Capitalismo cognitivo

Visto

El desarrollo tecnológico del último cuarto de siglo ha sido inusi-tado e imprescindible. Asistimos a la cuarta revolución en la que las tecnologías de la información y la comunicación, avanzan a pasos agigantados. El mundo, cada vez más redondo y global, se dedica de manera creciente a “producir” y comercializar conocimiento más que bienes y servicios. Estamos frente a una nueva categoría y dominio del capital. Hablamos del capitalismo cognitivo o economía social de los conocimientos, enmarcado en en la globalización planetaria junto al capitalismo relacional y al capitalismo de los afectos, entendido como la base del capitalismo sobre bienes inmateriales. No es casualidad que el “1 % de acaudalados que concentra la riqueza que el 99 % de la población necesita”, precisamente, se dedican a las actividades vinculadas con la generación de conocimiento. Entre los del “top ten” de los más ricos del mundo, según la revista Forbes, constan: Jeff Bezos, que se dedica al comercio electrónico (Amazon), Bill Gates, el número 1 de la informática (Microsoft), Mark Zuckerberg (CEO de Facebook), Carlos Slim, dedicado a las telecomuni-caciones (Telecom), Larry Ellison (Oracle), Larry Page (Google). Asistimos a un nuevo proceso de acu-mulación capitalista. Surge una cuestión central de ca-rácter ético: ¿Hay que reconocer o no la naturaleza común del conocimiento? La respuesta parece obvia: el conocimiento es y debe ser social. Lamentablemente, las rentas de la producción inmaterial del capitalismo cognitivo se concentran, están distribuidas de manera tremendamente desigual. Las masas excluidas por el capitalismo cognitivo cada vez aumentan. Más de 2.000 millones de seres humanos se debaten en la miseria, literalmente, se mueren de hambre. La explicación y la solución no se encuentran en el mundo tecnocrático de la Economía. La comprensión del problema se encuentra en la Eco-nomía Política y la solución está en la Política. Desde la Economía Política se entienden las relaciones de poder que condicionan el qué, cómo, cuánto y para quien producir y cómo se distribuyen las rentas. Desde la Política, sólo desde la Política -organizada- se cambiaría la realidad. La política y el sistema educativo -en todos los niveles y formas- tienen la enorme responsabilidad de la generación de conocimiento en función social. Particularmente, las universidades tienen la función de la generación de conocimiento para la sociedad. Esto demanda que la Universidad debe comprometerse profundamente con las necesidades sociales. ¡He ahí el problema! (O)
La política y el sistema educativo son responsables de la generación de conocimiento en función social.

Capitalismo cognitivo

El desarrollo tecnológico del último cuarto de siglo ha sido inusi-tado e imprescindible. Asistimos a la cuarta revolución en la que las tecnologías de la información y la comunicación, avanzan a pasos agigantados. El mundo, cada vez más redondo y global, se dedica de manera creciente a “producir” y comercializar conocimiento más que bienes y servicios. Estamos frente a una nueva categoría y dominio del capital. Hablamos del capitalismo cognitivo o economía social de los conocimientos, enmarcado en en la globalización planetaria junto al capitalismo relacional y al capitalismo de los afectos, entendido como la base del capitalismo sobre bienes inmateriales. No es casualidad que el “1 % de acaudalados que concentra la riqueza que el 99 % de la población necesita”, precisamente, se dedican a las actividades vinculadas con la generación de conocimiento. Entre los del “top ten” de los más ricos del mundo, según la revista Forbes, constan: Jeff Bezos, que se dedica al comercio electrónico (Amazon), Bill Gates, el número 1 de la informática (Microsoft), Mark Zuckerberg (CEO de Facebook), Carlos Slim, dedicado a las telecomuni-caciones (Telecom), Larry Ellison (Oracle), Larry Page (Google). Asistimos a un nuevo proceso de acu-mulación capitalista. Surge una cuestión central de ca-rácter ético: ¿Hay que reconocer o no la naturaleza común del conocimiento? La respuesta parece obvia: el conocimiento es y debe ser social. Lamentablemente, las rentas de la producción inmaterial del capitalismo cognitivo se concentran, están distribuidas de manera tremendamente desigual. Las masas excluidas por el capitalismo cognitivo cada vez aumentan. Más de 2.000 millones de seres humanos se debaten en la miseria, literalmente, se mueren de hambre. La explicación y la solución no se encuentran en el mundo tecnocrático de la Economía. La comprensión del problema se encuentra en la Eco-nomía Política y la solución está en la Política. Desde la Economía Política se entienden las relaciones de poder que condicionan el qué, cómo, cuánto y para quien producir y cómo se distribuyen las rentas. Desde la Política, sólo desde la Política -organizada- se cambiaría la realidad. La política y el sistema educativo -en todos los niveles y formas- tienen la enorme responsabilidad de la generación de conocimiento en función social. Particularmente, las universidades tienen la función de la generación de conocimiento para la sociedad. Esto demanda que la Universidad debe comprometerse profundamente con las necesidades sociales. ¡He ahí el problema! (O)
La política y el sistema educativo son responsables de la generación de conocimiento en función social.

Visto