Cine y ciudad

La relación cine-ciudad es fundamental, no solo porque el cinematógrafo expresa un fenómeno plenamente urbano en sí mismo sino porque se trata de un motivo recurrente dentro de la memoria fílmica universal. Por ejemplo, el ensayista francés Pierre Sorlin, en su libro “El cine y la ciudad, una relación inquietante”, señala que “en el cine de Hollywood se dan tres escenarios principales: la gran ciudad, el Oeste y California, pero el primero es, con mucho, el más importante ya que ocupa hasta un cuarenta por ciento de la producción. Una estimación aproximativa para el cine europeo encuentra que, tomando los guiones como base, cerca de un sesenta por ciento de los argumentos tienen lugar en entornos urbanos.”
En la historia de las relaciones que ha tenido el cine con la ciudad, el cine transformó primero el cemento y después las identidades, para luego fundar ciudades virtuales en las que habitan ciudadanos sin fronteras. Por eso es importante recordar que las ciudades son mucho más que arquitectura o urbanismo. La ciudad, la polis, también es un espacio de construcción ética y política, es una manera de estar en el mundo. ¿Qué y cómo percibe el espectador una ciudad cualquiera tomada como locación? La ciudad que percibe el espectador a través del cine es producto de la visión condicionada del director que la reinterpreta y decide qué y cómo mostrarla, el producto de esto es una ficción que se asume como cierta en el caso de no conocer dicha ciudad. Para la generación actual la experiencia se condiciona a lo ya visto. Las imágenes de los medios se insertan en la vida de manera inconsciente como un constante “dejá-vu”. Son esas imágenes que asumen el papel de constructoras de ciudad.
El mismo autor señala que, de hecho, el cine ha contribuido a definir lo que es la ciudad contemporánea y el tipo de vida que llevamos en ella. Y más allá de los aspectos generales que pueden resultar de la visión de conjunto de las obras que abordan el tema urbano, algo que atañe a todas las ciudades simultáneamente, dicha relación también permite capturar la singularidad de cada una de ellas. En ese sentido, la ciudad ecuatoriana más retratada por el cine nacional es, sin duda, Quito. Eso es decisivo para la urbe en su afán de definir, a lo largo del tiempo, una ciudad real y otra imaginada, o una imagen de sí a través de sus interpretaciones en el arte, porque ¿qué es este último sino una especie de comentario sobre imágenes de la realidad? en más de un caso, un comentario sobre la imagen de una ciudad que resulta decisiva en su devenir espiritual. (O)
Las redes sociales y los medios de comunicación se hirieron eco de la noticia que en poco tiempo traspasó la frontera

Cine y ciudad

La relación cine-ciudad es fundamental, no solo porque el cinematógrafo expresa un fenómeno plenamente urbano en sí mismo sino porque se trata de un motivo recurrente dentro de la memoria fílmica universal. Por ejemplo, el ensayista francés Pierre Sorlin, en su libro “El cine y la ciudad, una relación inquietante”, señala que “en el cine de Hollywood se dan tres escenarios principales: la gran ciudad, el Oeste y California, pero el primero es, con mucho, el más importante ya que ocupa hasta un cuarenta por ciento de la producción. Una estimación aproximativa para el cine europeo encuentra que, tomando los guiones como base, cerca de un sesenta por ciento de los argumentos tienen lugar en entornos urbanos.”
En la historia de las relaciones que ha tenido el cine con la ciudad, el cine transformó primero el cemento y después las identidades, para luego fundar ciudades virtuales en las que habitan ciudadanos sin fronteras. Por eso es importante recordar que las ciudades son mucho más que arquitectura o urbanismo. La ciudad, la polis, también es un espacio de construcción ética y política, es una manera de estar en el mundo. ¿Qué y cómo percibe el espectador una ciudad cualquiera tomada como locación? La ciudad que percibe el espectador a través del cine es producto de la visión condicionada del director que la reinterpreta y decide qué y cómo mostrarla, el producto de esto es una ficción que se asume como cierta en el caso de no conocer dicha ciudad. Para la generación actual la experiencia se condiciona a lo ya visto. Las imágenes de los medios se insertan en la vida de manera inconsciente como un constante “dejá-vu”. Son esas imágenes que asumen el papel de constructoras de ciudad.
El mismo autor señala que, de hecho, el cine ha contribuido a definir lo que es la ciudad contemporánea y el tipo de vida que llevamos en ella. Y más allá de los aspectos generales que pueden resultar de la visión de conjunto de las obras que abordan el tema urbano, algo que atañe a todas las ciudades simultáneamente, dicha relación también permite capturar la singularidad de cada una de ellas. En ese sentido, la ciudad ecuatoriana más retratada por el cine nacional es, sin duda, Quito. Eso es decisivo para la urbe en su afán de definir, a lo largo del tiempo, una ciudad real y otra imaginada, o una imagen de sí a través de sus interpretaciones en el arte, porque ¿qué es este último sino una especie de comentario sobre imágenes de la realidad? en más de un caso, un comentario sobre la imagen de una ciudad que resulta decisiva en su devenir espiritual. (O)
Las redes sociales y los medios de comunicación se hirieron eco de la noticia que en poco tiempo traspasó la frontera