Carta de Vallejo

En la selección hecha por Víctor Vich de las notas de viaje del poeta peruano César Vallejo, titulada ‘Camino hacia una tierra socialista’, se incluye la nota “Las mujeres de París”, publicada en  Trujillo, Perú, el 4/04/1924. Llegado a la Ciudad Luz un año antes, el joven poeta se sumerge en la agitada vida parisina y no descansa en su empeño de conocer y entender la vida de la metrópoli tan ‘lejana y distante’ a su apacible Trujillo. Lo que más le sorprende: las pocas veces que puede escuchar la risa o el llanto de un niño. Trata de explicarse, para su sensibilidad humana, cómo es posible que la irrupción de la modernidad sea capaz de desnaturalizar a la mujer y le empuje ‘hacia un rol desconocido en la vida del hogar’. Recuerda las palabras de un médico coterráneo: ‘En París la mujer ya no es mujer. Tiene horror a ser madre/…/” y afirmando conocer la ciudad y sus hospitales, continúa: “Hay mujeres aquí que para procurarse un aborto pagan miles de francos”. Vallejo siente escalofrío y en su memoria aflora el recuerdo de “míseras mujeres que en América dan su vida por la vida del hijo que llevan aún en sus entrañas”. El médico apela a la mitología griega en la figura de Afrodita para cuestionar una actitud que considera primitiva en Vallejo, a lo que éste responde: “Entre la Manca del Nilo y una madre que da a dos manos el seno a su bebé, yo, naturalmente me inclino ante ambas: las dos cosas puede ser la mujer, al mismo tiempo”.
César Vallejo, pese a las duras condiciones económicas de su residencia en París, siempre se mantuvo activo en medio de las luchas sociales, no solo de Francia, sino de Europa y, particularmente, de España y de Rusia. Quería entender, no desde la academia, no desde la  ideología, sino desde la realidad la profunda transformación a la que asistía el Viejo Continente. La inveterada inquietud por el rol de la mujer en la sociedad capitalista con su incorporación al ámbito laboral industrial y la consecuente alteración de la vida familiar, pudo explicarse en sus visitas a la Unión Soviética donde prefirió compartir directamente la vida en el seno de las familias de la nueva Rusia. De su convivencia con los actores directos de los cambios generados bajo el nuevo modelo de organización social llegó a la conclusión: “La trascendencia de un hecho reside menos de lo que representa en un momento dado que lo que él representa como potencial de otros hechos por venir.” (Reflexiones al pie del Kremlin). (O)
Los roles
de la mujer
y del hombre son en
esencia  inmanentes, por encima
del orden
social y de
la época.

Carta de Vallejo

En la selección hecha por Víctor Vich de las notas de viaje del poeta peruano César Vallejo, titulada ‘Camino hacia una tierra socialista’, se incluye la nota “Las mujeres de París”, publicada en  Trujillo, Perú, el 4/04/1924. Llegado a la Ciudad Luz un año antes, el joven poeta se sumerge en la agitada vida parisina y no descansa en su empeño de conocer y entender la vida de la metrópoli tan ‘lejana y distante’ a su apacible Trujillo. Lo que más le sorprende: las pocas veces que puede escuchar la risa o el llanto de un niño. Trata de explicarse, para su sensibilidad humana, cómo es posible que la irrupción de la modernidad sea capaz de desnaturalizar a la mujer y le empuje ‘hacia un rol desconocido en la vida del hogar’. Recuerda las palabras de un médico coterráneo: ‘En París la mujer ya no es mujer. Tiene horror a ser madre/…/” y afirmando conocer la ciudad y sus hospitales, continúa: “Hay mujeres aquí que para procurarse un aborto pagan miles de francos”. Vallejo siente escalofrío y en su memoria aflora el recuerdo de “míseras mujeres que en América dan su vida por la vida del hijo que llevan aún en sus entrañas”. El médico apela a la mitología griega en la figura de Afrodita para cuestionar una actitud que considera primitiva en Vallejo, a lo que éste responde: “Entre la Manca del Nilo y una madre que da a dos manos el seno a su bebé, yo, naturalmente me inclino ante ambas: las dos cosas puede ser la mujer, al mismo tiempo”.
César Vallejo, pese a las duras condiciones económicas de su residencia en París, siempre se mantuvo activo en medio de las luchas sociales, no solo de Francia, sino de Europa y, particularmente, de España y de Rusia. Quería entender, no desde la academia, no desde la  ideología, sino desde la realidad la profunda transformación a la que asistía el Viejo Continente. La inveterada inquietud por el rol de la mujer en la sociedad capitalista con su incorporación al ámbito laboral industrial y la consecuente alteración de la vida familiar, pudo explicarse en sus visitas a la Unión Soviética donde prefirió compartir directamente la vida en el seno de las familias de la nueva Rusia. De su convivencia con los actores directos de los cambios generados bajo el nuevo modelo de organización social llegó a la conclusión: “La trascendencia de un hecho reside menos de lo que representa en un momento dado que lo que él representa como potencial de otros hechos por venir.” (Reflexiones al pie del Kremlin). (O)
Los roles
de la mujer
y del hombre son en
esencia  inmanentes, por encima
del orden
social y de
la época.