Chalecos amarillos

Visto

Francia, la “ciudad luz”, ha sido fuente de inspiración universal. Los más importantes procesos revolucionarios han germinado y se han realizado en París. Señalemos unos cuantos hechos de enorme trascendencia: Desde la Comuna de París (1771) que desembocó en el único gobierno obrero del planeta y fue sangrienta y brutalmente aplastado; luego, la célebre “Revolución Francesa” (1789) que irradió luces libertarias a todo el mundo occidental; más tarde, la Francia de Mayo del 68 lanzará su multitudinaria voz de protesta por un mundo diferente, su eco retumbará por todos los confines del orbe.
A los 50 años de las protestas de mayo, desde hace algunas semanas, los días sábado, se llenan de indignados ciudadanos las calles y plazas de muchas ciudades francesas, sobre todo en la capital. Todos se visten de chaleco amarillo. Reclaman: la supresión de la tasa que el gobierno estableció para algunos combustibles, reducción de impuestos a la clase media, reintroducción de impuestos a las grandes fortunas; inclusive, piden la dimisión del Presidente Macron.
Este singular movimiento, algo difuso, sin liderazgos personales identificados, sin bandera política prefabricada, surge en un momento preciso de la historia del capitalismo neoliberal, que arrecia con su brutal fuerza devastadora, dejando perversas secuelas sociales.
Con la caída del muro de Berlín, Fukuyama se atrevió a “poner fin a la historia”. Ahora, con el retorno de la extrema derecha, se habla del fin del progresismo, del fin del Estado Social. Se habla del triunfo definitivo del gran capital y del archivo -para siempre- de muchas aspiraciones sociales de justicia y solidaridad. En buena hora, justo en la coyuntura mundial precisa, irrumpen esperanzadoramente los “CHALECOS AMARILLOS” para exclamar que ¡otro mundo es posible! que no puede continuar la vergonzante concentración y exclusión.
Los gobernantes del mundo y particularmente de nuestra Ameríca Latina deben reflexionar profundamente y girar el timón de sus ideologías y políticas neoliberales. Veo en el horizonte cercano llenarse de chalecos amarillos las calles y plazas del mundo exigiendo parar tanta injusticia y exclusión. La dialéctica de la historia debe encontrar solución para los graves desequilibrios sociales. Las élites deben optar entre una solución pacífica o una solución violenta. (O)
A los 50 años de las protestas de mayo, desde hace algunas semanas, los días sábado, se llenan de indignados ciudadanos las calles y plazas.

Chalecos amarillos

Francia, la “ciudad luz”, ha sido fuente de inspiración universal. Los más importantes procesos revolucionarios han germinado y se han realizado en París. Señalemos unos cuantos hechos de enorme trascendencia: Desde la Comuna de París (1771) que desembocó en el único gobierno obrero del planeta y fue sangrienta y brutalmente aplastado; luego, la célebre “Revolución Francesa” (1789) que irradió luces libertarias a todo el mundo occidental; más tarde, la Francia de Mayo del 68 lanzará su multitudinaria voz de protesta por un mundo diferente, su eco retumbará por todos los confines del orbe.
A los 50 años de las protestas de mayo, desde hace algunas semanas, los días sábado, se llenan de indignados ciudadanos las calles y plazas de muchas ciudades francesas, sobre todo en la capital. Todos se visten de chaleco amarillo. Reclaman: la supresión de la tasa que el gobierno estableció para algunos combustibles, reducción de impuestos a la clase media, reintroducción de impuestos a las grandes fortunas; inclusive, piden la dimisión del Presidente Macron.
Este singular movimiento, algo difuso, sin liderazgos personales identificados, sin bandera política prefabricada, surge en un momento preciso de la historia del capitalismo neoliberal, que arrecia con su brutal fuerza devastadora, dejando perversas secuelas sociales.
Con la caída del muro de Berlín, Fukuyama se atrevió a “poner fin a la historia”. Ahora, con el retorno de la extrema derecha, se habla del fin del progresismo, del fin del Estado Social. Se habla del triunfo definitivo del gran capital y del archivo -para siempre- de muchas aspiraciones sociales de justicia y solidaridad. En buena hora, justo en la coyuntura mundial precisa, irrumpen esperanzadoramente los “CHALECOS AMARILLOS” para exclamar que ¡otro mundo es posible! que no puede continuar la vergonzante concentración y exclusión.
Los gobernantes del mundo y particularmente de nuestra Ameríca Latina deben reflexionar profundamente y girar el timón de sus ideologías y políticas neoliberales. Veo en el horizonte cercano llenarse de chalecos amarillos las calles y plazas del mundo exigiendo parar tanta injusticia y exclusión. La dialéctica de la historia debe encontrar solución para los graves desequilibrios sociales. Las élites deben optar entre una solución pacífica o una solución violenta. (O)
A los 50 años de las protestas de mayo, desde hace algunas semanas, los días sábado, se llenan de indignados ciudadanos las calles y plazas.

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