Consulta Popular

En un muy escueto pronunciamiento, el vocero del poder mediático califica como inevitable la convocatoria a Consulta Popular, evento democrático por medio del cual la restauración conservadora aspira abrir el espacio necesario para el desmontaje de la Década Ganada. Para ello cuentan, como ya lo hicieron en la campaña electoral precedente, con la diversidad de colectivos sociales que ya están sumándose a la iniciativa presidencial, cierto es, con una pequeña diferencia: si antes pregonaban despojarse de su inclinación ideológica, hoy insisten en la diversidad ideológica a fin de que ‘trasluzcan’, es decir, se evidencien, en resoluciones “que pongan fin al actual estado de cosas”.
La consulta al soberano es, en esencia, la mayor expresión de la democracia, la misma que tiene que ser ratificada en el seno del primer poder del Estado: el Legislativo, por medio del debate político. El presidente Moreno ha convocado a la ciudadanía a presentar las preguntas que cada sector social, político, o de cualquier naturaleza, consideren deben ser incluidas en la papeleta de consulta. Objetivamente, tal situación es evidentemente inejecutable y así lo considera también el poder mediático. Se trasluce entonces una pregunta: ¿quién está preparando las preguntas? ¿Será algún experto en conflictividad social el encargado?
Parece ser que la tensión manejada a través de la novela semanal va subiendo. En su debido momento aparecerán rostros que, por ahora, permanecen fuera de cámara, pero que trabajan sin descanso en los papeles asignados a cada uno de ellos: el tiempo de seguir a la sombra se va agotando, como se le agotó -lo recuerdan- al asambleísta #73, quien se abstuvo de votar en una de las más trascendentes resoluciones de la Asamblea Nacional: las reformas a la Constitución, más exactamente, al rol de la FF.AA. en la sociedad. ‘Objeción de conciencia’ fue su justificación.
Alianza País tiene indudablemente una prueba de fuego frente a la Consulta Popular. En sus manos, exactamente en la de sus asambleístas, está traslucir las resoluciones que concreticen el incuestionable triunfo de la Revolución Ciudadana del 2 de abril. Lo sabe el poder mediático, lo sabe el poder económico, lo saben quienes, desde la sombra, son los verdaderos mentalizadores del ‘presente estado de cosas’. Y, tratándose de un acto democrático, la ciudadanía debe tener en claro que es ella quien tiene la última palabra. (O)

Consulta Popular

En un muy escueto pronunciamiento, el vocero del poder mediático califica como inevitable la convocatoria a Consulta Popular, evento democrático por medio del cual la restauración conservadora aspira abrir el espacio necesario para el desmontaje de la Década Ganada. Para ello cuentan, como ya lo hicieron en la campaña electoral precedente, con la diversidad de colectivos sociales que ya están sumándose a la iniciativa presidencial, cierto es, con una pequeña diferencia: si antes pregonaban despojarse de su inclinación ideológica, hoy insisten en la diversidad ideológica a fin de que ‘trasluzcan’, es decir, se evidencien, en resoluciones “que pongan fin al actual estado de cosas”.
La consulta al soberano es, en esencia, la mayor expresión de la democracia, la misma que tiene que ser ratificada en el seno del primer poder del Estado: el Legislativo, por medio del debate político. El presidente Moreno ha convocado a la ciudadanía a presentar las preguntas que cada sector social, político, o de cualquier naturaleza, consideren deben ser incluidas en la papeleta de consulta. Objetivamente, tal situación es evidentemente inejecutable y así lo considera también el poder mediático. Se trasluce entonces una pregunta: ¿quién está preparando las preguntas? ¿Será algún experto en conflictividad social el encargado?
Parece ser que la tensión manejada a través de la novela semanal va subiendo. En su debido momento aparecerán rostros que, por ahora, permanecen fuera de cámara, pero que trabajan sin descanso en los papeles asignados a cada uno de ellos: el tiempo de seguir a la sombra se va agotando, como se le agotó -lo recuerdan- al asambleísta #73, quien se abstuvo de votar en una de las más trascendentes resoluciones de la Asamblea Nacional: las reformas a la Constitución, más exactamente, al rol de la FF.AA. en la sociedad. ‘Objeción de conciencia’ fue su justificación.
Alianza País tiene indudablemente una prueba de fuego frente a la Consulta Popular. En sus manos, exactamente en la de sus asambleístas, está traslucir las resoluciones que concreticen el incuestionable triunfo de la Revolución Ciudadana del 2 de abril. Lo sabe el poder mediático, lo sabe el poder económico, lo saben quienes, desde la sombra, son los verdaderos mentalizadores del ‘presente estado de cosas’. Y, tratándose de un acto democrático, la ciudadanía debe tener en claro que es ella quien tiene la última palabra. (O)