Corrupción

Uno de los grandes males que ha estado presente en todas las épocas, que ha sido parte de todos los regímenes, de todas las actividades humanas, y que ha permeado todo el planeta es la corrupción. Si bien el acceder a una explicación sobre este fenómeno, podría atribuirse a razones de carácter cultural, o incluso a la naturaleza humana. No obstante, sin querer dejar de lado este importante tema, lo central de la discusión es que la corrupción es un mecanismo que sirve para lograr conseguir un objetivo. Por ejemplo, para conseguir un puesto, o para lograr un contrato, en definitiva, para alcanzar un propósito, sea este económico, político, o de otro carácter. Por ello, lo principal es debatir en que marcos es posible que sea mas o menos fructífero este fenómeno, que hoy es el centro del debate político y jurídico en el país.
Un primer problema que con gran precisión señala Ernesto Garzón Valdez, es entre democracia, totalitarismo frente a la corrupción. En esta relación, la primera forma de gobierno es mas vulnerable, que la segunda. Esto sobre todo por la garantía del mandato libre de los legisladores, así como el de la discrecionalidad de los jueces, lo que implica que están sujetos a un nivel de influencia de ciertas personas o sectores que quieren anteponer sus intereses mas allá de lo legal. Lo cual es el fiel reflejo de lo que ha sucedido en los últimos años en el Ecuador, según se evidencia en los múltiples y mas variados reportajes, programas de investigación que a diario transmiten los medios de comunicación.
Así, el sistema democrático siempre estará amenazado por los “beneficios” resultantes de la corrupción, para una caterva de parásitos que son desleales con principios como el de la igualdad de oportunidades o el de confianza reciproca. Ante ello, es imprescindible que el Estado Constitucional se blinde, al limitar con mayor precisión a los poderes públicos y privados. En especial asegurando que se refuerce el principio de publicidad, la igualdad de las personas, la transparencia de los procedimientos de elección y designación que están dirigidos a garantizar la meritocracia.
Finalmente, las universidades deberían incorporar en todas las carreras, cátedras como ética o deontología, que muestren una mayor comprensión del daño irreparable que la corrupción le hace a la sociedad, a fin de formar profesionales con alta calidad moral. (O)

Corrupción

Uno de los grandes males que ha estado presente en todas las épocas, que ha sido parte de todos los regímenes, de todas las actividades humanas, y que ha permeado todo el planeta es la corrupción. Si bien el acceder a una explicación sobre este fenómeno, podría atribuirse a razones de carácter cultural, o incluso a la naturaleza humana. No obstante, sin querer dejar de lado este importante tema, lo central de la discusión es que la corrupción es un mecanismo que sirve para lograr conseguir un objetivo. Por ejemplo, para conseguir un puesto, o para lograr un contrato, en definitiva, para alcanzar un propósito, sea este económico, político, o de otro carácter. Por ello, lo principal es debatir en que marcos es posible que sea mas o menos fructífero este fenómeno, que hoy es el centro del debate político y jurídico en el país.
Un primer problema que con gran precisión señala Ernesto Garzón Valdez, es entre democracia, totalitarismo frente a la corrupción. En esta relación, la primera forma de gobierno es mas vulnerable, que la segunda. Esto sobre todo por la garantía del mandato libre de los legisladores, así como el de la discrecionalidad de los jueces, lo que implica que están sujetos a un nivel de influencia de ciertas personas o sectores que quieren anteponer sus intereses mas allá de lo legal. Lo cual es el fiel reflejo de lo que ha sucedido en los últimos años en el Ecuador, según se evidencia en los múltiples y mas variados reportajes, programas de investigación que a diario transmiten los medios de comunicación.
Así, el sistema democrático siempre estará amenazado por los “beneficios” resultantes de la corrupción, para una caterva de parásitos que son desleales con principios como el de la igualdad de oportunidades o el de confianza reciproca. Ante ello, es imprescindible que el Estado Constitucional se blinde, al limitar con mayor precisión a los poderes públicos y privados. En especial asegurando que se refuerce el principio de publicidad, la igualdad de las personas, la transparencia de los procedimientos de elección y designación que están dirigidos a garantizar la meritocracia.
Finalmente, las universidades deberían incorporar en todas las carreras, cátedras como ética o deontología, que muestren una mayor comprensión del daño irreparable que la corrupción le hace a la sociedad, a fin de formar profesionales con alta calidad moral. (O)