Cristianofobia

Suele suceder que una mayoría –de cualquier identidad- con unos rasgos determinados tiende a discriminar a quienes no poseen esos rasgos con la única condición de que son menos que aquéllos. Pero en algunos casos una minoría bien organizada, particularmente fuerte y poderosa, se atreve a atacar a una mayoría. Esta situación es extraña pero no imposible ya que, de hecho, se ha dado en bastantes ocasiones a lo largo de la historia y se sigue dando hoy en día.
La cosa cambia si hablamos no ya de discrepar de una religión, algo del todo legítimo, sino de discriminar o agredir a alguien por su religión. Ni siquiera existe un día internacional de la libertad religiosa, a pesar de que la Declaración Universal de los Derechos Humanos ampara ese derecho en su Artículo 18.
Recordemos, además, que según un estudio publicado por Ayuda a la Iglesia Necesitada, el año pasado en el mundo 3 de cada 4 perseguidos por su fe son cristianos. En total, 60 millones de cristianos viven en países en los que son discriminados por su fe. Además, 334 millones de cristianos viven en países donde sufren persecución. Esto demuestra las enormes dimensiones de esa forma de odio que es la cristianofobia, una palabra que rara vez aparece en los medios y que nunca usan nuestros dirigentes políticos. La persecución a los cristianos es, en este momento concreto de la historia, uno de los fenómenos más graves que se está dando en el mundo. Y sin embargo, los medios de comunicación pasan por encima de él prestándole una atención que ha de ser calificada como excesivamente escasa. La cristianofobia, como cualquier otra “fobia”, alienta el odio contra aquellas personas que profesan la fe cristiana y que sin merecerlo, sin haber hecho daño a nadie, sin haber perjudicado a nadie, son perseguidas por el Estado, por la justicia o simplemente por sus vecinos. En Ecuador, a partir de las manifestaciones públicas de laicos cristianos, en contra de la sentencia de la Corte Constitucional sobre la aprobación del matrimonio igualitario, varios de sus dirigentes han sido denigrados; y los cristianos en general hemos sido obscenamente ridiculizados en nuestra fe.
¿La progresión de los derechos, implica: estigmatizar, amenazar, calumniar, acosar, hostigar, ridiculizar a quienes defendemos la familia y la vida? Cuenca no es la excepción. Creemos que estamos a tiempo de parar cualquier brote de intolerancia, que sabemos cómo comenzó, pero nadie sabe cómo puede terminar. (O)
Esta situación es extraña pero no imposible ya que, de hecho, se ha dado en bastantes ocasiones a lo largo de la historia y se sigue dando.

Cristianofobia

Suele suceder que una mayoría –de cualquier identidad- con unos rasgos determinados tiende a discriminar a quienes no poseen esos rasgos con la única condición de que son menos que aquéllos. Pero en algunos casos una minoría bien organizada, particularmente fuerte y poderosa, se atreve a atacar a una mayoría. Esta situación es extraña pero no imposible ya que, de hecho, se ha dado en bastantes ocasiones a lo largo de la historia y se sigue dando hoy en día.
La cosa cambia si hablamos no ya de discrepar de una religión, algo del todo legítimo, sino de discriminar o agredir a alguien por su religión. Ni siquiera existe un día internacional de la libertad religiosa, a pesar de que la Declaración Universal de los Derechos Humanos ampara ese derecho en su Artículo 18.
Recordemos, además, que según un estudio publicado por Ayuda a la Iglesia Necesitada, el año pasado en el mundo 3 de cada 4 perseguidos por su fe son cristianos. En total, 60 millones de cristianos viven en países en los que son discriminados por su fe. Además, 334 millones de cristianos viven en países donde sufren persecución. Esto demuestra las enormes dimensiones de esa forma de odio que es la cristianofobia, una palabra que rara vez aparece en los medios y que nunca usan nuestros dirigentes políticos. La persecución a los cristianos es, en este momento concreto de la historia, uno de los fenómenos más graves que se está dando en el mundo. Y sin embargo, los medios de comunicación pasan por encima de él prestándole una atención que ha de ser calificada como excesivamente escasa. La cristianofobia, como cualquier otra “fobia”, alienta el odio contra aquellas personas que profesan la fe cristiana y que sin merecerlo, sin haber hecho daño a nadie, sin haber perjudicado a nadie, son perseguidas por el Estado, por la justicia o simplemente por sus vecinos. En Ecuador, a partir de las manifestaciones públicas de laicos cristianos, en contra de la sentencia de la Corte Constitucional sobre la aprobación del matrimonio igualitario, varios de sus dirigentes han sido denigrados; y los cristianos en general hemos sido obscenamente ridiculizados en nuestra fe.
¿La progresión de los derechos, implica: estigmatizar, amenazar, calumniar, acosar, hostigar, ridiculizar a quienes defendemos la familia y la vida? Cuenca no es la excepción. Creemos que estamos a tiempo de parar cualquier brote de intolerancia, que sabemos cómo comenzó, pero nadie sabe cómo puede terminar. (O)
Esta situación es extraña pero no imposible ya que, de hecho, se ha dado en bastantes ocasiones a lo largo de la historia y se sigue dando.