntados sobre el nombre de nuestro país, dirán que es por la línea ecuatorial que atraviesa nuestro territorio. La verdad no es así. Aunque parezca obvio, aquel hecho termina siendo anecdótico frente a las verdaderas razones históricas del bautizo.

Para empezar la misión francesa que visitó estas tierras entre 1735 y 1742 no midió la línea ecuatorial sino el arco del meridiano entre Quito y Cuenca, es decir tres grados de la curvatura de la tierra en dirección norte sur. Esa medición confirma definitivamente la teoría newtoniana sobre la forma del planeta y da lugar al posterior establecimiento del sistema métrico decimal.

Al regresar a Europa los expedicionarios, devenidos célebres personajes por sus aventuras científicas publicadas en diarios de viaje transformados en best sellers de la época, se refieren al exótico lugar de sus mediciones como las "tierras del ecuador." Siendo que la Real Audiencia de Quito era una provincia de los Virreinatos de Perú o de Nueva Granada, alternativamente, la apelación cobró más peso cuando Humboldt se hace eco de los estudios de los franceses a lo largo de su célebre expedición sudamericana. Así, por esa vía, el mismo Bolívar empezaría a referirse a nuestro futuro país como "tierras del Ecuador."

Finalmente, llegado el momento del bautizo de la naciente república, la Asamblea Constituyente de Riobamba, reunida en 1830 a raíz de la disolución de la Gran Colombia, elige el nombre de Ecuador para nuestro país porque aquella denominación había devenido célebre por haber sido este el único lugar del mundo donde se hicieron las mediciones que confirmaron la forma de la tierra. A eso se suma el hecho fundamental de que las fuerzas sociales de Guayaquil y Cuenca jamás hubiesen aceptado formar parte de una república llamada Quito, a esa altura una provincia más de la naciente nación que debió conformarse con albergar la capital.  (O)   

Crónicas del país imaginario

Durante el siglo XX decenas de historiadores y literatos nacionales echaron sombras sobre el nombre de nuestro país, lamentando, la mayoría de ellos, su condición cartográfica o"imaginaria" y el hecho de que el bautizo de la nación no haya dado respuesta de continuidad a la Audiencia de Quito al adoptar la denominación de Ecuador devenida popular tras la visita de la misión científica francesa en el siglo XVII. Sumado aquello a las malas administraciones y los desastres naturales que han azotado alternativamente diferentes partes del país a lo largo del tiempo, se generó en la población un sentimiento de infravaloración del ser nacional. Es sabido que esa sensación cambió durante la última década, pero no escribo hoy sobre eso.

La mayoría de nacionales, al ser preguntados sobre el nombre de nuestro país, dirán que es por la línea ecuatorial que atraviesa nuestro territorio. La verdad no es así. Aunque parezca obvio, aquel hecho termina siendo anecdótico frente a las verdaderas razones históricas del bautizo.

Para empezar la misión francesa que visitó estas tierras entre 1735 y 1742 no midió la línea ecuatorial sino el arco del meridiano entre Quito y Cuenca, es decir tres grados de la curvatura de la tierra en dirección norte sur. Esa medición confirma definitivamente la teoría newtoniana sobre la forma del planeta y da lugar al posterior establecimiento del sistema métrico decimal.

Al regresar a Europa los expedicionarios, devenidos célebres personajes por sus aventuras científicas publicadas en diarios de viaje transformados en best sellers de la época, se refieren al exótico lugar de sus mediciones como las "tierras del ecuador." Siendo que la Real Audiencia de Quito era una provincia de los Virreinatos de Perú o de Nueva Granada, alternativamente, la apelación cobró más peso cuando Humboldt se hace eco de los estudios de los franceses a lo largo de su célebre expedición sudamericana. Así, por esa vía, el mismo Bolívar empezaría a referirse a nuestro futuro país como "tierras del Ecuador."

Finalmente, llegado el momento del bautizo de la naciente república, la Asamblea Constituyente de Riobamba, reunida en 1830 a raíz de la disolución de la Gran Colombia, elige el nombre de Ecuador para nuestro país porque aquella denominación había devenido célebre por haber sido este el único lugar del mundo donde se hicieron las mediciones que confirmaron la forma de la tierra. A eso se suma el hecho fundamental de que las fuerzas sociales de Guayaquil y Cuenca jamás hubiesen aceptado formar parte de una república llamada Quito, a esa altura una provincia más de la naciente nación que debió conformarse con albergar la capital.  (O)   

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