Crisis griega

Hace cinco años un joven político asumía la dirección del gobierno en Grecia: Alexis Tsipras. El país que recibía se encontraba sumido en una profunda crisis económica como consecuencia del implacable accionar del modelo neoliberal impuesto por la troika: FMI, Banco Mundial y Grupo Europeo, razón por la cual sus primeras medidas económicas estuvieron orientadas a recuperar el control del Estado y favorecer a los sectores sociales más desprotegidos, actitud que lógicamente fue mal vista por el poder económico que exigió nuevas medidas de ‘rescate’, como irónicamente llamaban a la ‘austeridad’ en el gasto público. Desde el primer día de su gobierno Tsipras dedicó todo su esfuerzo para detener el empobrecimiento del pueblo heleno y para ello esperaba contar con el apoyo incondicional de su partido Syriza, hecho que lamentablemente no se dio: las exigencias de sectores radicales como la salida de la Unión Europea o el retorno a la antigua moneda nacional griega no eran una real posibilidad política para resolver los problemas de la economía del país. Acosado por sus más cercanos ‘compañeros de lucha’ optó por renunciar a la dirección del gobierno haciendo un llamado a meditar sobre la disyuntiva: “suicidarse o seguir con vida”. En las elecciones convocadas para la formación del nuevo gobierno, el electorado volvió a entregarle su confianza.
Pese a todas las dificultades Tsipras mantuvo el control de la economía y no se sometió al dictado del poder económico y político que controla la Unión Europea. En tales circunstancias Angela Merkel tuvo que reconocer el cumplimiento del gobierno griego con sus compromisos financieros y que no eran admisibles nuevas exigencias, lo que significó un fracaso para su política. Pero evidentemente el país heleno no es una ficha que pueda ser dejada de lado en la geopolítica mundial, mucho más ahora que, descubiertas las reservas petroleras submarinas en las costas de Chipre, han despertado el apetito de EE.UU. e Israel y proyectan la construcción de un oleoducto submarino que libere a Europa Occidental de la ‘influencia’ rusa en el abastecimiento del combustible. Para estos fines, una Grecia gobernada por Alexis Tsipras y Syriza no es admisible. La maquinaria electoral ha cumplido con su cometido: 40 grupos políticos y una participación electoral de apenas superior al 50 %, ha permitido a la derecha acceder al poder. Kyriakos Mitsotakis de Nueva Democracia es el nuevo Primer Ministro. (O)
En el manejo
de la geopolítica mundial actual predominan los intereses económicos y comerciales por sobre los sociales.

Crisis griega

Hace cinco años un joven político asumía la dirección del gobierno en Grecia: Alexis Tsipras. El país que recibía se encontraba sumido en una profunda crisis económica como consecuencia del implacable accionar del modelo neoliberal impuesto por la troika: FMI, Banco Mundial y Grupo Europeo, razón por la cual sus primeras medidas económicas estuvieron orientadas a recuperar el control del Estado y favorecer a los sectores sociales más desprotegidos, actitud que lógicamente fue mal vista por el poder económico que exigió nuevas medidas de ‘rescate’, como irónicamente llamaban a la ‘austeridad’ en el gasto público. Desde el primer día de su gobierno Tsipras dedicó todo su esfuerzo para detener el empobrecimiento del pueblo heleno y para ello esperaba contar con el apoyo incondicional de su partido Syriza, hecho que lamentablemente no se dio: las exigencias de sectores radicales como la salida de la Unión Europea o el retorno a la antigua moneda nacional griega no eran una real posibilidad política para resolver los problemas de la economía del país. Acosado por sus más cercanos ‘compañeros de lucha’ optó por renunciar a la dirección del gobierno haciendo un llamado a meditar sobre la disyuntiva: “suicidarse o seguir con vida”. En las elecciones convocadas para la formación del nuevo gobierno, el electorado volvió a entregarle su confianza.
Pese a todas las dificultades Tsipras mantuvo el control de la economía y no se sometió al dictado del poder económico y político que controla la Unión Europea. En tales circunstancias Angela Merkel tuvo que reconocer el cumplimiento del gobierno griego con sus compromisos financieros y que no eran admisibles nuevas exigencias, lo que significó un fracaso para su política. Pero evidentemente el país heleno no es una ficha que pueda ser dejada de lado en la geopolítica mundial, mucho más ahora que, descubiertas las reservas petroleras submarinas en las costas de Chipre, han despertado el apetito de EE.UU. e Israel y proyectan la construcción de un oleoducto submarino que libere a Europa Occidental de la ‘influencia’ rusa en el abastecimiento del combustible. Para estos fines, una Grecia gobernada por Alexis Tsipras y Syriza no es admisible. La maquinaria electoral ha cumplido con su cometido: 40 grupos políticos y una participación electoral de apenas superior al 50 %, ha permitido a la derecha acceder al poder. Kyriakos Mitsotakis de Nueva Democracia es el nuevo Primer Ministro. (O)
En el manejo
de la geopolítica mundial actual predominan los intereses económicos y comerciales por sobre los sociales.