Cosechar la siembra

Cuantas veces hemos escuchado que los frutos de una cosecha son el resultado de lo que siembras, a través de esa frase popular que desde la época de nuestros abuelos, ha sido parte de las conversaciones filosíficas o de las críticas sobre la actuaión de alguien: “Cosechas lo que siembras”.
La profunidad y certeza de estas palabras son veraderamente brillantes, pues contienen la descripción perfecta de lo que sucede en la vida cuando una actúa o toma decisiones esperando resultados.
Esos resultados nunca serán otra cosa que el reflejo de lo andado, de lo actuado, de lo decidido; serán el testimonio de lo que hemos hecho en nuestras vidas, del trabajo excelente o mediocre que podamos haber realizado, o más claro aún el ejemplo de lo que es posible lograr cuando se hacen las cosas bien.
No se pueden esperar resultados que no se buscan, no se pueden alcanzar objetivos sino se trabaja para que ellos se den, no se puede ser exitoso si constantemente caemos en el letargo de la comodidad y de la mediocridad.
La disciplina es el único camino, la excelencia la razón de ser, pues como seres humanos imperfectos siempre sufriremos caídas y frustraciones, pero sino apuntamos alto, difícilmente tendremos la capacidad de llegar a donde queremos.
Si quieres resultados, debes buscarlos. Si buscas alcanzar tus sueños, trabaja para que ellos se hagan realidad. Si quieres recibir, tienes que entregar primero; si tu objetivo es ser querido, debes querer y servir primero. Jamás podrás encontrar lo que no has brindado, jamás recibirás lo que no has dado.
Por otro lado, cuando no hacemos las cosas correctamente, solo viviremos con las consecuencias de nuestras equivocaciones y errores, perdiendo a todos aquellos que verdaderamente nos brindaron su confianza y cariño, pues muchas veces la ceguera espiritual y el orgullo nos ayudarán a convencernos que estamos en el camino correcto y continuaremos patinando constantemente en el fango, hasta que sea muy difícil salir de el.
No es la vida la que nos trata mal, somos nosotros mismos quienes generamos que nuestras acciones resulten en constantes fracasos y que estos a su vez sean el producto de una siembra mal realizada, o tal vez únicamente mal cuidada.
Lo que vivimos día a día es un llamado de atención en nuestra vida, es una reflexión que nos invita a evaluar si es necesario que cambiemos de dirección o de manera de actuar, pues muy difícilmente cosecharemos lo que no hemos sembrado aún. (O)
No es la vida la que nos trata mal, somos nosotros quienes generamos que nuestras acciones resulten en fracasos.

Cosechar la siembra

Cuantas veces hemos escuchado que los frutos de una cosecha son el resultado de lo que siembras, a través de esa frase popular que desde la época de nuestros abuelos, ha sido parte de las conversaciones filosíficas o de las críticas sobre la actuaión de alguien: “Cosechas lo que siembras”.
La profunidad y certeza de estas palabras son veraderamente brillantes, pues contienen la descripción perfecta de lo que sucede en la vida cuando una actúa o toma decisiones esperando resultados.
Esos resultados nunca serán otra cosa que el reflejo de lo andado, de lo actuado, de lo decidido; serán el testimonio de lo que hemos hecho en nuestras vidas, del trabajo excelente o mediocre que podamos haber realizado, o más claro aún el ejemplo de lo que es posible lograr cuando se hacen las cosas bien.
No se pueden esperar resultados que no se buscan, no se pueden alcanzar objetivos sino se trabaja para que ellos se den, no se puede ser exitoso si constantemente caemos en el letargo de la comodidad y de la mediocridad.
La disciplina es el único camino, la excelencia la razón de ser, pues como seres humanos imperfectos siempre sufriremos caídas y frustraciones, pero sino apuntamos alto, difícilmente tendremos la capacidad de llegar a donde queremos.
Si quieres resultados, debes buscarlos. Si buscas alcanzar tus sueños, trabaja para que ellos se hagan realidad. Si quieres recibir, tienes que entregar primero; si tu objetivo es ser querido, debes querer y servir primero. Jamás podrás encontrar lo que no has brindado, jamás recibirás lo que no has dado.
Por otro lado, cuando no hacemos las cosas correctamente, solo viviremos con las consecuencias de nuestras equivocaciones y errores, perdiendo a todos aquellos que verdaderamente nos brindaron su confianza y cariño, pues muchas veces la ceguera espiritual y el orgullo nos ayudarán a convencernos que estamos en el camino correcto y continuaremos patinando constantemente en el fango, hasta que sea muy difícil salir de el.
No es la vida la que nos trata mal, somos nosotros mismos quienes generamos que nuestras acciones resulten en constantes fracasos y que estos a su vez sean el producto de una siembra mal realizada, o tal vez únicamente mal cuidada.
Lo que vivimos día a día es un llamado de atención en nuestra vida, es una reflexión que nos invita a evaluar si es necesario que cambiemos de dirección o de manera de actuar, pues muy difícilmente cosecharemos lo que no hemos sembrado aún. (O)
No es la vida la que nos trata mal, somos nosotros quienes generamos que nuestras acciones resulten en fracasos.