CNT

En unas pocas semanas se haría efectiva la “monetización” de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones -CNT- Ante la prohibición constitucional -que no permite la privatización de los sectores estratégicos- se está optando por un eufemismo.
Se anticipa que la vía escogida es la concesión por un periodo de 20 años. El concesionario pagaría al Estado ecuatoriano un valor “X” (se habla de 4.000 millones de dólares). Se entiende que, durante ese tiempo, se haría cargo de la administración de activos y pasivos y se encargaría, además, de invertir en innovación y desarrollo tecnológico. Al final del día, se estima que el inversionista obtendría un volumen importante de utilidades, lo que dependerá del monto que pague por la concesión y de los niveles de eficiencia operativa.
Más allá de la prohibición constitucional para la privatización de CNT - y del otras empresas y actividades- hay que considerar la fuerte posición monopólica que tiene la CNT en la prestación de telefonía fija y oligopólica en los otros servicios (internet, telefonía celular y otros servicios). Esta circunstancia conferirá un privilegio económico al titular de la nueva CNT, que podrá potenciarse en la medida en que se generen pactos colusorios con los otros operadores. Popularmente se dice que el mejor negocio del mundo es una telefónica bien administrada y que el segundo mejor negocio es una telefónica mal administrada.
Es altamente probable que la rentabilidad anual de la nueva empresa sea sustancialmente mayor que la ganancia histórica que ha venido generando la CNT como empresa pública. Esto implica que para la valoración no es correcto utilizar simplemente los datos históricos sino que hay que plantear la hipótesis de eficiencia y de la fuerte posición monopólica que le beneficia con lo que el valor presente de CNT como negocio en marcha sería mucho mayor.
Una vez más, aunque parezca ligeramente tarde, más de una vez, he sugerido la posibilidad de que el gobierno entregue la CNT al IESS como parte de pago por la deuda que mantiene. Habría que realizar técnicamente la valoración justa de la empresa.
Por su parte, el IESS debería comprometerse a contratar una administración privada para la CNT, más o menos como se lo hizo con el Banco del Pacífico. De este modo se garantizaría el patrimonio social y se generarían importantes rendimientos en beneficio de los afiliados del IESS. (O)
Es probable que la rentabilidad anual de la nueva empresa sea mayor que la ganancia histórica que ha venido generando CNT.

En unas pocas semanas se haría efectiva la “monetización” de la Corporación Nacional de Telecomunicaciones -CNT- Ante la prohibición constitucional -que no permite la privatización de los sectores estratégicos- se está optando por un eufemismo.
Se anticipa que la vía escogida es la concesión por un periodo de 20 años. El concesionario pagaría al Estado ecuatoriano un valor “X” (se habla de 4.000 millones de dólares). Se entiende que, durante ese tiempo, se haría cargo de la administración de activos y pasivos y se encargaría, además, de invertir en innovación y desarrollo tecnológico. Al final del día, se estima que el inversionista obtendría un volumen importante de utilidades, lo que dependerá del monto que pague por la concesión y de los niveles de eficiencia operativa.
Más allá de la prohibición constitucional para la privatización de CNT - y del otras empresas y actividades- hay que considerar la fuerte posición monopólica que tiene la CNT en la prestación de telefonía fija y oligopólica en los otros servicios (internet, telefonía celular y otros servicios). Esta circunstancia conferirá un privilegio económico al titular de la nueva CNT, que podrá potenciarse en la medida en que se generen pactos colusorios con los otros operadores. Popularmente se dice que el mejor negocio del mundo es una telefónica bien administrada y que el segundo mejor negocio es una telefónica mal administrada.
Es altamente probable que la rentabilidad anual de la nueva empresa sea sustancialmente mayor que la ganancia histórica que ha venido generando la CNT como empresa pública. Esto implica que para la valoración no es correcto utilizar simplemente los datos históricos sino que hay que plantear la hipótesis de eficiencia y de la fuerte posición monopólica que le beneficia con lo que el valor presente de CNT como negocio en marcha sería mucho mayor.
Una vez más, aunque parezca ligeramente tarde, más de una vez, he sugerido la posibilidad de que el gobierno entregue la CNT al IESS como parte de pago por la deuda que mantiene. Habría que realizar técnicamente la valoración justa de la empresa.
Por su parte, el IESS debería comprometerse a contratar una administración privada para la CNT, más o menos como se lo hizo con el Banco del Pacífico. De este modo se garantizaría el patrimonio social y se generarían importantes rendimientos en beneficio de los afiliados del IESS. (O)
Es probable que la rentabilidad anual de la nueva empresa sea mayor que la ganancia histórica que ha venido generando CNT.